domingo, 3 de junio de 2007

Los evangelios siguen siendo muy posteriores a Cristo

La crítica
Nuevo estudio
La teoría del testigo visual
¿El Evangelio de Marcos en Qumran?
En conclusión

Desde hace unos años -en referencia a tres minúsculos trozos de un papiro (Pap. Magdalen. Oxford) que contienen unos pocos versículos del Evangelio de Mateo-, la prensa española en su sección de cultura ha publicado titulares como los siguientes: "La ciencia confirma que el Evangelio se escribió poco después de morir Cristo"; "Es posible... que (tres diminutos fragmentos de papiro) constituyan uno de los documentos más importantes del mundo"; "Un documento revelador para la cristiandad: el auténtico testimonio de Jesús"; "El relato de un testigo presencial del Evangelio". Con casi total seguridad estas afirmaciones son falsas, pues suponen que poseemos ahora documentos ciertos para fechar los evangelios muy cerca de la vida de Jesús, y argumentos seguros para probar la total veracidad de las afirmaciones de estos escritos.

El detonante fue una conferencia, varios artículos y sobre todo un par de libros de Carsten Peter Thiede -un investigador alemán, fundador de un instituto propio de investigación que lleva el pomposo título de "instituto para la investigación fundamental científico-teórica"- los que causaron la conmoción. En el primero de sus libros ¿El manuscrito más antiguo de los evangelios? El papiro de Qumran 7Q5 y su importancia para los estudios neotestamentarios, de 1989, Thiede daba absolutamente por seguro lo que en principio no fue sino una modesta hipótesis del papirólogo español José O'Callaghan, a saber que entre los documentos de Qumran se encuentra un pequeño trozo del Evangelio de Marcos (6,52-53). De esta suposición se deducía lo siguiente: como Qumran fue destruido en el 68 d. C., ese evangelio hubo de componerse bastante antes; por tanto mucho más cerca de la vida de Jesús de lo supuesto hasta el momento, Para Thiede la propuesta de O'Callaghan era cierta sin oposición posible.... aunque el mundo científico casi en su totalidad se empeñara en rechazarla. No contento con tanta seguridad, Thiede deducía de su datación temprana del Evangelio de Marcos que éste debía contener recuerdos verdaderos de la vida de Jesús.... como si adelantar unos años la fecha de composición de un evangelio fuera ya una garantía de la total exactitud de su contenido.

La segunda publicación, de 1996, titulada El Papiro Jesús. El testimonio más sensacional sobre el origen de los evangelios después de los descubrimientos del Mar Muerto, fue el detonante definitivo que produjo las reacciones que más arriba hemos trascrito. En ella viene a decir Thiede que el Papiro Magdalen de Oxford (p64 = Papiro 64, en terminología científica) y el Papiro de Barcelona (P67 = Papiro 67, trozo del mismo manuscrito aunque conservado en otro lugar) son parte de una obra de mediados del siglo 1, en concreto hacia el 60, y por tanto, escrita años antes (hacia el 40: hay que suponer tiempo para la difusión) por Mateo mismo, como testigo ocular y verdadero de lo que vivió con Jesús.

Quien haya estudiado tan solo un poco el tema del origen de los evangelios sabe que estas afirmaciones suponen una revolución seria en la reconstrucción de la historia y cronología del cristianismo primitivo. Tales propuestas niegan que el primer evangelista fuera Marcos; que la obra de éste, el llamado primer evangelio, se escribiera hacia el 70 d. C., es decir unos cuarenta años después de la muerte de Jesús; que Mateo es posterior y que se inspira o copia de Marcos, por lo que debió componerse hacia el 80, más o menos ... ; que el Evangelio de Mateo no es obra de ningún testigo ocular... (puesto que se basa en fuentes escritas), y que probablemente no fue el apóstol Mateo quien la compuso, sino un discípulo de la segunda o tercera generación cristiana.

Todas estas ideas, firmemente asentadas entre los investigadores -protestantes, católicos, independientes o agnósticos- caerían por los suelos de ser cierto lo que Thiede afirma.

