martes, 2 de diciembre de 2008

1947 y los OVNIS Un expediente revisitado


“Los OVNIs existen, y son naves extraterrestres”.
J.Allen. Hynek
Astrónomo y asesor de la
Fuerza Aérea Norteamericana

Diversos investigadores coinciden en que la “Era Moderna de los Ovnis” se inició en 1947. A partir de esa fecha, las más poderosas Fuerzas Aéreas del mundo escudriñarían los cielos bajo una premisa urgente: develar la identidad de aquellos objetos no identificados. Y no era la primera vez que los veían. Ya en la primera Guerra Mundial, aquellas esferas de luz se desplazaron en medio de zonas de combate alertando a los pilotos. ¿Qué eran? ¿Las posteriores conclusiones del proyecto Blue Book de la USAF norteamericana, que sostiene que el mayor porcentaje de observaciones ovni tiene explicación, son ciertas? Hagamos un repaso de cómo se inició todo esto, echando una mirada a los primeros avistamientos, al controvertido caso Roswell, los primeros encuentros cercanos y, sin duda, la posterior conspiración del silencio…


El incidente que lo inició todo
24 de junio de 1947: Kenneth Arnold, a bordo de su avioneta privada, sobrevuela la altiplanicie de Monte Rainer (Washington). Son las dos de la tarde.

De pronto, “algo” le saca del estado de paz que disfrutaba en aquellas alturas. Un brillante fulgor se había reflejado en su aeronave. ¿Qué pudo ser? El aire estaba tranquilo, y el cielo era tan diáfano como el cristal. Inquieto por aquel resplandor, Arnold escudriña su alrededor para hallar, desconcertado, una formación de nueve objetos volando sobre la ladera septentrional izquierda del Monte Rainier. Aquellos objetos se movían a gran velocidad. Cada dos o tres segundos, algunos descendían o cambiaban ligeramente el rumbo. El Sol se reflejaba brillante en ellos. ¿Aviones? No. Arnold se sorprendió al ver que se desplazaban sin problemas muy próximos a la cima de la montaña (insólito y arriesgado para los aviones); además, no guardaban la estructura típica de un avión. Ni siquiera tenían “cola”.

A su regreso, el piloto decidió dar su testimonio a los medios de comunicación, describiendo el movimiento de los objetos como “guijarros arrojados sobre la superficie del agua”. El periodismo, haciéndose eco de la observación, llamó “platillos volantes” al enigma que estaba inquietando los cielos de EE.UU.

Kenneth Arnold no fue el único en vivir esta experiencia. He allí el punto.

Hay que anotar que cientos de personas, de diferentes estados de Norteamérica, llamaron perplejas a diversas dependencias gubernamentales —incluso hasta los bomberos— para dar aviso de objetos extraños que estaban “violando el espacio aéreo” de los EE.UU.


A sólo dos años de haber concluido la Segunda Guerra Mundial, la actitud de la gente era comprensible. Pero no eran naves alemanas o prototipos militares secretos.

Por la seriedad del fenómeno, la Fuerza Aérea Norteamericana (USAF) decidió investigar lo que hoy en día numerosos ufólogos denominan “la primera gran oleada ovni”. Hay que recordar que para su estudio, los militares norteamericanos reemplazaron el término de la prensa amarillista “platillos volantes” por el de ovni (de las siglas en inglés UFO), denominando Objeto Volante No Identificado a los reportes de aeronaves desconocidas. Luego se percataron de que el fenómeno era mundial, y que se estaba incrementando.

Indicios anteriores a 1947
Si bien es cierto, 1947 se constituyó en un año “clave” para marcar el inicio de una oleada de avistamientos y contactos, estas experiencias, como sabemos, vienen sucediendo en nuestro mundo desde hace miles de años. Y no exagero. Por ejemplo, hay que tener en cuenta que existe evidencia de “ellos” en antiguas pinturas rupestres, son mencionados además en antiquísimos textos sagrados, y amén de una variedad de cerámicas o tallados en piedra que también representan a aquellos hombres que llegaron del cielo. Pero para muchos, aún existe la controversia.

