miércoles, 25 de abril de 2007

¿VOLVEMOS A VIVIR?

por: Alejandra Bluth Solari


¿Vivimos una sola vez? He ahí una de las grandes dudas que la humanidad ha intentado despejar a lo largo de los siglos. Porque que el espíritu es inmortal y trasciende más allá de la muerte es una creencia aceptada por todas las religiones del mundo, pero que luego de morir el alma reencarne en un cuerpo distinto y vuelve a nacer para vivir otra vida es una doctrina que despierta acaloradas polémicas y que se ha ido difundiendo en la cultura occidental. Ya no tiene nada de raro escuchar a más y más gente decir: "En mi próxima vida haré tal cosa..." o "en mi vida anterior hice tal otra". Tampoco es extraño ver como las personas se someten a terapias de regresión a vidas pasadas como algo totalmente cotidiano, ya sea por simple curiosidad o como medida terapéutica para curar traumas y fobias que pueden haber tenido su origen en una vida anterior.


La fascinación por este tema viene de la pregunta que el hombre se ha hecho desde que está sobre la faz de la tierra, en todo tiempo y lugar: ¿de dónde venimos y a dónde vamos? ¿Qué hay más allá de la muerte? Una pregunta lógica si se considera que, nos guste o no, nadie escapará de la muerte. Es lo único que tenemos seguro desde el momento de nacer; en algún momento trascenderemos a otra dimensión de vida, y dejaremos el cuerpo físico, finito por naturaleza porque se trata de algo material.
Y es precisamente el misterio que se esconde detrás de la muerte lo que seduce. Todas las religiones ven a la muerte como el paso a la vida eterna y aceptan la sobrevivencia del espíritu, sabiendo que no es el fin de la vida sino un paso a un estado de vida diferente donde ya no se usa el cuerpo físico porque se vibra en una frecuencia energética más alta, donde el alma puede manifestarse y ser consciente sin necesidad de expresarse a través de un vehículo material. Pero la duda que separa a las distintas religiones es: ¿se regresa de la muerte? ¿sobrevive sólo ese espíritu en otra dimensión, y al final de los tiempos será juzgado por sus obras en esta, su única vida, y según eso salvado en el cielo con la resurrección plena de su cuerpo o condenado al fuego eterno, como sostiene la Iglesia Católica? O, según nuestras obras en esta vida, ¿tenemos la oportunidad de volver a vivir en otro cuerpo físico y renacer una y otra vez para mejorar hasta que nos liberemos de la rueda de reencarnaciones y trascendamos definitivamente a otro plano superior, uniéndonos con Dios, concebido en algunas religiones también como un Todo Infinito menos personal?


Los que apoyan esta tesis se basan en una premisa bastante simple; Dios es Amor, no un tirano castigador, y en su misericordia infinita jamás dejará que una de sus criaturas, creada a su imagen y semejanza y por lo tanto un ser divino, por pecadora que sea, se pierda definitivamente en el abismo de la oscuridad. Siempre le dará la posibilidad de enmedar sus errores hasta que aprenda las lecciones de amor y bondad que vino a aprender a la Tierra y se purifique del todo para lograr la asecensión de su alma.
Desde Platón a Einstein, muchos sabios y filósofos también han escrito sobre la reencarnación y la han reconocido como algo seguro Las religiones orientales de Egipto, la India, China y otros lugares profesan la creencia de que el alma vuelve de la muerte a nacer en otro cuerpo físico. En el Budismo y en el Hinduismo, el reconocimiento es absolutamente explícito. En la religión ortodoxa, se le llama Gil; y en la islámica, Sufi. Hasta en el Judaísmo se sabía de la reencarnación, y en Occidente el tema tuvo adeptos entre algunos filósofos griegos hasta nuestros tiempos, donde ha salido del cobijo de las enseñanzas de las sociedades teosóficas y los gurús indios, y se ha ido posicionando como una creencia aceptada cada vez entre más gente.