La crítica
Desgraciadamente para los sensacionalistas, las tesis de Thiede no se sostienen si se examinan con un poco de atención. lo único que ha hecho este personaje, con gran vista comercial, es construir una teoría atrayente con debilísimos y disputados argumentos... y casi diría que con alguna que otra rotunda falsedad. Vamos a comenzar nuestra crítica por la segunda y más importante publicación, en la que se recogen parte de los argumentos de la primera.

La primera observación concierne al título de la obra. No hay ningún papiro que lleve ese nombre, 'Papiro Jesús'. Resulta absurdo que Thiede lo denomine así puesto que se trata de breves trozos del Evangelio de Mateo. Si se admitiera tal denominación, todos los manuscritos de este evangelio (y son centenares) deberían portar el mismo título. En segundo lugar, es preciso hacer también una apostilla al subtítulo: Cualquier interesado sabe hoy que los manuscritos de Qumran contienen mucha información sobre el judaísmo anterior y más o menos contemporáneo de Jesús, pero ni una sola palabra sobre el cristianismo, ¡ni mucho menos sobre el origen de los evangelios!

Las siguientes críticas conciernen ya al contenido de la argumentación de Thiede... que -por cierto- tarda mucho en concretarse en su libro, engrosado con muchas páginas de poco interés para con el tema principal, que empieza a substanciarse después de más de cien páginas de preliminares... (1).

La teoría básica y fundamental del libro es que el Papiro Magdalen y el de Barcelona son de mediados del siglo I d. C. Ahora bien, esta teoría flaquea, hace agua por todas partes. Por si acaso alguien me acusara de puntos de vista personales en la refutación de estas hipótesis aparentemente revolucionarias, voy a criticarlas con palabras del único español que conozco que ha discutido en seno las teorías del libro que comentamos: A. Rodríguez Carmona (quien se inspira, me parece, en observaciones de J. K. Elliot en su reseña en la revista especializada Novum Testamentum). El teólogo español resume así las observaciones que dan al traste con toda la construcción de Thiede:

El primer argumento del profesor alemán es que los dos papiros hermanos (Magdalen y Barcelona) tienen una escritura muy parecida al rollo encontrado en Qumran sobre el Levítico (4QLXXLEVA) que es del siglo 1 d. C.: 'Las letras en los dos papiros están escritas de la misma manera, los trazos verticales y horizontales son del mismo grueso'. Pero "los especialistas replican que esto no es verdad, pues la misma foto del p64 que se ofrece en el libro de Thiede muestra claramente que los trazos verticales son más gruesos que los horizontales". Por tanto, la semejanza o igualdad de escritura falla. ¡Son las manos de dos escribas distintos!

El segundo argumento de Thiede es la comparación de los dos papiros, p64 y p67, con el rollo en griego de los 'profetas menores' (es decir, de Oseas a Malaquías), encontrado también en la zona del Mar Muerto, en Nahal Hever en concreto, datado en el siglo I d. C. El autor alemán "advierte que en los tres manuscritos se emplea en determinadas letras un estilo decorado (que pertenece al siglo I de nuestra era, y no después)". Pero los expertos en papirología replican a Thiede que esto tampoco es verdad; basta con observar atentamente las fotografías de los dos manuscritos (p64 y p67) y contrastarlas con la del texto de Nahal Hever para darse cuenta de que el tipo de escritura no tiene que ver casi nada una con otra.

"Finalmente presenta Thiede otro manuscrito, el papiro de Oxirrinco 246, que es en su opinión, casi gemelo con el p64 y que se puede datar en el 66 d. C. De nuevo los expertos rechazan el parecido y argumentan tras un estudio comparativo que no hay relación importante entre ellos'

Nuevo estudio
A estos serios argumentos podemos añadir, por nuestra parte, los resultados del contundente trabajo de T. C. Skeat, papirólogo renombrado, aparecido en el número 43,1 de la revista New Testament Studies de enero de 1997 (pp. 1-34). Skeat llevaba ya un par de años estudiando estos manuscritos antes de que apareciera la tesis de Thiede. Quedó sorprendido por las ideas de éste, por lo que decidió adelantar en un artículo parte de sus resultados.

