miércoles, 25 de abril de 2007

Abudamir y el Centro de los Andes

Los Esenios de Los Andes, una cultura que habita hace miles de años en América, hoy abre sus puertas para dar a conocer su verdad.

Por: Camilo Valdivieso

En los valles mágicos de los Andes se libera una fuerza especial, similar a la extraña proyección que hace miles de años se manifestó desde los más sagrados emplazamientos asiáticos. Desde la estancia del Rey del Mundo, del MelkiTsedec, del gran inmortal que extendió su manto para permitirle la vida al ser humano, hasta los valles encantados escondidos en el extremo sur del mundo.

Hace miles de años el planeta mostraba una geología bastante diferente a la que hoy conocemos; los valles fértiles de nuestra época estaban tapados por aguas resplandecientes, y los polos tenían un clima tropical, semejante al de las zonas caribeñas de nuestros días. Pero los continentes ya existían, y su geografía no se diferenciaba mucho de las formas que hoy poseen. Antes de la última glaciación, lo único diferente era la existencia de la Atlántida -un continente entre América y Africa- y de Mu, en el océano Pacífico. Además, de un territorio perdido en el corazón del nuevo mundo: América.Por ello, era más fácil la existencia de otros tipos de vidas, tanto acuáticas como terrestres.

La Visita de los Atalantes

Hace cerca de 12.500 años, la Tierra se vio colapsada por un gran número de cataclismos que terminaron por destruir vastos sectores poblados, como es el caso de las civilizaciones antes mencionadas (la Atlántida y Mu), y diversos puntos del globo se vieron afectados por grietas en las placas y formación de fallas tectónicas que hasta nuestros días no tienen solución. En esa época, los cataclismos eran el pan de cada día, sobre todo teniendo en cuenta la cercanía de los continentes desaparecidos, además de los diversos bólidos cósmicos que, aunque insignificantes en tamaño, hicieron impacto en distintos lugares de América, creando pequeños fosos y destilando gases que con el paso del tiempo dejaron sentir sus efectos negativos en tribus autóctonas y ciertos animales.

En la misma época, América continuamente recibía la visita de algunos Atlantes o Mukianos, que venían generalmente con la intención de extraer algunos minerales que sólo montañas como las de Los Andes poseen. Sin embargo, estaba prohibido acercarse a estos sitios puesto que eran prácticamente vírgenes, y cualquier influencia podía hacer eco negativo en sus habitantes. Por ello solo eran enviados personajes con un alto nivel de ética, un principio básico en esos tiempos. Si bien existían algunas colonias pequeñas y aisladas de estos seres en lugares de muy difícil acceso, ya que al parecer desde tiempo antiguos algunos intuían el desastre que ocurriría más tarde en esos sectores más desarrollados del planeta.

Pero no hay plazo que no se cumpla, y la destrucción llegó. Muchos perecieron bajo las aguas del Atlántico y otros pocos alcanzaron a sobrevivir, emigrando a distintas partes del orbe. La atmósfera de la Tierra fue la más afectada, puesto que se volcaba sobre ella un manto negro nuboso producto de las erupciones volcánicas y de los impactos meteóricos, con una duración de más de cinco años.

Para ese entonces, la Tierra era resguardada por un organismo de Paz formado por altas mentes sabias, regentes de importantes civilizaciones extraterrestres, ubicado en lo que se conocía como el desierto de Shamo – hoy Gobi – y que en ese entonces se alzaba como un gran lago de aguas transparentes y relucientes, entre las cuales se alzaba majestuosa la Isla Blanca. En dicha isla se posó una nave triangular de la que desembarcaron 32 representantes de la sabiduría universal, con a intención de extender esta sabiduría a algunos pocos preparados y conscientes del rol que poseía este extraño y pequeño cuerpo de aura azulada.

Así Surgieron los Esenios

Mientras esto sucedía en las zonas que comprenden el continente americano, se levantaba una cultura que tenía directa relación con el cosmos, formada por sacerdotes sobrevivientes de la Atlántida y por seres de procedencia extraterrestre, que durante largo tiempo habitaron galerías del inframundo. Esa unión estaba escrita puesto que las jerarquías les habían entregado un objetivo puntual para el desarrollo futuro de las civilizaciones más importantes de este nuevo mundo. La idea principal de este nuevo proyecto era crear un linaje de seres altamente desarrollados y concientizados en el futuro de la Tierra, y para ello debían prepararse y generar una estrategia educativa que sirviera concretamente a estos seres que aún no nacían. Luego de mucho tiempo de trabajo, lograron fundirse con la naturaleza de este continente prácticamente virgen, llegando al punto de comprender la esencia misma de la creación. Sus costumbres con el paso de los años fueron cambiando; sus limitaciones se transmutaron en potencialidades, y sus carencias en enseñanzas sabias y complejas.