No obstante, hoy en día, con la aparición de la cámara fotográfica, y posteriormente la llegada de las cámaras filmadoras, el testigo contará con una herramienta contundente para avalar su testimonio. Y no porque el testimonio no sea importante.

En materia de leyes, por la declaración de un testigo, se puede encarcelar a una persona, privándola de su libertad. ¿Por qué entonces no se toma con mayor seriedad el testimonio de cientos de miles de personas que afirman haber visto un ovni? Sencillamente porque es difícil de aceptar. “Aquello” no pertenece a nuestro entorno habitual. Aunque está allí…



Paradójicamente, la primera fotografía conocida de un ovni fue lograda por un astrónomo —así como se lee— el 12 de agosto de 1883. La logró el Dr. José Bonilla, cuando se encontraba estudiando el Sol desde el observatorio de Zacatecas, en México. Bonilla retrató una serie de objetos alargados que se desplazaban en el espacio. Hechos como este son una verdadera bofetada al escéptico que muchas veces ha dicho: “si en realidad existen los ovnis, ¿por qué los astrónomos no los han visto y fotografiado?” Hay que informarse mejor. Personalmente, conozco muchos casos modernos similares al de José Bonilla. Pero no todos se atreven a dar a conocer sus descubrimientos por cuidar su prestigio profesional.

Antes de 1947, y contando una vez más con astrónomos como testigos, se dio otro importante incidente ovni. El 9 de febrero de 1913, en pleno Observatorio Astronómico de Toronto (Canadá), los hombres de ciencia allí reunidos contemplaron el paso de un objeto brillante, de intenso color rojo, dirigiéndose del norte hacia el este y con un movimiento paralelo al horizonte. Lo asombroso de este avistamiento es que acto seguido aparecieron otros objetos, volando en grupos de dos, tres y cuatro cuerpos.

También antes de 1947 se registraron las primeras fotografías de los llamados “foo-fighters” o “cazafantasmas”, particularmente a partir de 1930 en que las observaciones se incrementaron. En la Segunda Guerra Mundial, se les dio aquel término a las extrañas bolas de luz que tanto pilotos alemanes como aliados observaron atónitos.

Y aunque los norteamericanos llegaron a pensar que aquellas esferas volantes eran armas alemanas secretas, al concluir la guerra, unos y otros quedaron extrañados al constatar que las supuestas “armas secretas” no pertenecían a ningún ejército…

Esas esferas volantes son conocidas por nosotros bajo el nombre de “caneplas”. Son una suerte de “ojo electrónico” de las naves mayores, como si a través de ellas pudiesen observar todo cuanto sucede en nuestro mundo sin arriesgar la presencia de sus vehículos tripulados. Las caneplas generalmente son pequeñas, similares en dimensiones a un balón de fútbol. Incluso pueden materializarse dentro de un espacio cerrado, como una casa, o “atravesar” una pared alterando la densidad de su estructura. De hecho, se pueden hacer invisibles. Cuando se dejan ver, lucen como intensas luces rojas o naranjas. En algunas ocasiones como esferas blancas muy sólidas. Es una tecnología que escapa a nuestra imaginación.

Pero el incidente ovni que “puso en jaque” a fuerzas militares vendría después. Y a sólo una semana del avistamiento de Kenneth Arnold.

La nave de Roswell
Nuevo México, 2 de julio de 1947: una extraña explosión sobresale en medio de la tormenta eléctrica que envolvía la región. Mac Brazel, administrador del rancho Foster —situado entre Roswell y la ciudad de Corona— escuchó alarmado aquel estallido.

A la mañana siguiente, el hacendado se llevó la mayor sorpresa: una zona de aproximadamente un kilómetro de longitud, estaba sembrada de restos de un material que, cuando se doblaba, se volvía a enderezar espontáneamente. ¿Qué era aquello? Por si fuera poco, también había trozos “metálicos” que tenían grabados unos extraños símbolos de color azul. Esas viguetas eran tan livianas como la madera de balsa, y no podían romperse ni quemarse.

Ante este panorama, Brazel decidió tomar unas muestras y llevarlas a la cercana base militar de Roswell —a unos 120 Km. de allí—; inclusive el Sheriff George Wilcox se interesó en el caso al enterarse y notificó también a los militares.