La Rueda de los Por Qué


Si viviéramos sólo una vez, ¿no es injusto que Dios, le de a algunos medios materiales y todas las facilidades para surgir en la vida y ser feliz, y a otros los haga nacer en la miseria y la enfermedad? ¿O que algunos nazcan bonitos y otros feos, o que unos mueran al nacer o siendo niños, y otros vivan muchos años? ¿Cómo se explica el nacimiento de niños prodigio capaces de realizar a corta edad hazañas que requieren vidas enteras de estudio y que muchos ni siquiera así podrían hacer, como Amadeus Mozart que componía sencillas piezas musicales a los cuatro años, o el matemático del siglo XVII, Blas Pascal, que a los once años ya había esbozado un nuevo y perfecto sistema geométrico? ¿Cómo puede Dios en su justicia y amor infinitos permitir que algunos vivan rodeados de lujos y dinero y belleza, mientras niños inocentes perecen en la hambruna de Africa sin posibilidades de conocer a El y salvar su alma? ¿Cómo puede ser justo que un bebé que solo vivió unos días u horas al morir se gane el cielo sin haber tenido la oportunidad de ganárselo con sus actos como el resto de los mortales? Según la teoría de la reencarnación, el tiempo de una sola vida humana no parece suficiente para lograr la perfección necesaria. Es necesario un largo aprendizaje que se va adquiriendo poco a poco, a lo largo de muchas vidas.


Dios no es injusto, por lo tanto tiene que haber una explicación para las desigualdades entre los seres humanos. Ninguna religión postula que el cielo se gane porque sí. El concepto de que debemos ganarnos el derecho a entrar en él es el mismo en todas las religiones. Pero mientras los católicos presuponen que a cada cual le toca un destino ideado por el Creador y debe arreglárselas lo mejor quer pueda con las herramientas que tiene para purificarse y salvar su alma, viviendo de acuerdo a las enseñanzas de Cristo, según la tesis de la reencarnación el alma está en continua evolución y las sucesivas reencarnaciones le permiten progresar hasta alcanzar la perfección y convertirse en un espíritu puro que se sumerge para siempre en el infinito de la eternidad en un indisoluble proceso de iluminación Todos nacemos iguales y con las mismas oportunidades con el único objetivo de aprender y evolucionar hacia Dios. Para hacerlo, vamos reencarnando varias veces en distintos cuerpos, escenarios y situaciones de vida hasta que adquiramos cada vez más conciencia de ello, nos perfeccionemos como hijos de Dios y nos liberamos al fin de la rueda de reencarnaciones, trascendiendo definitivamente al plano espiritual. Si en una vida nacemos pobres o enfermos, y en otra en medio de una existencia cómoda, es por los méritos o pecados de vidas pasadas, no por azar. Una vida buena sería, entonces, un premio a una vida pasada que fue bien vivida. Y una llena de dolor y miseria, un castigo en carne propia a una vida anterior que se vivió mal. Cuando finalmente se aprenden todas las lecciones que hemos venido a aprender en la escuela de la vida, la cadena de reencarnaciones se rompe y el alma evolucionada termina su aprendizaje en la tercera dimensión terrenal, trascendiendo a un plano superior de iluminación.
Cabe, por supuesto, preguntarse si la idea de la reencarnación no es sólo una quimera que la gente inventa para calmar miedos y responder preguntas que no tienen respuestas. Una doctrina seductora que explica las cuestiones intrincadas de la vida humana que el hombre siempre ha buscado explicar. El deseo de continuidad tras la muerte, de tener una segunda oportunidad, está plenamente satisfecho con la doctrina de la transmigración de las almas, y las personas que viven existencias dolorosas o difíciles encuentran consuelo al buscar las razones de tanto sufrimiento a en una vida anterior, y al pensar que en la próxima serán recompensadas con una vida mejor si utilizan sus dificultades como una oportunidad dada en justicia, y no por regalo, para crecer y aprender, enmendando los errores pasados.
Sin embargo, las pruebas para refutar esta suposición son tantas y tan válidas como las que la apoyan.


