lunes, 1 de diciembre de 2008

11-S La Madre de todas las Conspiraciones


Hasta hoy en día las imágenes de aquel fatídico atentado del 11 de septiembre se mantienen con firmeza en la mente de muchos. Miles de desaparecidos en las Torres Gemelas, una persecución implacable de los presuntos autores del siniestro, bombardeos estratégicos en Afganistán —y muchas veces sin hacer mayores distinciones entre objetivos civiles y militares—, amenazas químicas y una posible expansión de esta guerra contra el “terrorismo internacional” hacia otros países, como Irak —definitivamente el siguiente punto en la temible lista negra— son algunas de las primeras consecuencias de un ataque a la nación más poderosa de la tierra. ¿Será posible que EE.UU. fuese sorprendido con un atentado tan dantesco y al mismo tiempo bochornoso de cara al mundo?

En este artículo esgrimiremos una inquietante hipótesis que esta circulando: EE.UU. conocía del atentado, y permitió que este sucediese para luego iniciar actos bélicos en Oriente Medio, con la perspectiva de hacerse de las principales fuentes de energía: el petróleo.

Un análisis que nos llevará de la Segunda Guerra Mundial a lo que muchos han denominado “La madre de todas las conspiraciones”. ¿Fuimos víctimas de una mentira



Pearl Harbor

Cumpliéndose sesenta años del ataque “a traición” de los japoneses a Pearl Harbor, lamentable incidente que fue llevado con éxito a la pantalla grande —posiblemente la superproducción más importante de la historia del cine— hemos creído conveniente utilizar dicho acontecimiento como punto de partida de este artículo.
Para ir al grano y no extendernos demasiado, diversos investigadores sugieren que Estados Unidos conocía de antemano el ataque programado por Japón. Según se afirma, los espías Richard Sorge y Dusco Popov ya habían advertido a los norteamericanos del ataque. Y por si esto fuera poco, como consta en archivos británicos e incluso en información de inteligencia del Tercer Reich, Churchill avisó al presidente de Estados Unidos de un ataque militar japonés para la primera semana de diciembre. ¿Por qué no actuaron si estaban avisados? La explicación: Roosevelt deseaba con vehemencia participar de la Segunda Guerra Mundial. Le inquietaba poderosamente la participación de la URSS en la contienda y como posible consecuencia de ello, una expansión del comunismo en Europa que no se vislumbraba muy atractiva para los intereses americanos.

Roosevelt habría “sacrificado” Pearl Harbor para tener una razón de peso que justificase el ingreso de Estados Unidos a la guerra, y obviamente con el apoyo y aprobación del pueblo norteamericano que se vería conmovido por este ataque supuestamente inesperado. De hecho, la conspiración mostró sus primeros signos sospechosos cuando desde Washington se ordena que los dos portaviones más poderosos de la flota del pacífico, el Lexington y Enterprise, fuesen retirados de Pearl Harbor poco antes de la tormenta nipona. De la misma forma se procedió con 50 aviones de combate. El ataque se esperaba.

Luego de este episodio que ensombreció Norteamérica, se formalizaba la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.



Osama Bin Laden

Cuando la URSS invade Afganistán en 1979, Estados Unidos nuevamente se mostró incómodo. El comunismo tenía una peligrosa influencia en el mundo y éste podría ser la llave de ingreso a un control mundial por parte de las potencias que lo alentaban. Al menos ello es lo que aseguran diversos especialistas en inteligencia, quienes sostienen además que el entrenamiento de Osama Bin Laden por parte de los Estados Unidos, para que pudiese repeler la invasión Rusa, se amparaba en este temor político y estratégico.

Sea como sea, Bin Laden es entrenado por la CIA, tanto en lo que concierne a inteligencia como en la provisión de armamento sofisticado. Al parecer, Estados Unidos olvidó una regla muy importante en aquel momento: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Pero, ¿fue Bin Laden el verdadero autor intelectual del ataque terrorista del 11 de septiembre? ¿Cuál es la historia de este oscuro personaje que hoy en día ocupa las primeras planas de todos los diarios del mundo?

