miércoles, 25 de abril de 2007

Quetzalcoatl:


Un hombre, una serpiente emplumada

Narra la leyenda que cuando Hernán Cortés arriba a tierras aztecas en 1519 y se presenta en la Corte de Montezuma, es recibido con estas palabras: “mi gran señor Quetzalcoatl como bien sabes, nosotros somos descendientes de la antigua Aztlán, una isla continente allende los mares donde las garzas emprenden vuelo al amanecer”. Esta frase encierra muchos misterios, pero quizás, el primero de ellos que salta a la vista, es la palabra Quetzalcoatl. ¿Quién era Quetzalcoatl? ¿Quién era “mi gran señor Quetzalcoatl”? Acaso, ¿un dios? ¿un ser humano? o ¿un profeta? ¿Por qué lo confundieron con Cortés? Esto es lo que nos cuenta la historia sobre este legendario personaje que es un hombre, que es un dios o que fue un “dios hecho hombre” y que se remonta a tiempos de los toltecas, de los mayas mismos, que lo identificaron con el nombre de Kukulcán, y de los aztecas, que lo hicieron parte esencial de sus tradiciones.

Por: Said Dakash

Para comprender el tema, lo primero que tenemos que hacer, es diferenciar a Ce Acatl Topiltzin del dios Quetzalcoatl, el dios del viento, del cual un personaje llamado Ce Acatl Topiltzin tomaría su nombre al encumbrarse como el sacerdote supremo de Tula en la época de esplendor de los Toltecas. Aclarado este punto, comencemos a escudriñar la evasiva historia que nos revela, sin mucha precisión, las características de este fantástico y épico ser.

El Paraíso de Xochiatlahco

Versiones varias como “La Historia de México”, escrita por Fray Andrés de Olmos así como otras, cuentan que Topiltzin habría nacido en Michatlauhco, en una zona que no sería un pueblo sino una posa de agua en tierras de Amatlán. Según se dice “allí dio sus primeros pasos con sandalias de oro”. Otros relatos acuñados por los pobladores de la región actual de Morelos, relatan que este sabio personaje fue engendrado por Mixcoalt, “serpiente de nubes”, mítico guerrero tolteca identificado como La Vía Láctea, que descendió del cielo y en una de sus múltiples correrías conoció a Chimalma, la madre tierra, de quien se prendió para procrear con ella a la célebre criatura en un rincón de la zona conocido como Xochiatlahco (barranca de flores).

Otros comentarios recogen que transcurrido un siglo y medio de la caída de Teotihuacán, en el siglo X, hizo su aparición un grupo guiado por su caudillo Mixcoalt, que provenía de un misterioso lugar al norte, que muchos hoy consideran como la actual California. Fatigados de peregrinar por más de 130 años, deciden establecerse en Culhuacan, un sitio ubicado en el sur de la cuenca de México.

En el Museo Nacional de dicho país, existe un Códice Nahua o Náhuatl que traducido dice: “Los Toltecas eran hombres grandes de Vestiduras Blancas... vinieron por el poniente, guiados por siete nobles jefes guerreros”; esta historia demuestra gran similitud con la narrada en el templo de Edfú, en Egipto, donde se relata que los dioses vivían en una isla rodeada de un vasto mar, la cual se destruyó, saliendo de ella los 7 dioses constructores quienes edificaron las pirámides. Debido a lo monumental de sus construcciones, a los toltecas se les consideraba gigantes o hombres muy grandes.

En lo que todos los historiadores sí se ponen de acuerdo, es que al nacer Topiltzin, su madré muere, más sobre la defunción de su padre, Mixcoalt, existen diversas opiniones que hablan que no llegó a conocerlo o que al poco tiempo de haber nacido, fue asesinado. Su hermano Ihutlima usurpa el trono y fuerza a su sobrino a emprender la huida buscando refugio con sus abuelos maternos, de origen maya, en el sur de México.

Topiltzin después de varios años regresa a Culhuacán y luego de haberse consagrado como sacerdote al servicio de Quetzalcoatl, dios del viento y protector de la cultura y la civilización, accede y recupera el trono de su padre.

Nota: Los dioses eran tan importantes que la época clásica se considera una época de culturas teocráticas, y el caso de los Toltecas no es una excepción. Los sacerdotes de los dioses eran los verdaderos gobernantes, no los reyes. Los sacerdotes dictaban sus interpretaciones de los deseos de los dioses, los cuales formaban una parte extremadamente importante en la vida diaria de lo Toltecas. Sus interpretaciones tenían un gran peso sobre el pueblo.

