domingo, 3 de junio de 2007

Jesús nació el 25 de Diciembre del año 0 ?

por Camilo Valdivieso

Cada mes de diciembre las grandes ciudades del mundo iluminan sus amplias avenidas con un sin fin de adornos que recuerdan los más utópicas fantasías de la mente humana.
Los niños esperan con ansias la llegada de la noche buena, fecha en que se acerca en su trineo mágico es mítico ser que llamamos Santa Claus o viejo Pascuero. Sea el regalo más caro o el más humilde es un instante del año que nos transporta a los momentos más ingenuos de nuestra existencia.


Los adultos juegan malabáricamente con las finanzas tratando con ello de lograr el gran desafío de cumplir los deseos continuamente externalizados de sus hijos.
Esto se repite año, tras año, y lo único que cambia es el estado de la gente, puesto que los medios y la publicidad no perdonan un buen o mal año.
Pero alguna vez nos hemos puesto a reflexionar en el verdadero sentido de esta fecha?, hemos intentado cambiar la presión social por la esencia de un evento que habría cambiado al mundo? Difícil. Pero que pensaríamos si supiéramos que la historia nuevamente nos ha jugado una mala pasada y ese redentor que conocemos con el nombre de Jesús de Nazareth no hubiese nacido el 25 de diciembre del año cero?...

Para esto tendríamos que trasladarnos a la época en que se desarrollaron estos eventos y tratar de entender como parte del conocimiento que nos entrega la sociedad en que vivimos, está lleno de desvirtuaciones, ya sea por la ignorancia en la que estamos sumidos, como por los intereses que se comenzaron a plasmar desde épocas inmemoriales.

Profecías de un nacimiento

Balaam era nativo de la ciudad de Pethor, sector muy cercano al Eufrates. Se caracterizaba por ser un profeta de emisión fuerte y concreta. Su profecía data del año 1.100 a.C. y dice lo siguiente:
"La veo pero no ahora, la contemplo pero no de cerca. Alzase de Jacob una estrella, surge de Israel un cetro que aplasta los costados del Moab y el cráneo de todos los hijos de Set"


Para esa época la llegada de un salvador se veía muy lejana, aunque el nacimiento de profetas y patriarcas era común. La tradición plantea de manera muy justificada ciertas características que diferencian el nacimiento de Jesús, haciéndola coincidir con un gran número de hechos sobrenaturales que resaltan la esencia sagrada detrás de su llegada.
Pero al indagar en el folclor de pueblos antiguos, captamos que hay muchas similitudes en las presencias de algunas deidades que ejercieron una influencia marcada hasta nuestros días. Es el caso de Buda al cuál se le atribuye el haber nacido de una virgen y de realizar milagros y maravillas en su vida. También nos llama la atención el nacimiento de Horus y Mitra quienes habrían abierto los ojos a este mundo un 25 de diciembre y de haber sido concebido por los dioses, puesto que sus Madres eran puras.


Y así muchas semejanzas con el Jesús cristiano. Pero sin duda que los eventos que rodeaban al Mesias son incomparables, incluso por el aura que marcaba su llegada...
En el año 734 a.C. Miqueas formula una de las profecías más precisas, y dice así:
" Y tú Belén , Tierra de Judá , no eres ciertamente la más pequeña entre los principes de Judá por que de ti saldrá un jefe que apacentará mi pueblo de Israel" (Miqueas,5-2). Cada una de estas narraciones eran traspasadas por las generaciones, acrecentando con ello las ansias y esperanzas del pueblo de Israel por llegar a ser liberados por el hijo de Dios.

Entre los años 700 y el 300 a.C. comenzó a desarrollarse un pueblo algo diferente, se les conocía como los arqueros. Su cuna nacia en el sur de la ex Unión Soviética, el litoral del mar negro, Azov, en el Kuban ( entre el Volga y el Bajo don ), y el bajo Dnieper. Su nombre original eran los Escitas y es de este pueblo que proviene un monje que de una u otra forma ayudo a cambiar las fechas ortodoxas que poseemos de ciertos eventos históricos.