Séptimo hijo de un comerciante árabe quien hizo fortuna en el auge de la construcción, disparado por el boom petrolero, Osama Bin Laden nació en 1957. Su padre murió cuando tenía 13 años y su primer casamiento fue con una prima siria, cuando tenía 17 años. Su relación con Afganistán comenzó casi inmediatamente después de la invasión soviética con un viaje a Pakistán, donde se reunió con refugiados y líderes de la oposición. Luego retornó a su hogar y comenzó a recaudar fondos para la resistencia afgana.

Sabemos que en 1984 estableció un refugio en la ciudad fronteriza paquistaní de Peshawar, que funcionó como canal entre los voluntarios árabes y la guerrilla afgana. Con su fortuna, el siguiente paso fue establecer campos de entrenamiento militar dentro de Afganistán, lo que incrementó el número de combatientes árabes. Arabia Saudita le retiró la ciudadanía en 1994.

Bin Laden sería el líder y fundador de una organización terrorista denominada “Al Qaeda” (La Base). Hay que tener en cuenta que este frente militar fue establecido con los comandos islámicos que combatieron a las fuerzas de ocupación soviéticas en Afganistán en los años 80 —entrenados por la CIA—. Para pensar un poco más, facciones radicales provenientes de Egipto, Arabia Saudita, Yemen, otros estados del Golfo, Afganistán, Pakistán, Cachemira, Argelia y Marruecos formaron una red dispersa después de la Guerra del Golfo en 1991, todas ellas vinculadas directamente a Bin Laden y su causa. Como se aprecia, el tema es muy complicado.

El Foco de tensión

Supuestamente, “Al Qaeda” atrae a musulmanes radicales que buscan regímenes fundamentalistas en sus países, y participan en la causa contra Estados Unidos, Israel y los gobiernos musulmanes moderados. Actualmente, según CNN, se han identificado o están bajo sospecha células de la red en todo Oriente Medio y África, en naciones asiáticas como Malasia y Filipinas, en Ecuador, Bosnia, Albania, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos. Diversos analistas sostienen que “Al Qaeda” está compuesto en su mayoría por egipcios y se supone que la organización tiene unos 3.000 miembros, quienes se comunican a través de teléfonos encriptados, correo electrónico y otros métodos más seguros. También realizan largos viajes para entregar mensajes personalmente.


Ahora bien, al margen de todo este “background” terrorista, no debemos olvidar que Bin Laden no se hizo responsable del atentado del 11 de septiembre en un principio, solo afirmó, más tarde del incidente en New Cork y el Pentágono, que simpatizaba con aquel acto terrorista, ya que los Estados Unidos se lo merecía. Si no fue Bin Laden, ¿quién fue? Lo cierto es que al señalar a Bin Laden como el autor de los atentados —su “currículum” lo permite fácilmente—, se han puesto en juego muchas fichas sobre el tablero. Resulta intrigante ver cómo el terrorista saudita llama a una “Guerra Santa”, invocando a los fieles islámicos a inmolarse en combate contra la nación más poderosa del mundo. El discurso, es más hábil de lo que parece. Bin Laden no escatimó en apoyar la causa palestina, un gesto por demás provocador teniendo en cuenta el foco de tensión que existe entre Israel —a quien acusa de estar “casada” con Estados Unidos— y la autoridad Palestina.

Meditando en esta información, resulta desconcertante que el 4 de julio del 2001, dos meses y una semana antes de los atentados, Osama Bin Laden fue atendido en el hospital norteamericano de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos). Esta información fue confrontada por el periodista Alexandre Richard del diario Le Figaro. Por si fuera poco, mientras Bin Laden estuvo hospitalizado recibió la visita de Larry Mitchel, agente de la CIA. Ello ocurrió el 12 de julio. Bajo la lupa, estos hechos sugieren una presunta conspiración que une a Bin Laden y la agencia de inteligencia norteamericana en un plan secreto, para algunos, de control mundial, y el punto de partida sería una justificada intervención bélica en Oriente Medio.