Luego de que el comandante Jesse A. Marcel y Sheridan W. Cavitt —un oficial de contraespionaje— inspeccionaron el lugar y tomaron los restos, el Coronel William Blanchard, sorprendido, ordenó comunicar a la prensa —a través del teniente Walter Haut— que habían hallado los restos de un “platillo volante”. La noticia impactó. Y no era para menos: El Grupo 509 de Bombarderos de la Octava Fuerza Aérea se hacía cargo de esa afirmación.

Era el inicio del escándalo.

Pocas horas después, cuando ya la noticia del objeto recuperado había trascendido internacionalmente, un desmentido oficial es emitido desde la comandancia de Fort Worth, exhibiendo otros restos e identificándolos como pertenecientes a un globo metereológico (!). No se trataba de un vehículo de otro mundo y mucho menos, sino de un globo militar (ver imagen al lado, donde el comandante Marcel sostiene la pretendida evidencia). No hay que olvidar que el propio hacendado del Rancho Foster, Mr. Brazel, se sintió estafado, pues en numerosas ocasiones ya había caído globos en su rancho —la Fuerza Aérea otorgaba en aquel entonces una “recompensa” de 5 a 10 dólares por los restos hallados de esos globos—, sin embargo, lo que se encontró estaba muy lejos de ser un globo… ¿Por qué lo desmintieron?

Mientras todo se prestaba para una gran confusión, lo cierto es que el comandante Marcel había recibido la orden de embarcar los restos del presunto platillo volador en un B-29 y trasladarse con ellos a Wright Field, la actual base militar de Wright-Patterson, en Ohio. A la mañana siguiente se aisló la zona del impacto.

La limpieza del rancho Foster y de sus alrededores, duró una semana. La búsqueda de restos se amplió y, dos días más tarde, se encontró el elemento principal del presunto “platillo volador”. En realidad, el aparato no tenía forma de disco, era un cuerpo triangular similar a un “ala delta”. Lo inquietante es que a sólo 1.600 m de éste, aparecían los cadáveres de unos pequeños seres… El asunto se complica: no sólo se trataba de un artefacto desconocido, sino que había cuerpos. Y estos —he aquí el “detalle”— no eran humanos.


Los nuevos escombros, y los cuatro cadáveres de aquellos pequeños seres humanoides, habrían sido llevados al Hospital Militar de Roswell. Posteriormente se presume que fueron trasladados por avión a la Base de Forth Worth y luego a Ohio para ser sometidos a exámenes científicos.

Luego de todo esto, sólo un profundo y aplastante silencio.

Hasta la fecha, a más de 50 años desde el incidente, muchos ciudadanos norteamericanos consideran que la Fuerza Aérea ocultó la verdad de lo que sucedió en Roswell. Prueba de ello es que se han presentando demandas por congresistas norteamericanos —entre ellos el ex astronauta John Glenn— presionando al Gobierno para que libere documentos clasificados relativos al caso Roswell y a otros incidentes ovni. Es verdad que algunos papeles oficiales salieron a la luz, pero la mayoría de ellos borrosos o, peor aún, censurados.

Se piensa, y con argumentos sólidos de base, que a partir del caso Roswell se ha intensificado una política de ocultamiento e intoxicación de información relativa a los ovnis y su connotación extraterrestre. Quizá porque “alguien” o “algo” considera que la humanidad no está preparada para esta revelación, o sencillamente para mantener al mundo en medio de la ignorancia. Es decir: poseer una información que los demás no tienen, es sinónimo de poder. Y es que hasta han circulado versiones que acusan a la Fuerza Aérea de Estados Unidos de haberse “aprovechado” de la tecnología recuperada en Roswell. Aunque es difícil constatarlo, sin duda Roswell no fue el único incidente en que una nave se estrella en nuestro planeta.

¿Y por qué se estrelló?