Jesús no lo Negó


La primera vez que aparece la idea de la reencarnación es en la India, en el siglo VII a.C.,cuando las personas descubrieron que todas las cosas en la naturaleza, luego de cumplir su ciclo, retornaban. El sol, la luna, las estrellas, las estaciones del año, el florecimiento de los campos; todo tenía un movimiento circular, de eterno retorno, y por lo tanto la vida también se compondría de ciclos que se repetían eternamente. El cuerpo se descomponía al morir, pero el alma regresaba a la Tierra en un nuevo cuerpo para seguir viviendo.


Cuando apareció el Budismo en la India, en el siglo V a.C., adoptó la creencia en la reencarnación, y la extendió por China, Japón, el Tíbet, y más tarde en Grecia y Roma. Poco a poco fue penetrando diversas religiones que la asumieron entre los elementos básicos de su fe. Los judíos, no obstante, en sus escritos la rechazaron absolutamente. Por ejemplo, el Salmo 39, que es una meditación sobre la brevedad de la vida, dice: "Señor, no me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes de que me vaya y ya no exista más" (v.14). El libro de la Sabiduría también enseña : "El hombre, en su maldad, puede quitar la vida, es cierto; pero no puede hacer volver al espíritu que se fue, ni liberar el alma arrebatada por la muerte'' (16,14).


En el año 200 a. C., apoyándose en el libro bíblico de Daniel donde un ángel revela que "la multitud de los que duermen en la tumba se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la vergüenza y el horror eterno" (12,2), se reafirmó entre los judíos la creencia de que al morir una persona, recupera la vida inmediatamente en otra dimensión llamada eternidad, donde comienza a vivir una vida distinta, sin límites de tiempo ni espacio. Una vida que ya no puede morir más, dichosa para los buenos y dolorosa para los pecadores, pero eterna. Así, en el Antiguo Testamento, resulta imposible volver a la vida terrena después de morir, por breve y dolorosa que haya sido la existencia humana.
La relativamente aceptada teoría de la reencarnación recibió uno de sus golpes más durosen el segundo Concilio de Constantinopla, el quinto ecuménico de la Iglesia Católica, celebrado en el año 553 de nuestra era en el reinado del emperador bizantino Justiniano I, donde se declararon catorce anatemas, entre ellos el que prohibía a los católicos postular la herejía de la preexistencia de las almas y las reencarnaciones. El rechazo a esta creencia se fundamentó en lo que postulaba Orígenes, teólogo de la Iglesia, quien sostenía la transmigración de las almas a los cuerpos y dedujo que el alma de un ser humano reencarnar en el cuerpo de un animal si no se vivía de acuerdo a las leyes divinas, lo que escandalizó al clero eclesiástico al considerarlo impropio de una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios.


Está suposición está totalmente invalidad incluso por los adeptos a la reencarnación, yaes contraria a la esencia pura de la reencarnación en el sentido que un alma que ha alcanzado el nivel humano no puede retroceder. El alma encarna en distintos niveles a medida que se perfecciona, pero siempre ascendentes, no descendentes; del reino mineral se pasa al reino vegetal, del vegetal al animal, y así se continúa progresando hasta alcanzar el estado espiritual de perfección. Es como ir pasando de curso en la escuela de la vida. Cada existencia debe ser un curso superior, donde sabemos más y estamos más conscientes y preparados para egresar definitivamente y retornar al universo infinito del cual venimos, nuestro hogar. Si el hombre no aprende las lecciones, debe repetir de curso una y otra vez hasta que las haya asimilado para pasar al grado siguiente, pero jamás será expulsado de la escuela, ni retrocederá a cursos inferiores.
Aún así, la doctrina cristiana niega negar categóricamente la existencia de la reencarnación, considerándola una superstición pagana, una herejía y una ignorancia incompatible con la fe cristiana, propia de una mentalidad primitiva, destructora de la esperanza en la otra vida, y sólo capaz de dar un par de respuestas peligrosas e incoherentes a los misterios de la vida. Fundamenta su postura en la Resurrección de Jesucristo, y en la creencia de que sólo se vive una vez, con una sola existencia como oportunidad para salvarnos y que de que al morir el alma va al Cielo, al Purgatorio, o al Infierno. Sostiene firmemente que Jesucristo pagó por nuestros pecados en la cruz y solo en El tenemos la salvación concebida como con un don, al cual las personas cooperan realizando sacrificios, pero no teniendo la posibilidad de renacer para limpiarnos de nuestras culpas. Algo así sería demasiado cómodo y fácil, sería como dar licencia para vivir una vida pecaminosa e inmoral ya que siempre tendremos otra posibilidad de salvarnos en una próxima existencia y pagar nuestras culpas.


