viernes, 13 de abril de 2007

Mensaje del Pueblo Hopi


La alegría danza en el corazón del mundo

Desde el mensaje de los sabios de la nación Hopi, una maestra sufi contemporánea, Sharifa Oppenheimer, nos invita a participar en el nacimiento de lo Nuevo mediante un mapa, antiguo pero siempre actual, que nos guía hacia la verdadera transformación.


Los pueblos indígenas del mundo nos cuentan que desde el comienzo de los tiempos el Creador les ha encargado ser los “Guardianes de la Tierra”. Al terminar el milenio, los ancianos del pueblo Hopi, nativo de Norteamérica, entregaron al mundo el siguiente mensaje:

MENSAJE DE LOS ANCIANOS DEL PUEBLO HOPI
AÑO NUEVO 2000

A mis compañeros de nación:

Hay un río
que ahora corre a gran velocidad.
Es tan grande y rápido
que algunos se atemorizarán.
Procurarán permanecer en la orilla.
Se sentirán excluidos
y sufrirán enormemente.
Debemos saber que ese río
tiene un destino
.

Dicen los ancianos,
que debemos abandonar la orilla,
ir al medio del río
y mantener los ojos abiertos
y la cabeza por encima del agua.
¡Y yo digo
que veamos quiénes están allí
con nosotros y celebremos!
En este momento de la historia
nada debe tomarse personalmente,
empezando por nosotros mismos.
Para vivir este momento,
hacemos un alto
en nuestro desarrollo y viaje espiritual.
Ha terminado el tiempo del lobo solitario.
¡Uníos!

Desterrad la palabra “lucha”
de vuestra actitud y vocabulario.
Todo cuanto hagamos ahora
debe hacerse
en forma sagrada
y en celebración.
Somos
aquellos a quienes hemos estado esperando.

--Oraibi, Arizona
Nación Hopi
(las letras en bastardilla son de la autora)


En esta época de transformación global, este mensaje contiene instrucciones esenciales para nuestra travesía. Los ancianos nos dicen que debemos abandonar la orilla porque adherirnos a lo ya conocido producirá gran sufrimiento. Debemos aprender a ser hijos del Momento. El corazón del mundo se encuentra en el punto de quietud de este universo cambiante: el eterno Ahora. Ésta es una enseñanza antigua y, sin embargo, en este momento de la evolución de la humanidad, y ciertamente de la evolución del planeta, resulta totalmente nueva.

Las tradiciones espirituales se han especializado en la “confección de mapas”, cada uno de los cuales marca el camino de una manera única, pero apuntando todos hacia la misma meta de compasión, armonía y unidad. Estos mapas han sido diseñados por el buscador individual en su recorrido por el largo y polvoriento camino de regreso a Casa, y a menudo han llevado a apartarse del mundo y volverse hacia adentro, hacia un Dios trascendente.

Con todo, ahora estamos en un período de transición global en que los viejos mapas ya no pueden guiarnos por todo el camino. Algo nuevo está naciendo, y nos están invitando a participar en este trabajo de parto ayudando a lo Nuevo a nacer. Los viejos mapas de la conciencia pueden, en todo caso, apuntar hacia un camino no sólo para el buscador individual, sino –de manera ahora más esencial- para toda la humanidad. Ya no podemos darnos el lujo de apartarnos unos de otros y del mundo, debemos recorrer juntos el camino. Los ancianos Hopi nos dicen que ha terminado el tiempo del lobo solitario; debemos unirnos. La transformación ya no se producirá en la cueva. Ciertamente sigue ocurriendo en cada individuo y en cada corazón, pero ahora tenemos que llevar nuestros corazones, que están transformándose, al corazón del mundo.

El don de la conciencia

El corazón del mundo está padeciendo de una enfermedad humana, que es la codicia, la avaricia. La belleza del don Divino a la humanidad, el don de la conciencia, ha sido usurpada por las exigencias del ego. El sufismo nos dice que nos han dado conciencia para convertirnos en el aspecto Conocedor de lo Divino, para convertirnos en los ojos y oídos de Dios, para que lo Divino se conozca a sí mismo a través de la humanidad. Al divorciarnos y romper este pacto con Dios, nos contaminamos a nosotros mismos y contaminamos nuestro planeta con las toxinas del engrandecimiento del ego. Nos hemos condenado a nosotros mismos y hemos condenado a nuestro mundo a una debilitadora y cada vez mayor hambre de nutrientes esenciales…, la gracia Divina.