La explicación —no menos sorprendente, advierto— está en la llamada “cuarentena planetaria”. Las naves que se han estrellado en nuestro mundo habrían sido alcanzadas por el bloqueo de protección. Probablemente la nave que impactó en Nuevo México —otros investigadores hablan de dos naves recuperadas— fue derribada por la Confederación de Mundos de la Galaxia al ver que no venía con buenas intenciones a nuestro planeta.

Esto quiere decir que la “Guerra de los Dioses”, de alguna forma, continúa, casi como un remedo de los antiguos relatos de la India que mencionan a las vimanas disparando proyectiles de energía.

Pero, ¿por qué el “retorno de los dioses” parece hallarse fechado en 1947?

1947: un año “programado”
Existen algunos hechos por demás simbólicos a tener en cuenta. El avistamiento de Arnold ocurrió un 24 de junio, que es la fiesta solar más importante de los incas: el Inti Raymi. Según la creencia, es como esperar un nuevo año, un ciclo diferente. 1947, a dos años de haber concluido la Segunda Guerra Mundial, fue también un momento de importantes decisiones: entre ellas se estaba fortaleciendo la recién creada Organización de las Naciones Unidas, y se planificada el establecimiento del Estado de Israel a través del voto de 33 naciones a favor. Hay que tener en cuenta que tanto la ONU como Israel se encuentran en medio de numerosas profecías.

Tampoco hay que olvidar de que en 1947 se produce el descubrimiento de los famosos Rollos del Mar Muerto. Sus detonantes revelaciones han brindado grandes luces sobre antiguos enigmas cristianos, incluyendo la persona de Jesús… Pero sigamos.

El navegante noruego Thor Heyerdalh, se suma a esta lista de hechos significativos de 1947 al poner a prueba, exitosamente, su hipótesis de la navegación en tiempos remotos haciendo un viaje desde Perú hasta la Polinesia, a bordo de su célebre balsa “Kon Tiki”.

En otra región de la Tierra, el Almirante norteamericano Richard Byrd se hallaba involucrado en una expedición diferente: la operación secreta “High-jump” (“Salto Alto”) en la Antártida. Hasta la fecha aun se mantiene el misterio de esta exploración militar al continente blanco que contó con la participación de 4.000 hombres apoyados con portaviones y poderosos submarinos.

Por otro lado, ese mismo año, se pone en marcha el denominado “Plan Marshall”, destinado a la reconstrucción de la posguerra. Rusia convoca a la Conferencia de Varsovia a los países de su zona de influencia. También comienza la “Guerra Fría” con los EE.UU.

Y un acontecimiento clave más: ese año India y Pakistán obtienen su independencia de Inglaterra.

En el campo científico, es importante mencionar que en 1947, por primera vez, un avión rompe la barrera del sonido. Lo logró el avión cohete Bell X-1. Durante ese año, en los laboratorios de la corporación Bell Telephone, se desarrolla el transistor, un micro dispositivo ideado sobre la base de las propiedades semiconductoras del silicio y el germanio. Este sería un paso decisivo para la electrónica, pues se posibilitaba la rápida iniaturización de los equipos mejorando además su eficiencia. No pocos investigadores sostienen que Bell Telephone se benefició de la ciencia presuntamente recuperada del ovni estrellado en Roswell…




1947, debo añadir, fue también el inicio de una nueva era astrológica. De acuerdo a algunos estudiosos, la humanidad empezó a ingresar a la llamada Era del Acuario desde ese año. Todo esto se basa en la llamada “Precesión de los Equinoccios”, un ciclo de 25.920 años generado por el movimiento de peonza de la Tierra. Los estudiosos dividen en 12 etapas de 2.160 años ese ciclo o “Año Astrológico”. Cada una de esas etapas, o “Eras”, marca una influencia distinta. Supuestamente, acabamos de salir de la Era de Piscis para ingresar a la influencia de Acuario, “El Aguador”, que representa la purificación de la humanidad y el acceso al conocimiento. Como fuere, es curioso de que la Oleada Ovni de 1947 haya “coincidido” con el inicio de esta Era astrológica y todos los acontecimientos que empezaron a sucederse en el mundo. Pareciera que todo hubiese sido “planeado” desde lo alto…


Los primeros encuentros cercanos
El panorama que observamos se tornará más complejo. Sumándose a la inquietante oleada de observaciones de ovnis y a la recuperación de una presunta nave extraterrestre en Nuevo México, se iniciaba también el fenómeno de los encuentros cercanos.