El nombre de Ce-Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, significa Ce= Uno; Acatl= Carrizo o Caña; Topiltzin= Venerado Niño o Noble Príncipe. Quetzalcóatl por su parte es una palabra compuesta: quetzal -espíritu- que equivale al ave y cóatl - materia expresión de la mente - que hace referencia a la serpiente; es decir que al simbolizar a la serpiente emplumada, sus raíces implican la comunión entre el espíritu y la materia.

Al sentir que Culhuacan no era el sitio indicado para su gente, la lleva a vivir a un solitario valle que bautizó como Tollantcinco. En silencio, muy cerca de la sierra húmeda, el nuevo monarca levantó su casa de madera a donde se retiró a orar y a ayunar. Al término de cuatro años, fueron hasta allí los vecinos de la región de Tollan o Tula que querían que Topiltzin regresara con ellos para que fuera su jefe y sacerdote.

El brillo del conocimiento

En otro punto que los historiadores e investigadores concuerdan es en el carácter de Edad de Oro que le dio Topiltzin a Tula durante su conducción. Los nativos dicen que era un gran artista, muy ingenioso y que les enseñó muchas artesanías, especialmente a cortar piedras preciosas. Los impulsó además, a que hicieran grandes obras de arquitectura, a que levantaran templos y palacios, y que luego los pintaran con los colores de la naturaleza. También les dijo cómo tallar y hacer esculturas de piedra para adornar sus casas. De ahí es que hoy en día, para muchos la palabra Tolteca significa “maestros de la arquitectura”.

Pero no solamente en las artes se desarrolló el período de mando de Topiltzin. También llevó a Tula a un esplendor moral y ético basado en el culto al dios Quetzalcoatl. Por tal motivo, prohibió el sacrificio humano convirtiéndose en el máximo pontífice en asuntos religiosos y espirituales. En la “Historia de las Indias” del dominico Durán, dice, “Llegó a esta tierra y empezó a juntar discípulos y hacían milagros”. Así mismo en su labor se ha definido como "...el sacerdote que en la cultura prehispánica mexicana vino a traer una nueva forma de vida de conciencia, de espiritualidad; el personaje que dio florecimiento a Tula con los toltecas, a Cholula y a los mayas con Chichen-Itzá".

La ignorancia siempre opaca

Topiltzin inició pues, una reforma religiosa de régimen teocrático, en la que asumía todos los poderes y relegaba a segundo término a los antiguos jefes de las tribus, los lteca-chichimecas, de tradición militarista y cuya deidad representativa era Tezcatlipoca, un dios bélico, el del noche, que exigía ser alimentado por la sangre de los sacrificios humanos.

Según las leyendas, Tezcatlipoca se vistió de anciano y usando sus poderes de persuasión consiguió que Topiltzin se embriagara, y luego, lo dejó en su habitación con Quetzalpetlatl, hermana del rey. Por la mañana Topiltzin se dió cuenta que había perdido la castidad y se había cubierto de ignominia ya que él se había decidido seguir el celibato. Otras versiones al respecto, cuentan que Quetzalcóatl tenía a un amigo, un sacerdote, quien lo traiciona. Lo induce a beber y lo encierra en un cuarto con mujeres. Al amanecer se percata de lo que ha hecho y se siente tan mal, que decide huir de la ciudad, aunque otros dicen que fue expulsado por las castas militares.

Nota: Como toda cultura mesoamericana los Toltecas le rendían culto a muchos dioses, los más destacados entre ellos eran Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, dos de los dioses más enigmáticos de la época pre-hispánica.

Quetzalcoatl: Sus funciones dominantes eran de fertilidad y de creatividad, pero poco a poco mientras el culto a este dios fue creciendo se le empezaron a apegar otros atributos. Algunas de estas funciones que se le fueron anexando son de creador, dios del viento, dios del planeta Venus y héroe cultural.

Tezcatlipoca: Antes de la conquista, éste era el dios que tenía supremacía sobre los demás. Era el gran mago, y se le relacionaba con la oscuridad y la noche, su animal asociado era el jaguar, animal que en toda mesoamérica se relacionaba con la brujería. El mismo nombre de este dios, que quiere decir espejo humeante en nahuat, tiene relación con los espejos de jade que se utilizaban para fines místicos y adivinatorios.