La mejor ubicación que tenían estos seres para su desarrollo era la cordillera de Los Andes, en donde existían desde tiempos inmemoriales galerías internas, además de valles frondosos y mágicos, ideales para la creación de una cultura especial. Sus ropajes los confeccionaban ellos mismos, resaltando siempre el blanco como color principal, ya que creían que era importante representar en sus vestiduras la esencia que llevaban en sus corazones y en sus mentes. Por algo, hoy el blanco el símbolo de pureza y plenitud. Sin embargo, no caían en fanatismos absurdos, ya que los extremos siempre terminaban por desvirtuar el origen lumínico de todas las cosas. Creían en la vida en pareja, respetando a sus congéneres como a ellos mismos. Cada problema lo conversaban en grandes cónclaves, los que siempre terminaban con rituales de bendición a la naturaleza y una alegría desbordante por la vida que les entregaba el profundo (“Dios”). Su concepción del cosmos se basaba en leyes conocidas por sus ancestros desde los tiempos de la Atlántida, que los regían de manera perfecta, por lo que una imagen de un Dios castigador y rencoroso se relegaba a fábulas antiguas, generadas para generar temor entre tribus guerreras. Cada cierto tiempo tenían reuniones con civilizaciones extraterrestres para ir desarrollando nuevas alternativas para este nuevo mundo, del cuál se esperaba mucho.

Para ese tiempo, la conexión temporal de la Tierra aún creaba espacios importantes que se conectaban con la realidad del cosmos, y las tribus autóctonas acostumbraban observar la naturaleza y su entorno en base a un tiempo real y antiguo. Sin embargo, en lugares puntuales se ponía en práctica una aceleración del proceso, ya que los proyectos independientes no estaban dando los frutos requeridos. Uno de ellos era el proceso de longevidad para vivir varios miles de años, para lo cual aplicaban regeneración celular al cuerpo, ya que la primera ley, “El Mentalismo”, la dominaban casi a la perfección.

Pero no todo era maravilloso en el continente americano, puesto que en ciertos lugares remotos y bien resguardados habían algunos atlantes supervivientes de la hecatombe, y que habían sido parte de la insurrección que provocó los más grandes conflictos. Algunas tribus de estos emigrantes del Atlántico se aprovecharon de algunas de las etnias más puras de las zonas selváticas y desérticas, y muchos de ellos habían tenido descendencia pero también perdido parte importante de sus facultades producto de la degeneración por los errores cometidos.

El Libro de las Vestiduras Blancas

Cuando ya habían pasado más de cinco mil años de los nuestros, la cultura que se elevaba por el cordón montañoso andino comprendía una importante cantidad de mentores y sabios que concretaban tareas en distintos lugares de América, y otros a los que se les había encomendado emigrar a otros sectores del mundo para difundir este linaje de conciencia más elevada y superior.

El símbolo que representaba el conocimiento de estos Esenios era un rombo y una cruz simétrica dentro de él. La cruz realzaba la esencia del tiempo, y el rombo, que sintetiza a dos pirámides unidas por su base, reflejaba la perfección total, y la misma Ley de Correspondencia. Así se resumía el objetivo puntual de estos seres: el resguardo del real tiempo, a partir del conocimiento superior. La información la proyectaban directamente en la piedra, aprovechando para ello la energía psíquica y la alta conciencia que poseían del universo, creando así las bases de muchos lugares sagrados que hasta hoy no han sido vistos por hombre alguno.Los archivos de información de los Esenios guardan claves que activarían un conocimiento ancestral, y que se reflejaría en la posibilidad de acceder al registro Akasico por medio de vibraciones y códigos secretos. Incluso, se han encontrado tablillas de oro electrolítico con diversos ideogramas que invitan a acceder a un mundo perdido en la bruma de los milenios.

Los Esenios se fueron replegando en amplios valles de la cordillera andina, alcanzando incluso algunos sectores de meso América. Estos valles frondosos se caracterizaban por poseer amplios terrenos planos cubiertos por césped, y en ellos se generaron microclimas que no los obligaban a internarse en el subsuelo terrestre para guarnecerse del frío gélido de los macizos andinos. Las edificaciones eran parecidas a un domo, de base plana y superficie redonda, en la que no dejaban espacio para los ángulos para impedir la retención de energías bajas. Se alimentaban de la naturaleza, sembrando vegetales altamente enriquecidos que cubrían todas sus necesidades nutricionales y dejando de lado cualquier tipo de carne, ya que no estaban destinados a consumir animales de ninguna clase.

Dentro de los grupos Esenios había diversidad de características físicas, desde seres de raza negra hasta nórdicos de importante altura. Cada cuál tenía el objetivo de representar a distintas etnias y códigos genético, ya que se esperaba que en el futuro pudieran ser bases de nuevas culturas en distintas partes del planeta, cosa que se cumplió a medias.