De acuerdo a la investigación de uno de los más importantes astrónomos del mundo, el Dr. J. Allen Hynek, que asesoró a la Fuerza Aérea de EE.UU. en proyectos de investigación militar de los ovnis, como fue el caso del Proyecto Signo y el famoso Proyecto Blue Book (Libro Azul), existen tres tipos de encuentros cercanos:

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Primer tipo:
El avistamiento del objeto volador no identificado.

Segundo tipo:
Evidencia física relacionada a la presencia del objeto, como emisión de energía, huellas o marcas de aterrizaje.

Tercer tipo:
La observación de entidades relacionadas al objeto. Avistamiento de los supuestos tripulantes.
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Hynek, quien en una carta abierta al editor de la revista Sciense —fechada el 1 de agosto de 1968— criticó al cuerpo científico de EE.UU. por no investigar adecuadamente el fenómeno ovni, “creó” esta tipología de encuentros cercanos que, con los años, ha sido ampliada por otros investigadores. Hoy en día se habla de encuentros de cuarto y quinto tipo, siendo el primero el acceso del testigo al interior del objeto y la otra tipología para describir el viaje a bordo de estas naves “no-humanas”.

Pocos saben que el Dr. Hynek asesoró a Steven Spielberg —sobre la base de casos reales— en la realización de la película “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”. Más que una película de Ciencia- Ficción, fue un documento fílmico.

Y lo que viene aquí tampoco fue una inocente película.

A fines de los años 40, un hombre afirmaría estar viviendo una experiencia de contacto con civilizaciones extraterrestres. George Adamski, un ciudadano norteamericano de origen polaco, no sólo había logrado una de las primeras fotografías claras de un objeto volador ajeno a nuestros conocimientos (1948), sino que, además, sostenía haberse entrevistado con sus tripulantes. Luego de los primeros avistamientos, llegaría el primer contacto físico.

El 20 de noviembre de 1952, en el desierto de California, Adamski entró en contacto con un ser de aspecto humano llamado Orton. Aquel visitante extraterrestre —de acuerdo al relato— guardaba una estatura normal y porte atlético; llevaba un enterizo y mostraba unos largos cabellos rubios que armonizaban con su mirada dulce y serena. Todo este incidente ante seis testigos.



“…La belleza de su figura sobrepasaba la de cualquiera que hubiera visto antes. Y la amabilidad de su cara me liberó de todo pensamiento de mi propio yo. Me sentí como un niño en presencia de alguien con una enorme sabiduría y gran amor, y me hice muy humilde conmigo mismo... puesto que de él estaba irradiando un sentimiento de infinita comprensión y dulzura, con extrema humildad.

Me hizo comprender que su llegada era amistosa. También que ellos estaban preocupados con la radiación saliendo de nuestra Tierra. Le pregunté si esa preocupación era debida a las enormes nubes radioactivas resultantes de nuestras bombas. Él lo comprendió rápidamente y asintió afirmativamente con su cabeza”.

George Adamski en su libro “Flying Saucers Have Landed”


Los contactos continuaron. Y Adamski, un astrónomo aficionado y por ende un acucioso observador del cielo, reunirá una importante colección de fotografías —la mayoría de las ocasiones tomadas desde las proximidades del Observatorio de Monte Palomar— y filmaciones de las supuestas naves de los seres que le contactaban.

A pesar de que algunas de estas evidencias han sido cuestionadas recientemente —que filmaba maquetas o tapas de aspiradora, o que, por si fuera poco, había registrado a prototipos militares secretos surgidos en la Alemania nazi— lo cierto es que muchas de las afirmaciones de Adamski fueron contrastadas con exactitud con el correr de los años. Entre ellas, describió el cinturón magnético de Van Allen antes de ser observado por nuestros astronautas. También hay que anotar que entre los años 1952 y 1968 fueron vistos “extraños seres humanos”, “de apariencia muy bella”, similares a la descripción original de George Adamski.



