miércoles, 25 de abril de 2007

La vida oculta de Jesús de Nazareth


La idea de que Jesús necesitara o buscara –como acción personal premeditadamente voluntaria durante el periodo de su vida comprendido entre la adolescencia y sus 30 años- la instrucción de maestros espirituales, no sólo fue cuestionada hasta por el mismo Jesús: “… no llaméis Padre … ni seáis llamados maestros porque Uno es vuestro Padre … y Uno es vuestro Maestro, el Cristo …” (Mateo,23:9 y 10). Quien abogue por ella parece ignorar no sólo que Jesús, muchas vidas antes de su nacimiento hace ahora unos dos mil años, había rebasado ya con creces el nivel de conciencia que le permitía y permite a todo humano plena autoorganización y autogobierno psicológico y espiritual.

Por: Jaime Riera Pérez

La vida oculta de Jesús abarca las épocas de su adolescencia y juventud, desde los 14 años hasta que reaparece en público alrededor de los 30 años. Este periodo de tiempo no relatado en los textos neotestamentarios ha dado lugar a profusas hipótesis que investigan cómo vivió, qué enseñó y qué hizo Jesús de Nazareth durante esta oscuridad de los libros sagrados canónigos.

Parece ser que el nexo común de estas hipótesis es “la formación pagana” de Jesús: un peregrinaje iniciático de sabiduría por diversas culturas y países, que transcurre siguiendo la particular cosmovisión –es decir, siguiendo las proyecciones y transferencias personales de y sobre un Arquetipo Universal de la Transformación de la Conciencia- de autores como N. Notovith, S. Obermeier y a. Faber-Kaiser, entre otros muchos. recientemente se han incorporado a este nutrido grupo otros investigadores, entre ellos Fernando Sánchez Dragó, con su libro “Carta de jesús al Papa”.

Resulta obvio decir que cada autor e investigador tiene el derecho, incluso el deber, de manifestar lo que crea apropiado y conveniente sobre la vida oculta de Jesús, o sobre lo que le venga en gana. Ahora bien, todo el peregrinaje iniciático de Jesús por Egipto, Persia, Siria, India, etc.. contextualizado dentro de la búsqueda de sabios y maestros espirituales que le instruyeron y facilitaron su crecimiento psicológico y espiritual, etcétera, podría ser, y de hecho lo es, objetado y cuestionado por Juan, 7:15, “… y maravillábanse los judíos, diciendo ¿cómo sabe éste de letras, no habiendo aprendido? …”; por Marcos, 6:2, “… y muchos oyéndole, estaban atónitos, diciendo: ¿de dónde tiene éste estas cosas?, ¿y qué sabiduría es ésta que le es dada? …”; por Lucas, 10:21, “… Jesús se alegró en Espíritu, y dijo: yo te alabo, oh! Padre … que escondiste estas cosas a los Sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños …”; por 1ª Corintios, 1:27 y 28, “ … lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los Sabios, y lo flaco del mundo escogió para avergonzar lo fuerte …”; y por otros versículos bíblicos –canónigos y apócrifos- que omito por exceder el objetivo de este artículo.

Tras la literalidad de estos versículos emerge la enseñanza diáfana, a mi entender, de que el autocrecimiento de la conciencia personal -a partir de un nivel evolutivo determinado- hasta que alcanza la etapa de Individuación descrita por C.G.Jung, o hasta que llega al estado de Autoactualización y Transcendencia explicado por A. Maslow, o hasta que percibe el nivel Kether designado por la Cábala, o hasta que realiza su fusión consciente con el Yo Transpersonal estudiada por R. Assgioli, o hasta que logra el nivel Cittamatra reseñado por los Vijnanas Budistas, o hasta que obtiene el estado Brama-Atman, o hasta que consigue la entrada “a las Habitaciones de las Moradas Chákricas del número 4º hasta el 7º nivel del Reino de los Cielos Humano” como, por ejemplo yo diría anexionando conceptos y significados bíblicos (Juan, 14:2) con los de la psicología Tántrica, o hasta que alcanza el nivel designado por el concepto racional que cada cual haya preferido elegir de entre todos los vocabularios filosóficos, psicológicos, religiosos o espirituales existentes para indicar que la conciencia personal percibe el suficiente grado de Amor, Poder y Sabiduría para hacer totalmente prescindible la necesidad de las autoridades intermediarias entre el ser humano y Dios –o conceptos equivalentes en las ideologías de cada cultura.

Lo relatado en los libros escritos por los autores citados y por otros libros que investigan la vida oculta de Jesús da a entender lo indispensable que resultan las autoridades externas al individuo para el autocrecimiento psicoespiritual. Por descontado que cientos de millones y millones de seres humanos que pueblan este mundo, debido a los estados evolutivos primarios por donde gravitan las conciencias individuales, precisen irremediablemente la enseñanza directiva de esas autoridades. De ahí que el planeta Tierra y su Conciencia colectiva se encuentre dentro de la escala de la Evolución del Universo en un grado de aprendizaje, valorándolo al alza y generosamente, de “parvulario” Espiritual.

Pero, dejando de lado los niveles evolutivos, la idea de que Jesús necesitara o buscara –como acción personal premeditadamente voluntaria- la instrucción de maestros espirituales, no sólo fue cuestionada hasta por el mismo Jesús: “… no llaméis Padre … ni seáis llamados maestros porque Uno es vuestro Padre … y Uno es vuestro Maestro, el Cristo …” (Mateo,23:9 y 10).