Argumenta Skeat, tras un análisis codicolólico exhaustivo de los textos imposible de resumir aquí, que los papiros Magdalen y Barcelona pertenecen a un antiguo códice del que se conserva también otro fragmento, el llamado p4, y que el manuscrito en conjunto (es decir, el formado por los tres trozos) no puede datarse de ningún modo antes de finales del siglo II o a comienzos del III.

Después de exponer los resultados de su propio estudio y de comparar las opiniones sobre el papiro de otros eminentes especialistas concluye: "Para resumir: sobre la base de lo anteriormente dicho la única diferencia real de opinión respecto a la datación de lOS papiros p4 y p64 + p67 es Si (en la opinión de todos los especialistas menos Thiede) han de catalogarse como de finales del siglo II o hacia el 200".

Skeat aporta, además, otro argumento: el tipo de escritura de los dos papiros en discusión (p64 + p67) se parece en verdad a la de otros dos manuscritos griegos (Pap. Vindobonensis G 29768 y 29784), de caligrafía prácticamente igual (tanto, que las manos "pueden describirse como idénticas"),y que son sin duda ninguna de finales del siglo II d.C.

En síntesis, Thiede no parece tener razón en ninguno de sus argumentos. La pretendida revolución cronológica y sus consecuencias se desmoronan por los suelos al fallar su base. Los papiros Magdalen y Barcelona son con toda seguridad de finales del siglo II o comienzos del III. Sobre el origen y fecha del Evangelio de Mateo habrá que investigar por otros cauces.

La teoría del testigo visual
Queda aún una idea que va unida a la tesis principal de Thiede, y es: un evangelio escrito tan poco tiempo después de la muerte de Jesús sólo puede haber nacido de la pluma de un testigo visual. Y si es así hubo de ser fidedigno. Por tanto, todo lo que cuenta sobre la vida de Jesús es verdadero. Por poner unos ejemplos: han de ser ciertas la matanza de los inocentes por parte de Herodes o la visita al niño Jesús de los Reyes Magos...

Pensado fríamente, es difícil entender cómo pueden esgrimiese tales argumentos dentro del ámbito científico. Aunque el Evangelio de Mateo se hubiera escrito en una fecha temprana (hemos visto ya que a partir de los datos de Thiede no es posible.... pero concedámoslo), ¿se sigue de ello necesariamente que el autor del escrito evangélico hubo de ser testigo visual de todo lo que narra? ¿Hay algún nexo lógico en tal deducción? No lo parece.

Concedamos también que el autor del evangelio fuera contemporáneo de algunos hechos de Jesús. ¿Se deduce de ello sin remisión que todo lo que él hubo de escribir diez o veinte años más tarde había de ser necesariamente verdadero? Ciertamente no, salvo que se argumente que el autor estaba inspirado por el Espíritu Santo.... pero entonces nos salimos del ámbito de la Historia. ¿Cuántas narraciones de periódicos o de revistas hay cuyos autores son contemporáneos de los hechos que se narran, de las que se descubre más tarde que o son falsas, o que su óptica está distorsionada, o sesgada, o sencillamente que en ellas se cuenta mal lo acaecido, omitiendo datos importantes o añadiendo otros impertinentes? Por tanto, del hecho de que un escritor sea más o menos contemporáneo de lo que escribe no se deduce que todo lo que él narra haya de ser fidedigno y verdadero. Y volviendo a los ejemplos antes mencionados, la historia de los Magos... o la matanza de los inocentes... noticias del evangelio llamado de Mateo de cuya historicidad incluso los estudiosos católicos serios dudan, ¿han de ser verdades simplemente porque las escribió alguien que vivió más o menos unos treinta años después de esos sucesos? Y una última consideración: ¿cómo una fecha teórica de un manuscrito hacia el 60 d. C. prueba que fue Mateo y no otra persona quien escribió el evangelio? Creo que no es necesario insistir más en lo endeble de toda esta argumentación.