Siguiendo el hilo del párrafo anterior, resulta sospechoso cómo todos los políticos norteamericanos que se han involucrado en el conflicto de Oriente Medio son miembros de una organización cuya sede en Manhattan es considerada por expertos en criptología como una de las oficinas centrales del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), uno de los “tentáculos” de poder para hacerse del control mundial. Esto parece un delirio, pero lo cierto es que muchos personajes de la escena política norteamericana, como Henry Kissinger, desfilan por la lista conocida de miembros. Un nombre que también hallamos en los documentos, y que no podemos pasar por alto, es el de Henry Seigman, presidente del Congreso Judío Americano, que ejerce una influencia muy respetable en Israel.

La relación entre Israel y el foco de tensión en Afganistán está entroncada con disputas ideológicas y de territorio. Desde el conflicto de Pakistán y la India por Cachemira —ambos con armas atómicas e involucrados de forma indirecta en las recientes operaciones militares— y las peligrosas armas químicas de Irak, posiblemente el siguiente objetivo de los bombardeos, y la propia Intifada Israelí-Palestina, se puede pensar que con todo este panorama se pretende encender la mecha del polvorín. Si ello ocurriese, Estados Unidos intervendría con una fuerza de coalición para establecer el orden y sin lugar a dudas dictar nuevas normas de desarrollo. ¿Será el inicio del supuesto Nuevo Orden Mundial? Con el papel de víctima terrorista luego del atentado del 11 de septiembre, Estados Unidos se ha visto respaldado por diversas naciones del mundo para iniciar lo que ellos denominan “Operación Libertad Infinita”. Recordemos tan sólo las detonantes palabras del secretario de estado, Colin Powell, al afirmar que podrían “desaparecer países y aparecer otros...”

Volviendo a los incidentes del 11-S, para muchos analistas es difícil de creer que Estados Unidos haya sido tomado indefenso. Entre el primer vuelo que se estrella en una de las Torres Gemelas y el segundo impacto transcurren 18 minutos. Conociendo de antemano la tecnología satelital que posee Estados Unidos, y que puede penetrar la estructura de una casa, fotografiar nuestro cabello, e incluso verificar si tenemos caspa, ¿cómo es posible que no se haya detectado a tiempo el atentado? ¿Un nuevo Pearl Harbor para incursionar en otra “guerra”? Para estremecernos un poco más, una versión que circula en estos momentos, sostiene que invisibles llamadas telefónicas habrían alertado a ciertos trabajadores del World Trade Center de los atentados. Obviamente, quienes fueron avisados, no asistieron a sus labores aquel día.


¿Cómo es posible que el controvertido juego “Illuminati”, creado en Estados Unidos en 1996, haya descrito los atentados del 11-S?


El impacto en el Pentágono no se queda atrás. Hasta el momento no hay ningún testigo que haya reportado un boeing estrellándose en el símbolo militar de Norteamérica. Sin embargo, los controladores de Dulles captaron en sus pantallas un eco de radar que correspondía más bien a un objeto pequeño y de gran maniobrabilidad, como si se tratase de un misil…

A estas alturas, es difícil precisar ante qué nos encontramos. Sin embargo, los indicios son numerosos, y los hechos desconcertantes acentuados. Hay algo que no sabemos. Y quizá solo el tiempo, tarde o temprano, nos permitirá desvelar este misterio que hoy compromete la estabilidad del planeta.No dejemos de mirar con atención todo cuanto ocurra en Oriente Medio y el mundo.

*Este artículo, revisado y corregido, fue publicado originalmente en octubre del 2001 (Enlace Cósmico 24).