Quien abogue por ella parece ignorar no sólo que Jesús, muchas vidas antes de su nacimiento hace ahora unos dos mil años, había rebasado ya con creces el nivel de conciencia que le permitía y permite a todo humano plena autoorganización y autogobierno psicológico y espiritual; sino también, tal idea, hace perdurable el maloliente juego del sistema de valores del Patriarcado. Sistema de valores que favorece la génesis de la Autoridad y de su obligatoriedad para todo aquel que quiera aprender, y formar parte algún día de las élites y sub-élites que configuran las jerarquías humanas.

Obviamente, en el aprendizaje sobre los conocimientos existentes del “tejado hacia abajo, hacia la materia” (por ejemplo, desde la arquitectura hasta la mecánica de aviones o automóviles, pasando por los conocimientos jurídicos, médicos o matemáticos) es preciso e inevitable la autoridad y su enseñanza directiva; ahora bien, para aprender sobre los conocimientos del “tejado hacia arriba, hacia el espíritu” (desde la filosofía hasta la teología, pasando por la psicología, la mística, la ética o la metafísica) aludir a las autoridades como requisito imprescindible para la instrucción en el autocrecimiento psicoespiritual es desear, de manera consciente o inconscientemente, perpetuar la preponderancia del pensamiento racional-intelectual sobre el pensamiento intuitivo-moral.

El pensamiento racional-intelectual es una de las tres formas de pensamiento o bisagras preceptúales de la realidad –y de sus profusos significados e interpretaciones- que ha fundamentado y fundamenta las estructuras del Patriarcado. El predominio de ésta forma de pensamiento sobre las otras dos formas –la instintiva-sensorial y la intuitiva-moral-, coexistentes todas ellas en el ser humano, ha dado lugar a lo que subyace en conceptos tales como materialismo científico –reduccionismo, dualismo, etcétera-, es decir, marcos ideológicos y doctrinales que nutren y dilatan la separatividad entre los seres humanos, entre los humanos y la Naturaleza, entre el humano y Dios y, resumiendo, entre el humano y todo lo que le rodea; lo cual ha provocado y provoca grados carenciales de voluntad personal y libertad interna (o si se prefiere, de autoestima) que sí que son, tales carencias, necesarias e imprescindibles para que todos los Vaticanos, Capitalismos, Comunismos -tal y como lo hemos y estamos conociendo- y otros productos –o frutos masculinos- del Patriarcado continúen vigentes hasta hoy día.

Las ideas propuestas por las vidas ocultas de Jesús publicadas hasta el momento, incrementan y eternizan los intereses del Vaticano y de otros Vaticanos no Católicos. Intereses configurados actualmente alrededor de poderosas campañas de marketing (la proliferación de libros y de otros formatos mediáticos que divulgan nuevas teología, nuevas místicas o nuevas filosofías encubiertas bajo diferentes nomenclaturas) cada vez más competitivas y, ante todo, adecuadas a los nuevos cambios de conciencia que se avecinan en el siglo XXI.

Aunque las ideas relatadas en los textos que describen la vida oculta de Jesús, a la vez que detrimentan las teorías Cristianas de la perfección de Dios en Jesús y las teologías del único Hijo y único Salvador de la Humanidad (por cierto, teorías absolutamente nada adaptables a esos nuevos cambios de conciencia que se avecinan), incluso menoscaban la verdad de la piedra angular del Cristianismo, la Resurrección; sin embargo, a cambio favorecen la inquebrantabilidad del fundamento ideológico Patriarcal más importante y beneficioso para los Vaticanos y para otros poderes fácticos: lo esencial e inevitable que resulta la Autoridad religiosa-espiritual (sacerdote, pastor, rabino, pope, ayatollah, mulá, lama … ) si el humano quiere conocer y realizar a Dios. ¿Por qué? Sencillamente porque si Jesús ya necesitaba sabios o maestros para su crecimiento espiritual, ¿cómo no van a necesitarlos el común de los mortales cuyos estados evolutivos de conciencia distan un “abismo” del nivel evolutivo de Jesús?

No obstante, todo lo que he objetado respecto al peregrinaje iniciático pagano de la vida oculta de Jesús no desdeña que él, en el devenir de su vida, sí que conociera y aprendiera –siempre desde la enseñanza transmitida no directivamente- de Sabios o Maestros al igual que conoció y aprendió de personas iletradas e ignorantes –léase borrachos, comilones, indigentes y prostitutas- de su tiempo. Es probable, incluso posible que Jesús viajara un poco más allá de las fronteras de Israel antes de su muerte en la cruz, si así lo hizo sería por curiosidad intelectual y, con ello, no creo que buscara la instrucción ni la formación ni el asesoramiento psicoespiritual dado por autoridades externas a él. Acaso Jesús, con su vida y hechos, no enseñó la religión del tú, del tratamiento de igualdad y de libertad entre los seres humanos y el tratamiento directo con Dios.

¿No rasgo “el velo del Templo”, desechando así a las autoridades (Mateo, capítulo 23)?. Por qué y para qué tenía que buscar Jesús en lo exotérico –ya dentro o fuera del territorio de Israel- cuando él era plenamente consciente desde su infancia de lo esotérico: si Jesús desde la infancia iba creciendo ya en Amor y Sabiduría (Lucas,2:40-47), para continuar el autocrecimiento sólo era necesario –y es necesario- guardar fidelidad a los dictados internos (reconocer y saber escuchar la imagen y ver la voz del pensamiento intuitivo-moral, o del Yo Trascendente o Transpersonal, o del Self Superior, o del nombre y definición que cada uno quiera emplear) de la Conciencia. ¿Acaso Dios, el Tao, la Verdad, la Sabiduría o la Felicidad… no reside en el interior de cada ser humano?, ¿por qué y para qué hay que buscar fuera de uno mismo cuando Todo está en el interior?


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