miércoles, 25 de abril de 2007

Evangelios Apócrifos:

La conspiración del silencio

Por: Alejandra Bluth Solari

Hace casi 60 años, en Egipto, se descubrieron los evangelios de Nag Hammadi. Escritos en arameo (la lengua de Jesús), hoy se consideran el descubrimiento arqueológico más importante del siglo XX. Dos años más tarde, en 1947, fueron respaldados por el hallazgo de los Papiros de Qumram, escritos en griego y arameo, en las cercanías del Mar Muerto. Entre ellos, se habría encontrado la versión más antigua de la Biblia de la que se tiene noticia.

La Iglesia Católica reconoce la existencia de estos textos, pero los ha tachado de herejes y no inspirados por Dios al considerarlos hijos del Gnosticismo, una filosofía a la que acusa de humanizar demasiado la figura de Cristo y restarle importancia como Hijo de Dios, poniéndolo en un mediocre plano de ser iluminado o místico avanzado, que trajo a la tierra un mensaje oculto, esotérico y hermético. Sin embargo, la existencia objetiva de estos Evangelios puso en evidencia que los evangelios publicados en la Biblia no son los únicos, y que existen otros textos sagrados sobre Cristo. ¿Qué dicen esos escritos? ¿Hablan acaso de los pasajes perdidos de la vida de Jesús, esos que la Biblia omite por alguna razón? ¿Acaso los mensajes de Jesús recogidos en ellos entrarían en franca contradicción con los dogmas católicos sobre la vida y la muerte, lo humano y lo divino, amenazando el poder y hegemonía eclesiásticos?

La figura de Cristo es demasiado grande, demasiado compleja su existencia, su mensaje y el sentido de su venida, para que cualquier persona o entidad se arrogue el derecho de ser portadora de la única verdad. ¿Fue la divina encarnación de Dios, como sostienen los católicos, o el predicador iluminado de una verdad secreta y hermética como afirman los esenios y gnósticos? Quizás ambas cosas. Quizás ninguna. La transmisión oral y escrita de su historia y sus enseñanzas ha sido, necesariamente, intervenida por grupos humanos pertenecientes a círculos religiosos y esotéricos de diversas tendencias, que lo han interpretado desde su propio punto de vista. La última palabra sobre quién fue Jesús, y que hizo en la Tierra, no la tiene nadie, y es por eso que no se puede afirmar que los Evangelios Apócrios no tengan una parte de la verdad.

Están allí; los textos de Nag Hammadi, los Rollos del Mar Muerto, el Evangelio Q, los escritos de Enoch. Existen empíricamente y contienen información sobe Cristo. ¿Verdadera o falsa? A nosotros no nos corresponde juzgar su validez, sino mostrar la verdad de su existencia, dejarlos al descubierto y exponer todas las opiniones al respecto, para que cada cual saque sus propias conclusiones. Sin influir, ni pecar de omisión.

(Este artículo es un adelanto del libro ¿Quién Fuiste en Verdad, Jesús de Nazareth?, escrito por Alejandra Buth Solari y de futura edición en Chile. Corresponde al capítulo Los Evangelios Perdidos de dicha obra. El contenido ha sido dividido en varios links para facilitar su publicación en Internet; para una mejor comprensión del texto, se recomienda leer los links por orden).

Introducción
El tesoro egipcio
El gnosticismo
Tomás: el quinto evangelio
Lo que escondía el Mar Muerto
La comunidad de los esenios
La reacción del Vaticano
El origen de los evangelios canónicos
La clave Q: el evangelio perdido de Jesús el Cristo
Evangelio según el apóstol Tomás
El armaguedón según La Biblia

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