Otra de las creencias que se suponen paganas es sostener que el cuerpo es una vestimenta temporal que cambia y se descarta vida tras vida. Para los católicos, nuestros cuerpos, los de nuestra única vida, resucitarán gloriosos al final de los tiempos. Tampoco acepta la idea que el alma pierda su identidad absorbiéndose en el cosmos, apartada del cuerpo, y sostiene que la base de la fe para los cristianos es la resurrección. No acepta la concepción de Dios como el Todo Cósmico de las religiones orientales, sino que enfatiza que el Dios de la revelación judeo-cristiana es personal, un Padre universal que ama a todas sus criaturas y las hace hermanas en su Amor. Por otro lado, señala que el concepto del tiempo no es un ciclo sin fin, sino que tiene un principio y un fin dado por Dios y reflejado en el Génesis, como el inicio del los tiempos, y en el Apocalipsis, como el fin de los tiempos y la segunda venida del Señor a salvar o a condenar a los hombres. El hombre tiene un propósito que cumplir en el tiempo que tiene, según la voluntad de Dios, y después ya no habrá tiempo sino la eternidad, vivida en el cielo o en el infierno pero de ningún modo acepta que los hombres sean diluidos en el cosmos impersonal, puesto que afirma que nuestra individualidad no se perderá jamás y que los redimidos por Cristo encontrarán su identidad plenamente en el cielo, siendo elevados a la plenitud de su ser y ganándose la vida eterna gracias a Jesús que, por amor, vino a la Tierra a dar su vida para lavar los pecados de la humanidad.


Pero más que aclarar los misterios de la vida, estos dogmas de fé que no admiten cuestionamientos dejan a mucha gente pensando que una sola vida no es suficiente para ganar el cielo o el infierno para siempre, y equivale a negar la existencia de la sabiduría divina, que engloba amor y compasión. Hasta el mismo Cristo en su vida en la Tierra, si bien no habló directamente de la reencarnación, tampoco la repudió ni la negó. Ya en dicha época era común referirse a ella como algo aceptado. De hecho, se discutía abiertamente si Juan el Bautista era una reencarnación de Elías, a partir de la descripción que hace el nuevo testamento del recibimiento que se le dio a Juan el Bautista cuando vino a declarar en favor de Cristo (Juan primero 19-28) y le preguntaron si era Elías. Esto se confirma en el pasaje bíblico Mateo 11:14, cuando Jesús sostiene: "Y, si queréis admitirlo, él (Juan Bautista) es Elías, el que iba a venir." Pero la Iglesia Católica refuta lo anterior apoyándose en otro pasaje de las Sagradas Escrituras, concretamente en Hebreos 9:27 que señala: "está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio"


El Karma, un Concepto Clave


Es imposible entender la teoría de la reencarnación sin ahondar primero en el concepto de Karma. Que no es otra cosa que responsabilzarnos por nuestras acciones. El karma es un concepto que está en todas las religiones, no como castigo, sino como una oportunidad para aprender. Nada de lo que hacemos, bueno o malo, queda impune. Cosecharemos lo que sembramos y caeremos, tarde o temprano, en el mismo lugar de otros para aprender de nuestras experiencias, aciertos y errores, y en definitiva progresar.
La religión católica lo considera como un modo de expiar culpas en el Purgatorio, un estado espiritual intermedio, entre el cielo y el infierno, donde van las almas antes de lograr su salvación. Para los reencarnacionistas, en cambio, el Karma se vive en las distintas vidas, como un modo de saldar las deudas contraías en las anteriores.
Según esta doctrina, el Karma explica muchas de las cosas extrañas y en apariencia inexplicables que nos suceden. Muchas visiones o sensaciones espontáneas ante personas y situaciones, que siendo nuevas nos resultan extrañamente familiares, son recuerdos de una vida pasada que salen a la luz por alguna causa que los gatilla. Lo mismo ocurre cuando a ciertas personas las rechazamos sin causa aparente y a otras las aceptamos sin ninguna objeción, como si las conociéramos desde hace años. Nadie pasa por nuestra vida por azar. Tanto las personas que estimamos como las que nos causan molestia, tanto las más significativas como las menos, tienen su razón de ser en nuestra existencia: saldar viejas deudas contraidas en vidas pasadas, o sea, karma. El karma no es más que en la responsabilidad que asumimos por nuestras acciones y por la cual debemos dar la cara. Significa que lo que uno da es lo que recibe, y que en las diversas vidas cambiamos de religión, de raza, de condición económica y de salud, y hasta de apariencia física, porque tenemos que aprender de todos lados.