Otro hecho extraño en torno a este caso, es que militares del Laboratorio de electrónica de la Marina de Punta Loma —cerca de San Diego— le pidieron al contactado su “cooperación” en la obtención de fotografías de naves extrañas. No en vano Adamski llegó a fotografiar, exactamente el 5 de marzo de 1951, lo que hoy en día se denomina una “nave nodriza”. Fue el primero en hacerlo. En nuestros días se sabe que estos grandes objetos, generalmente con forma tubular o de “cigarro”, han sido detectados por radares y barreras electrónicas tanto de la OTAN como del Pacto de Varsovia.


Una fotografía célebre de la época: George Adamsky y el contactado norteamericano Daniel W. Fry.




Si Adamski no gozaba —como algunos han dicho— de credibilidad, queda en el aire su impacto en grandes personalidades, con quienes se entrevistó, como ocurrió con la Reina Juliana de Holanda, en 1959. Tampoco hay que olvidar de que el Papa Juan XXIII le entregó una medalla honorífica en 1963. Y a su muerte —para cerrar con “broche de oro”— Adamski fue enterrado en el cementerio de los héroes nacionales de Washington (?). Al igual que otros “contactados” de la antigüedad, como Enoch o Ezequiel, Adamski es considerado el primer testigo de encuentros cercanos del Siglo XX. Ahora bien, hay que diferenciar estos casos de contacto —donde se produce un acercamiento fraterno con los visitantes estelares— de las llamadas “abducciones”, término que se emplea para definir el rapto de seres humanos por parte de entidades extraterrestres. Este punto es más que enrevesado, pues independientemente de los casos reales que se han investigado, existe una estrategia de confusión por parte de secretas agencias gubernamentales para desprestigiar el fenómeno ovni y alejar el interés de la opinión pública en torno a ello.




El primer caso documentado de abducción sucedió en 1961, cuando Betty y Barney Hill volvían de Canadá a los EE.UU. a bordo de su automóvil. Luego de ver una neblina extraña, luminosa, la pareja sufrió una amnesia lacunar, perdiendo un espacio de tiempo de lo que habían vivido. Frente a este episodio fueron sometidos a una hipnosis regresiva por el psiquiatra Benjamín Simon. Así se supo que en aquel “tiempo perdido” el matrimonio Hill habría sido llevado al interior de una nave extraterrestre donde pequeñas criaturas —muy similares en apariencia a las del caso Roswell— los sometieron a una suerte de “exámenes médicos”.


La pregunta es inevitable: ¿vienen todos con las mismas intenciones?
Si aquellos pequeños seres están realizando experimentos genéticos con seres humanos, se entiende la actitud de la Confederación de Mundos de la Galaxia de derribar sus naves si fuera preciso, como vimos en el caso del incidente Roswell —y no olvidemos, hay otros tantos casos más—; sin embargo, queda pendiente el por qué de esos experimentos “médicos”.


Puedo adelantar aquí que, por una parte, de los casos reales de abducción a manos de entidades no humanas, se perseguía con ello la creación de cuerpos o “envases biológicos”, para que una raza antigua de seres extraterrestres que arribó hace 25,000 años a la Tierra —y que en la actualidad no tienen cuerpo físico— puedan escapar a sus mundos de origen. Desde luego, soy conciente que todo esto suena demasiado increíble. Pero es así. Y por otra parte, ajeno a lo anteriormente descrito, debo aclarar que no todos los casos de abducción fueron reales: muchos de ellos han sido resultado de aquella política de intoxicación de información. Ello incluye —aunque también suene difícil de aceptar— a los propios medios de comunicación, desde las series de TV al cine, que muchas veces —salvo raras excepciones— distorsionan el propósito real de la visita extraterrestre. ¿A quién o a quiénes les interesa mantener a la humanidad lejos de estas informaciones? ¿Y Por qué?




A servicio de esta verdadera campaña de desinformación, se encuentran las más terribles estrategias que el lector se pueda imaginar.

Esbozaré un claro ejemplo.