¿Cómo participar ahora en el nacimiento de lo Nuevo? Vemos las viejas formas, este mundo que siempre hemos conocido, en rápida declinación. ¿Cómo celebrar lo Nuevo padeciendo al mismo tiempo con el sufrimiento de nuestros semejantes, los humanos, y de nuestro mundo?

Tenemos dentro de nosotros, en un modelo sencillo y profundo, un mapa para esta manera de ser nueva y sin embargo antigua. Cada una de nuestras respiraciones representa para nosotros, si miramos con los ojos despejados, la totalidad del ciclo del ser al interior de la armonía del Uno.

En el ciclo de la respiración, vemos dos polos de la existencia: interno/externo, receptivo/donante, femenino/masculino, entrega/poder. Mediante la respiración también vemos el Matrimonio Sagrado, la unión de los opuestos. Al vivir esta comunión de opuestos, al vivir conscientemente la paradoja de nuestra condición humana, realizamos nuestro pacto primordial con lo Divino. Se dice que el Amado de toda la creación, encontrándose ante la humanidad todavía no creada, le preguntó: “¿No soy yo acaso vuestro Señor?”, y respondimos: “¡Sí! Somos testigos de eso”. Esta promesa de ser testigos de lo Divino está grabada en el corazón de todos los seres humanos y también en el corazón del mundo.

Entrega y poder

Pero, ¿cómo somos testigos de lo Divino? La respuesta, así como la piedra de toque para la recordación, está en la respiración. Para realizar esta manera de ser, necesitamos entrega y poder, inhalación y exhalación. En una ocasión me contaron un sueño en que la voz de la Respiración Divina decía: “En la exhalación, soy dado totalmente al mundo; en la inhalación, soy devuelto a mi Fuente”.

En esta época de transformación, debemos llegar al vacío Divino del sí mismo, llegar con verdadera entrega, llegar con la intención de ser los ojos y oídos de Dios. Debemos escuchar atentamente en todo momento, ahora y ahora y ahora, para saber lo que la Vida, el Amor o Dios desea experimentar ahora. Esta forma abierta e inquisitiva de escuchar es tanto el lente ante lo que vemos frente a nosotros como la brújula que nos orienta hacia el momento siguiente.

¡Un ingrediente esencial para encontrar ese estado en que uno escucha en la Vida con actitud de entrega es el conocimiento absoluto de que no soy yo el tema de este momento! Este momento es lo Divino revelándose una vez más a Sí Mismo. Esta Vida, nuestra existencia cotidiana totalmente común y corriente, es nada menos que la Revelación Divina. Es Dios experimentando a Dios a través de Dios. Al saber esto visceralmente, cuando este conocimiento circule por nuestra corriente sanguínea, llegaremos a cada momento con humildad, curiosidad y maravillados. Llegaremos como niños, con inocencia y vulnerabilidad. Escucharemos con oídos frescos, veremos con ojos nuevos.

Por último, con gran alivio, sabremos que el ego no es el personaje principal de este pequeño drama repetitivo titulado YO. Caerán las paredes del ego, que aprisionan y tienen el grosor del papel, y se revelará un campo de presencia luminosa. Esta actitud que escucha y está imbuida de amor se convertirá en una forma de navegar en nuestro camino hacia el nuevo paradigma. Y en realidad la atención gozosa a las necesidades del Momento es el distintivo de lo Nuevo. Escuchar (receptividad) y proceder en consecuencia (positividad) es la meta, es el camino y finalmente llega a convertirse también en aquel que recorre el camino.

Escuchar y actuar

Por consiguiente, el polo complementario del poder debe acompañar a este polo receptivo de la audición. Debemos ser dados enteramente a la Vida. A través de la audición, podemos ser llamados a actuar. Debemos actuar con certeza y poder, introduciendo en el mundo la inspiración del momento. Como buscadores espirituales, hemos sido testigos del abuso de poder en el curso de la historia. Tal vez hemos evitado el polo del poder Divino, negándonos a avanzar hacia el poder por temor de que el ego exija ejercer su dominio. ¡Es un temor legítimo! ¿Cómo avanzamos hacia el flujo del poder Divino permaneciendo a la vez entregados? Ciertamente, la respuesta se nos presenta en cada respiración, con la inhalación y luego la exhalación. Actuamos con poder y entrega cuando seguimos escuchando momento a momento y actuamos en consecuencia. Escuchar y actuar, escuchar y actuar…

Se requiere una sutileza y una fuerza tremendas para mantenerse en sintonía con el mundo interior y a la vez en medio de la agitación de la vida exterior. La oración es el camino probado y verdadero al éxito. Al despertar podemos ofrecernos enteramente a lo Divino que está oculto dentro de la Vida. En los momentos de interacción del día, podemos expresar esta oración: “Guía mis pasos, Amado. Que tus palabras sean dichas a través de mi boca. Que tu obra se realice a través de mis manos”. Podemos pedir convertirnos no sólo en los ojos y oídos de Dios, sino también en sus manos y pies.