Al marcharse Quetzalcoatl ocupo su lugar Chac Mool, un hombre sanguinario. Sólo quedaron con conocimiento los “sacerdotes” que guardaban celosamente sus anteriores y nuevos avances como el cálculo de las revoluciones de Marte y Venus entre otros. Llegaron al punto que hasta hablaban en otro idioma el cual no se sabe de quién lo heredaron, para que así el pueblo no los entendieran. Este es otro ejemplo más de cómo estos pueblos de la confederación Maya-Tolteca fueron quedando en ignorancia y cayendo en luchas políticas por el poder hasta dejarse afectar por otras razas aun primitivas, produciendo que desertaran los sabios y que el pueblo en general se ritualizará salvajemente incorporando los sacrificios humanos nuevamente.

Quetzalcoatl se vuelve leyenda

Cuando Quetzalcoatl bajó al mar, lo cruzó con rumbo a la península de Yucatán. Allí se le dio el nombre de Kukulcán, que también se traduce como serpiente emplumada. Les dejó a los mayas el arte Tolteca y el culto a su dios, así como su avanzado conocimiento, pero al ver que el pueblo algunas veces le desobedecían la orden de no hacer sacrificios, les manifestó que en futuros siglos, no muy lejanos, Hombres de otras razas abolirían las groseras costumbres y que todo lo harían en nombre de un nuevo jefe de pueblos y un nuevo dios. Advirtió que esto sucedería si no se desarrollaban juntos y en obediencia de las leyes de paz y amistad; pero lo que profetizó se cumplió con la conquista española y los mismos grupos indígenas que guardaban las leyendas ancestrales decían que era una maldición por ignorar las leyes de paz que dejó Kukulcán.

De ahí, prosiguió su camino hacia Huehuetlapallan (viejo lugar donde nace la aurora). Para algunos este lugar era como fue conocido Copán en tiempos remotos, aunque en los registros históricos sólo se le denomina Huey o país del Huey. Otros nos hablan que no era Copán sino, el reino perdido de Tlapallan, el cual se asocia con Ciudad Blanca, en la Moskitia hondureña, de donde se dice que Quezalcoatl partió hacia las estrellas.

Pero antes de marcharse Quetzalcoatl prometió volver de la dirección de donde sale el sol y dio una fecha correspondiente al año de 1519, mismo año en que aparecieron los españoles, creando una de las coincidencias más extrañas e importantes de la Historia.

Un hombre blanco y de barba

El aspecto físico de Quetzalcoatl quedó plasmado no solamente en iconografías sino también en relatos como el Códice Florentino que dice “...que estaba lleno de verrugas, con las cuencas hundidas y la cara hinchada...”. Fray Diego Durán a partir de pláticas con los indígenas apunta que “era un hombre de edad, de barba larga, entrecana y roja; la nariz algo alargada con algunos granos en ella... alto cuerpo con cabello largo...” Esto mismo lo confirma Sahagún en su Historia General de las Cosas de la Nueva España al reseñar que Topiltzin “tenía una cara muy fea, la cabeza larga y barbudo”.

Basados en estas descripciones, se ha especulado muchísimo la idea que -blanco y barbado- no podía ser otra cosa que europeo. Pero, a los partidarios de dicha teoría se les ha olvidado considerar que existe una posibilidad que en mesoamérica hubieran hombres "blancos y barbados" mil años antes de Cristo y dos mil quinientos antes de la llegada de los españoles. Esta aseveración no es sin fundamentos ya que en La Venta, Tabasco, se encontró una terracota que tiene una antiguedad de 900-1200 años a.c. y en ella se puede apreciar claramente la figura de un hombre blanco y barbado. Por esto es, que cuando llegan los españoles encabezados por el blanco y barbudo de Hernán Cortés, Montezuma se atolondra y cree que se trata de Quetzalcoatl, quien ha regresado del este tal como lo había prometido. He ahí el porqué de la confusión. Pero el verdadero Maestro de los Toltecas y los Mayas, aquel arquitecto de civilizaciones, aún no regresa para revivir a plenitud, el esplendor de estas tierras sagradas que hoy esperan por dar a luz la sabiduría resguardada en sus entrañas.

www.andesenios.net