MK Ultra
Inicialmente denominado Proyecto BLUEBIRD —concebido para contrarrestar los avances soviéticos en tecnologías de lavado cerebral—, el súper secreto MK-ULTRA se daba inicio en los EE.UU. el 13 de abril de 1953. Se trataba de un programa ofensivo de control mental que reunía a divisiones de inteligencia del Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y el FBI. A pesar de que el mentor de este proyecto, el ex director de la CIA, Richard Helms, ordenó la destrucción de toda la documentación existente en 1973, por suerte muchos documentos sobrevivieron a causa de un mal archivado y vieron la luz poco tiempo más tarde. Por ello sabemos que el MK ULTRA era considerado como un “paraguas” de otros 149 “sub-proyectos”.

Uno de los principales objetivos en común era lograr una técnica de lavado de cerebro que convirtiera a determinados individuos en mensajeros o espías, sin que ellos lo supieran… Por si esto fuera poco, también podrían convertirse en terroristas que acometieran acciones que le supusiera algún beneficio al proyecto. MK ULTRA, en suma, habría concentrado todos sus esfuerzos para lograr controlar a las personas. Lejos de ser sólo técnicas de control mental o “guerra psicotrónica” —surgida en los momentos más álgidos de la Guerra Fría— este proyecto invirtió mucho en la investigación de implantes, un fenómeno usual en el caso de los supuestos abducidos por seres extraterrestres…

Por ejemplo, el Dr. José Delgado —un neurofísico de la Universidad de Yale— descubrió que mediante el implante de una sonda en el cerebro era posible ganar enorme poder sobre el control de una persona. Esta sonda operaba por ondas de radio de FM, pudiendo inducir un sinnúmero de emociones humanas “a distancia”. El Dr. Delgado anunció que sus hallazgos demostraban la desagradable conclusión de que el movimiento, emociones y conducta pueden ser dirigidos por fuerzas eléctricas. Es sumamente inquietante notar que en numerosos casos de abducción el testigo afirma haber visto a los supuestos extraterrestres portando una vulgar jeringa en la mano (?). Está demás detallar que luego la introducirán en el abducido para depositar “algo” en su cuerpo. De hecho muchos creen que así les pusieron los famosos implantes. Y aunque hay algunos de ellos que merecen su atención —por cuanto el material del que están hechos escapa a nuestro conocimiento científico— hay otros que están muy lejos de pertenecer a una tecnología extraterrestre…

Es difícil sacar conclusiones. Pero lo cierto es que el proyecto MK ULTRA existió. Y seguro existen otros experimentos modernos, súper secretos, y que podrían explicar un porcentaje de los casos más desconcertantes que han rodeado a los encuentros ovni. Para ir al grano, hubo casos de “abducciones” humanas para realizar experimentos. Algunos piensan —y con cierta razón— de que el controvertido proyecto del Verichip (un implante del tamaño de un grano de arroz que puede portar todos nuestros datos personales), es la consecuencia de los primeros pasos del MK ULTRA por lograr un control preciso y seguro en grandes poblaciones. Sé que suena exagerado. Pero sin ir muy lejos, a través de la creciente red de internet —en realidad ideada originalmente como una herramienta de comunicación militar—se puede acceder a datos y archivos de cualquier persona en el mundo, invadiendo su propia computadora sin que el usuario se percate de ello. Y sin duda, estas estrategias de control surgieron luego de la Segunda Guerra Mundial y fueron aplicadas a la problemática ovni.

Sin embargo, quienes realmente se hallan detrás de esta conspiración increíble por mantener alejada a la humanidad de ciertos conocimientos —como la identidad de los ovnis—, no son ni las poderosas dependencias militares, ni los gobiernos de las naciones más poderosas del mundo. Eso sí, todos sirven, conciente o inconscientemente, a ese grupo poderoso, que en la sombras teje los acontecimientos mundiales más impensables.

Es inevitable hablar de ellos, ya que su origen, en realidad, no se encuentra en el planeta, sino en lejanas estrellas del Universo. Y actualmente están intentando controlar nuestro mundo.

Pero ese es otro tema que veremos más adelante…
Este artículo ha sido extraído y adaptado del libro "Nuestros Lazos Extraterrestres", de Ricardo González.