Esta atención prestada momento a momento a los mundos interior y exterior vincula a los opuestos en nuestro corazón, en el Corazón del Uno, en el corazón del mundo. ¡Lo que nace de este matrimonio del cielo y la tierra es el hijo llamado Alegría! Al aprender a vivir así, surge en nosotros un manantial de alegría. Al darnos más enteramente a esta comunión, un río amplio y profundo de paz fluye en nuestras vidas, y por consiguiente fluye hacia la Vida misma.

Desde el punto de quietud del universo, desde la eternidad del Momento, la alegría danza hacia el corazón del mundo.


por Sharifa Oppenheimer
Traducción: José Liborio Bravo.



“Somos los que hemos estado esperando”..

Nacida en un pequeño pueblo de Kansas, en los Estados Unidos, Sharifa Oppenheimer llega a ser educadora de párvulos, y en 1982 funda un colegio Waldorf, donde hasta ahora enseña a los niños de kindergarten. En su profesión, ha publicado diversos artículos y el libro “La vida espiritual de los más pequeños”. Por otra parte, en su trayectoria de más de treinta años de profunda búsqueda y práctica espiritual, entre otras cosas, es iniciada en el sufismo y en 1996 crea un centro de retiros espirituales. Actualmente vive en un pequeño bosque del Estado de Virginia, EE.UU., donde es visitada por buscadores y maestros.

Es un privilegio haber conocido a esta maestra. Dotada de extraordinaria sencillez y natural encanto, su presencia llena el ambiente de paz. Ha estado ya tres veces en Chile con nosotros. Con delicadeza, nos recuerda una y otra vez en sus talleres: “Sientan el contacto con la tierra, es aquí donde nos necesitan”. Y aquí, en esta tierra, es precisamente donde necesitamos integrar el poder de lo femenino en nuestras vidas, donde tenemos que aprender a abrir el corazón y recibir los dones del amor. Eso nos enseña Sharifa. Pasan las horas escuchándola y meditando con ella, y nuestras almas se van impregnando de dulce suavidad. Y al salir de sus talleres comenzamos a caminar por el mundo tocados por una gentileza y una auténtica fuerza que nos llenan de tranquila alegría, vislumbrando en nosotros esas mujeres y hombres nuevos que tanto necesita este mundo.

De su tercera venida a Chile, evoco conmovido tres momentos claves de una caravana espiritual de nueve días en que nos entregó sus enseñanzas.

En un momento dado, le preguntaron sobre el rol del la mujer y el hombre y la relación entre ambos. Señalando que contestaría desde el corazón, respondió haciendo un llamado a los varones, recordándonos que las mujeres están haciendo mucho por todos nosotros, pero es indispensable nuestro apoyo: necesitan fuerza, músculo y seguridad; en suma, necesitan sentirse protegidas por los hombres.

Unos días después, visitando una comunidad indígena en el sur de Chile, llorando pidió perdón a nuestros aborígenes por todo el daño que los blancos les hemos causado. Fueron momentos de profunda emoción y verdadera solidaridad entre todos los presentes.

Finalmente, al cerrar nuestro trabajo espiritual de nueve días, sus últimas palabras fueron: “Nosotros mismos somos los que hemos estado esperando”.

Ahora, Sharifa Oppenheimer nos entrega otro maravilloso fruto, el manual “Heaven on Earth” (El cielo en la tierra) para los padres de niños pequeños.

No se requieren mayores comentarios después de lo dicho en las líneas anteriores sobre esta mujer extraordinaria. Sólo quiero decir con plena certeza que este libro es obviamente un regalo del corazón para todos nosotros (y no sólo para los padres de niños pequeños), porque leerlo nos puede ayudar a vislumbrar lo que podría ser vivir realmente el cielo en la tierra, tal como ocurre cuando uno está en presencia de Sharifa. El cielo y el amor no son necesariamente materia de discursos. Cuando el amor está presente en un corazón, se transmite justamente así: por presencia.


José Liborio Bravo
(Revista Uno Mismo)