Dentro de las distintas órdenes que se gestaron a partir de la base de los Andesenios, podemos mencionar a la Hermandad de la Mano Roja que se inició en lo sectores más australes de América y que con el tiempo se extendió a todo el continente. Su característica más resaltante fue la edificación de pirámides de menor tamaño en lugares ocultos de los Andes y las huellas de manos plasmadas en la roca con un tinte rojo, a través de la cual y de códigos muy específicos dejaron inserto el conocimiento. Para dar una explicación más acabada se puede comparar lo que es hoy en día el Internet, una red de información que se conduce por todo el planeta pasando de servidor en servidor. Lo mismo es con el conocimiento inserto en la piedra sagrada, puesto que existen lugares claves y cósmicamente delineados para preparar una Internet de roca que debe ser activada por personas humanas que condensan el equilibrio perfecto, pudiéndose llegar a convertir en verdaderas pirámides vivientes, concentradoras de la energía del universo. Al acceder una persona en “conciencia” a una piedra sagrada se libera de ella todo aquello que se alza como un compromiso asumido de antes, y se recepciona la información pura que existe en ese emplazamiento. Sin embargo, también es posible que suceda lo contrario, puesto que un ser humano al acceder a un sector mágico y sagrado sin la conciencia necesaria, recibirá de la piedra su polo negativo, generando con ello un retroceso y anulación del punto, y llevándolo incluso a ser parte de la misma oscuridad.

Para entender aún mejor esto, podemos pensar que cada lugar sagrado es una puerta, y es necesario que se abran todas las puertas para liberar el “Libro de los de las Vestiduras Blancas”, es decir, la Historia de la Humanidad. Y como existe dualidad en todo, también hay grupos de personas que consciente e inconscientemente intentan aperturar estos portales para la oscuridad, logrando con ello un estancamiento y futuro colapso del proceso.
Es el 12 + 1, la conexión con la sabiduría sagrada simbolizada a partir del numero 12 (Las Doce Tribus de Israel) y el 1, que sumándolo sería inserto como la divinidad y la luz. Recordemos que solo se tiene indicio de dos de las doce tribus perdidas, ya que las otras desaparecieron en la sombra del tiempo. Al recuperar las otras diez, estaríamos conectando una red que explicaría con detalles la real historia del mundo y su génesis.

Es necesario entender que en muchas oportunidades cuando se realizan trabajos de conexión con estas culturas, que aún hoy viven y tienen un rol importante en el armado de este gran puzzle cósmico que es la vida en el planeta, no entendemos el principio básico que nos lleva a esos lugares, puesto que solo esperamos encontrarnos con uno de estos seres y recepcionar algún dato importante. Pero la realidad es otra, ya que el propósito fundamental es conectar el lugar puntual, y en conciencia recepcionar lo que ahí hay. Incluso, parte de nuestro código personal queda inserto en la piedra, llegando a hacernos parte de ella en ciertos momentos y generando un Darma o un Karma, según sea la situación. Por ello es trascendental que no hagamos nada si no estamos seguros, sobre todo en lugares sagrados en los que hay inscripciones, petroglifos, ideogramas, etc... Como ejemplo podemos nombrar al muro de Pusharo en la selva amazónica, y el desierto de Atacama y sus diversos enclaves, así como las cavernas de la mano roja en el sur de Chile.

La Presencia de Abudamir

Abudamir era el gran maestro de la Orden del Centro de Los Andes Sur, que actuaba en una gran parte del cordón montañoso, abarcando desde el Perú hasta las zonas de la mano roja, casi en territorio antártico. Su rol era muy similar a lo que en el futuro se conocería como el maestro de la justicia, una especie de mentor que venia a equilibrar las fuerzas y a poner orden en los proyectos que se desarrollaban en los valles inferiores, específicamente lo relacionado a la conexión con el tiempo y a la evolución de las etnias más jóvenes de este continente.

Hoy en día, esta civilización habita el mundo subterráneo, específicamente en la cordillera de Los Andes. Su estado de evolución les ha permitido manifestarse en distintas dimensiones, generando incluso el contacto físico con ciertas personas, sin crear dependencias y siempre priorizando el apoyo a la concretización de objetivos cósmicos. En grupo son numerosos, cubriendo diversos lugares del América, en donde se han tejido un sin fin de leyendas que hablan de su existencia desde tiempos remotos. En el valle de Erks en Argentina, en la selva de la Moiskitia en Honduras, en el altiplano peruano y boliviano y en Chile, en el valle de Río Cipreses, en el desierto de Atacama y en la Patagonia, entre otros lugares, se han dejado ver y dejado al descubierto sus más grandes secretos.

En la segunda parte de este artículo explicaremos aún más sobre las experiencias que se han vivido con estos seres, y en especial con Abudamir, a partir del año 1997 en Chile, y de cómo su influencia llegó hasta lugares recónditos del mundo.

(Algunos extractos de este artículo han sido sacados del libro “Los Esenios de los Andes”, aún no publicado, y de “La Revelación Atlánte” de pronta publicación, ambos escritos por Camilo Valdivieso).