¿El Evangelio de Marcos en Qumran?
Como dijimos antes, otra de las tesis que va unida con la persona de Carsten R Thiede y con esta pretendida revolución cronológica del cristianismo primitivo es la defensa a ultranza de la teoría (de 1972) de José O'Callaghan de que en las cuevas de Qumran se han encontrado restos del Evangelio de Marcos (el manuscrito llamado 7Q5).

A este respecto se imponen algunas observaciones elementales que arrojan dudas serias sobre la veracidad de esta hipótesis. En ese pequeño fragmento hallado en Qumran la reconstrucción de las letras que faltan o se leen mal es muy dudosa. En primer lugar, no puede estarse absolutamente seguro del número de letras que contenía cada línea de ese manuscrito de la cueva 7, con lo cual la posición de las que quedan es muy discutible. Por tanto, el orden de ellas -fundamental a la hora de establecer por medio de un computador una secuencia de letras que coincida con algún texto conocido- no es totalmente seguro. Segundo, de las aproximadamente 20 letras conservadas en el fragmento 7QS sólo se identifican bien 14; las otras 6 deben leerse de un modo algo distinto al usual, y, lo que es más grave, para que concuerde este fragmentito con nuestro evangelio actual habría que suponer en un texto tan breve, Me 6,52-53, nada menos que la omisión de tres palabras, variante que no parece en ninguno de los múltiples manuscritos que poseemos de ese Evangelio. Por si esto fuera poco, diversas combinaciones con las letras legibles, efectuadas por un ordenador, han dado la posibilidad de que ese pequeño fragmento fuera identificable, también con leves diferencias, con otros textos del Antiguo Testamento, de los Apócrifos, o incluso con algún pasaje de la literatura griega clásica.

Por todo ello la hipótesis de O'Callaghan ha sido generalmente abandonada por insegura.

Recientemente, según me ha comunicado personalmente el editor español de los textos de Qumran, Florentino García Martínez, un nuevo descubrimiento ha venido a zanjar, quizás definitivamente, esta cuestión de si hay o no un trocito del Evangelio de Marcos en Qumran. Recientemente ha quedado confirmado científicamente que cada planta de papiro tiene una configuración especial de las fibras internas que es propia y sólo suya. Esta configuración especial de cada ejemplar de papiro puede compararse exactamente con las huellas digitales entre los seres humanos: no hay dos exactamente iguales. Pues bien, los rasgos peculiares de las hojas de papiro donde están escritos 7Q4 y 7Q5 son exactamente iguales. Se trata, pues, del mismo manuscrito. Respecto a 7Q4, tras laboriosos tanteos y estudios, sabemos que ha sido identificado por fin por Emile Puech (Director de investigación en el Centre National de la Recherche Scientifique de París) como perteneciente al final del llamado Libro I de Enoc. Por tanto, si 7Q4 pertenece al libro 1 de Enoc..., ¡7Q5 también! Por consiguiente, no al Evangelio de Marcos.

Con ello otro pretendido argumento para la revolución cronológica de los escritos del cristianismo primitivo se desvanece también.

En conclusión: nos confirmamos en que las afirmaciones transcritas al comienzo de este artículo son exageradas, apresuradas, falsas y propias de un afán sensacionalista. Hoy por hoy no hay peso en los argumentos sobre la pretendida antigüedad de los papiros del Magdalen College y de Barcelona, o sobre el descubrimiento de textos cristianos en Qumran (7Q5) que nos permitan afirmar que los evangelios de Marcos y Mateo se escribieron muy pronto tras la muerte de Jesús y que son el producto de un testigo visual. Nada de ello es verosímil. El cuadro temporal del cristianismo primitivo que la Filología, la Historia y los estudios cronológicos han ido componiendo lentamente a lo largo de casi doscientos años de investigaciones no se ha modificado.