Dionisio el Exiguo realizando cálculos -hacia el año 520 d.C.- apoyado por los de Victorino de Aquitania llegó a la conclusión que Jesús habría nacido en el año 754 de la fundación de Roma, de esta manera coincidía con la muerte de Herodes. Pero la equivocación fue garrafal puesto que el fallecimiento de este emperador habría sido 4 años antes de esa fecha, específicamente el año 750. Su idea principal era realzar la figura de Jesús en perjuicio del emperador de Roma, Diocleciano, quién persiguió constantemente a los cristianos. Por otra parte Dionisio marcó el nacimiento como el año 1 - el famoso número de la polémica de finalización de siglo- por tanto no se tomo en cuenta el año cero. Además para agregar otro problema, este monje no tomo en cuenta que Augusto César gobernó durante 4 años con su verdadero nombre; Octavio.


Tomando estos datos en cuenta ya tendríamos 5 años de desfase en el nacimiento del Mesías, más aún si tomamos en cuenta que Herodes no podría haber mandado a matar a los niños que no sobrepasaran los 2 años. Con esto podemos darle cabida al edicto de empadronamiento que obligo a José y a María a emigrar a Belén que se calcula para el año 8 a.C. y si pensamos que siempre se daba un margen de tiempo para que las informaciones se conocieran en todo el imperio, podemos concluir que a la fecha se le puede restar un año, es decir el 7 a.C.


Si logramos plasmar estos datos nos encontramos que tanto la muerte de Herodes y el edicto de empadronamiento nos dan como resultado que el posible nacimiento de Jesús se haya desarrollado entre los años 8 a.C. y 4 a.C.
Por otra parte el Papa Gregorio al modificar el calendario para los años bisiestos también crea una desvirtuación en los años que hasta hoy cumplimos.

Stellium o conjunción de Planetas

No hay duda que el nacimiento de un ser tan especial debería estar rodeado de ciertos eventos que denotaran su esencia sagrada, ya sea por la señal de Dios o por la convergencia de la naturaleza.
Pero tomando en cuenta los cálculos desarrollados anteriormente coincidimos totalmente con un gran Stellium que amplia la visión mágica del nacimiento de una persona con un destino diferente.


En el año 1604 el astrónomo Alemán Johannes Kepler haciendo cálculos matemáticos trato de analizar las posibles conjunciones planetarias en la época de la natividad, llegando a la conclusión que justamente en el año 7 a.C. se llevó a cabo uno de las alineaciones más importantes de las que se tenga memoria. En el signo de Picis se alineo el Sol, Venus, Luna, Júpiter y Saturno. Tal acontecimiento tuvo en jaque a muchos estudiosos de las estrellas de ese tiempo. Es el caso de los textos babilonios -escritos en unas tablas de arcilla- encontrados en Sippar, Irak en los que se hace referencia a que los babilonios le pusieron mucha atención a esta conjunción planetaria.


Luego investigadores como Stauffe y David Hugues apoyaban estas informaciones dándole aún más relevancia con la posibilidad de que se tratase de la referencia que confirmara la existencia de la polémica estrella de Belén.

Entonces podemos adelantar que Jesús sería un pisiano puro nacido bajo un evento cósmico histórico, acorde a la llegada de un Rey de Reyes...

El Stellium se habría desarrollado en el mes de marzo del año 7 a.C. , puntualmente se cree que podría haber coincido con la fecha más cercana al 19 de ese mes. También nos es mucho más lógico puesto que serían los comienzos del equinoccio de primavera, fechas en que los pastores podían sacar sus rebaños a pastar, contradictoriamente a las ideas de un Jesús nacido en pleno invierno, época en que las temperaturas están por debajo de lo permitido por cuerpo alguno.

Podría esta grandiosa conjunción haber sido la famosa estrella de Belén?.

Lo interesante de esto comienza cuando se mal interpreta la visita de estos Reyes a la presencia del recién nacido puesto que si pensamos que esto tres hombres sabios venían viajando desde el oriente difícilmente podrían haber llegado el mismo día en que María concebía.


San Mateo dice:

"Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Por que su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.[...] Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén [...]Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; [...]y al entrar en la casa, vieron al niño con su Madre María, y postrándose lo adoraron; abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino." (Mateo 2, 1-12)


La idea de que los reyes procedieran de Persia -actual Irán- no es absurda puesto que dentro de sus tradiciones, específicamente de los siglos V y VI a.C. los sacerdotes persas le ofrecían a su dios Ahura-Mazda, oro, incienso y mirra. ¿Pero habrían sido estos los presentes que llevaron al hijo de Dios? Es posible...