Por eso, cuando se habla de buena vibración, o de química entre los seres humanos, en verdad lo que sucede es el reconocimiento inconsciente energético que hacemos de las almas, para las cuales no existe tiempo ni rostro, y subconscientemente recordamos nuestra relación positiva o negativa con un alma determinada. Si alguien nos hace daño o nos causa profunda molestia, lo más probable es que nos esté devolviendo la mano por algo que nosotros le hicimos en otra vida. O sea, estamos pagando, en carne propia y en esta vida terrenal, lo que hicimos a nuestro prójimo. Por el contrario, una persona que vive una existencia placentera y feliz está recibiendo una recompensa por sus buenas acciones de vidas pasadas, por haber saldado parte de su karma o por haber enfrentado estoicamente una existencia dura o penosa. Así, cada vida sería la oportunidad de saldar viejas cuentas energéticas contraídas en vidas pasadas que deben eliminarse para dejarnos libre el camino a nuevas y futuras experiencias en nuestra presente vida. El karma se determina en nuestro comportamiento con las demás personas, que es nuestra principal fuente de aprendizaje. A través de la alegría y el dolor que generamos en las relaciones interpersonales generamos karma que se va adeudando de vida en vida, y progresamos en nuestra senda espiritual para aprender del amor desde todas partes. También producto del karma el alma, al reencarnar, elige el cuerpo y la familia de su nueva vida, con el único fin de ascender espiritualmente. Así, una persona pudo elegir una vida con relaciones difíciles, llena de obstáculos y pérdidas para poder acelerar su progreso espiritual, pero nada de lo que nos sucede es porque sí. Todo, desde la llamada buena o mala suerte, es resultado de lo que hicimos y generamos a otros en vidas pasadas, que se nos devuelve.


El Gurú del Tema

El psiquiatra norteamericano Brian Weiss, autor de varios libros sobre el tema de la reencarnación, las terapias de regresión a vidas anteriores y la reunión de almas gemelas, se ha convertido en el gurú extraoficial de la reencarnación, enfatizando que existen pruebas históricas y médicas que la corroboran como una realidad. En una entrevista concedida a la revista Mundo Nuevo en su paso por Chile hace un par de años, sostuvo que el descubrimiento de la regresión lo llevó al crecimiento y a la comprensión espirituales, y que "en las distintas religiones existentes, siempre está presente la reencarnación como base fundamental para explicar el misterio de la muerte. Yo he dado conferencias en el Vaticano sin ninguna restricción"

Creer o no en la reencarnación depende de cada uno. De la fe y del razonamiento que cada uno tenga. Quizás Brian Weiss tenga la explicación más clara y contundente al no basarse en ninguna religión para afirmar la veracidad de la reencarnación. Su enfoque es clínico y se fundamenta en lo que he encontrado con sus pacientes. "Todas las religiones son un camino a la verdad, especialmente cuando ellas hablan de amor, perdón y compasión para aceptar a todo el mundo y reconocer la unidad de todas las personas. Sólo hay una gran religión y esa es el amor. Dios está en cada uno de nosotros, y es esa energía de amor y de sabiduría que está en todas partes y en todo momento. Pienso más en términos de espiritualidad que de religión".

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