Pero existe una teoría que adentra a los reyes como tres representantes de una orden milenaria que se extendía por los sectores más sagrados del Asia, estos personajes traían consigo algunos objetos pertenecientes al recién nacido, pero de una vida anterior -similar a las tradiciones budistas, para encontrar a su nuevo gran maestro- de esta manera los reyes justificaban el apoyo de ese reino inmortal para con la llegada del Salvador. Esta orden se conocía con el nombre de Melki-Tsedek, rey de Salem, pero como concluye René Guenón en su libro "El Rey del Mundo", Salem no es referida al nombre de una ciudad; si no al sector donde mora el señor del mundo, el Agharta.

Entonces la diferencia de tiempo entre el nacimiento y la llegada de los reyes podía haber sido bastante extensa, por lo que la conjunción no obedecía a una señal para estos hombres provenientes de la morada del conocimiento; si no a un evento cósmico que presentaba el advenimiento de una alianza que perdura hasta nuestro días.

Entonces esa luz que resplandeció y avisó la ruta a seguir podría haber sido algo sumamente diferente y más sobre natural. Talo como lo menciona J.J. Benitez en su libro el Astronauta de Yavé (1980) en los que claramente alude a los movimientos que se describen en los textos sagrados, y podrían interpretarse fácilmente con un típico avistamiento O.V.N.I. de nuestros días. Eso es más posible...

Celebración del Sol Invictus

Hacia el año 312 d.C. Constantino el Grande se proclamaba emperador de Roma, luego de vencer en la batalla del puente Milvio. Ese mismo año promulga el edicto de Milán, en el que se le entregaba a la Iglesia tolerancia religiosa y garantías de sus propiedades. Sin duda que esta era una maniobra política que acrecentaba la influencia de Constantino además de percibir el apoyo de un organismo que día a día tomaba más fuerza. Su idea era servirse del cristianismo a modo de argamasa social, para superar la división de los pueblos del Imperio.

La dirección de Constantino fue un torbellino de alianzas que llenaban al pueblo haciendo de este la base de ideas, que se regían en intereses politizados, los que ni siquiera podemos imaginarnos.

Fue así que para el año 325 d.C. se convoca al primer concilio eclesiástico, el que se desarrollaría en Nicea. Para ese entonces Constantino se había convertido al cristianismo, puesto que su religión se basaba en la adoración al dios del Sol, a Mitra, lo curioso es que solo fue bautizado hasta el 331 cuando yacía en su lecho, y las energías no eran las mismas como para negarse...

Pero las acciones de este emperador nos dan a pensar que su conversión fue solo una máscara para lograr el apoyo de los religiosos. En el año 321 decidió que los días domingos se cerraran los tribunales de justicia puesto que era el venerable día del sol. Fue así que los sábados que se consideraban como de descanso, incluso adoptados por los cristianos pasó a ser los domingos.
En el concilio del año 325 se decidió darle la imagen deifica al Jesús judío, además de complementar sus creencias con las que ya existía. De este modo se empezó a eregir una iglesia cristiana, su base, sus reglas, pero a la vez que se montaban estatuas de la diosa Cibeles y del Sol Invictus.(!)

Para la fecha del 25 de diciembre se celebraba la entrada al solsticio de Invierno, además del triunfo de la luz por sobre la oscuridad, es decir la proclamación de Mitra como el dios máximo. Pero también el nacimiento de dioses como Horus (Egipto), Dionisio (Grecia), Baco (Roma), Mitra (India), o Buda (Oriente).
Entonces la mejor forma de no perder tan importante fecha era adaptarla al nacimiento de otro gran personaje, el que estaba ganando terreno en términos de influencia en los pueblos de esa época. Recordemos que los 25 de diciembre se repartían regalos a los niños haciendo de esa fiesta pagana un evento muy esperado.

Fue así que el papa Julio I luego de tener 136 fechas distintas para la consagración del nacimiento de Jesús, decide -sin duda que presionado- elegir el 25 de diciembre como fecha concreta -se celebraba el 06 de enero-. Esto daba pie a que cada persona del imperio romano celebrara sin problemas de ser molestado su propio culto.

Por eso es que cada 25 de diciembre a la media noche miramos al cielo intentando percibir el instante en que el hijo de Dios nace al mundo, aunque lo podríamos hacer los 19 de marzo, de hace 2009 años....


Ahora, ya pasando al tercer milenio somos capaces de entender sin gran sorpresa que mucha de la información que conocemos no es la correcta, pero así y todo hemos comprendido que nuestra intención y proyección es la que realmente vale. Y si decidimos celebrar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, es por que aún creemos profundamente de que Dios realizó una alianza con nosotros, la que sin duda perdurará hasta el día en que ese ser maravilloso decida volver...