martes, 2 de diciembre de 2008

El Camino de un Grupo de Contacto


Mensajes de otros mundos en manos de hombres

Los primeros grupos

Desde los primeros casos de contacto de la hoy denominada “Era Moderna de los Ovnis”, como el célebre avistamiento del piloto norteamericano Kenneth Arnold en 1947, y el posterior testimonio de encuentro cercano de tercer tipo del astrónomo aficionado George Adamsky, se han seguido produciendo incidentes ovni importantes. Sin duda, uno de los casos más interesantes —y controvertidos— del estudio de los no-identificados es la comunicación con los presuntos tripulantes de los mal llamados platillos volantes. Se sabe que ello habría ocurrido a lo largo de la historia humana. Pero no sólo se trata de testimonios solitarios. A partir de los años 50 surgieron grupos organizados que afirmaban estar en contacto con seres extraterrestres, quienes les entregaban importantes informaciones sobre la historia humana y el destino de la Tierra, mensajes de un alto contenido espiritual que explicaba su visión de la vida, y en algunos casos aportes secretos para descubrimientos científicos.


Algunos de estos grupos eran pequeños, y su contacto era fundamentalmente telepático. Pero recibieron poderosas informaciones que con el tiempo se transformarían en verdaderos libros de estudio, tanto por quienes aceptan la vida extraterrestre como por quienes aún mantienen sus dudas. Es el caso, por ejemplo, del Libro de Urantia, un texto “dictado” por seres superiores que encierra la historia del planeta y el orden del Universo. Son más de 2,000 páginas —en letra pequeña, impresa en papel Biblia— que describen episodios desconocidos de nuestro proceso humano, haciendo un especial énfasis en la misión de Jesús. Y aquí debo hacer un importante paréntesis.

La presencia de grandes maestros espirituales dentro del sistema de creencias de los grupos de contacto extraterrestre, ha confundido tanto a quienes observan con recelo desde afuera como a quienes participan desde dentro. Probablemente, ello ocurre al mezclarse figuras de profundo valor religioso en un escenario en donde se habla de vida extraterrestre. Personalmente he aprendido a separar el aporte de grandes seres humanos como Jesús, Buda o Moisés de las grandes religiones, y he comprendido también que nuestra historia antigua, e inclusive los inicios de más de un culto religioso, está entroncado con la visita de seres de otros mundos en una época remota. El punto aquí es discernir cuándo se cruza la línea entre la comprensión de estas informaciones, y cuándo terminamos importando nuestras creencias religiosas al interior de nuestra experiencia de contacto o grupo esotérico. Hay una línea muy delgada entre un lugar y otro.

Y he aquí la primera enseñanza: Muchas veces, la información puede ser interesante y profunda, reveladora y trascendental, pero su aplicación dependerá en gran medida de la comprensión y madurez de quienes la estudien.

Hubo casos de grupos que afirmaban estar en contacto con seres de otros mundos en donde se terminó confundiendo el misticismo con las formas religiosas. Lo preocupante es que el mensaje recibido fue el principal afectado con todo esto. En décadas pasadas era común observar un patrón catastrofista, tremendamente religioso, en el discurso de algunos contactados. Es cierto que la terrible guerra fría —una tensión internacional que germinó luego de la caída de Alemania en la segunda conflagración mundial y el creciente poder de los Estados Unidos y la Unión Soviética— impulsó este tipo de mensaje, que aunque resulte difícil de aceptar, en su origen, era auténtico, una real advertencia de que si no hacíamos nada para cambiar la humanidad corría un riesgo gravísimo. Pero no tenía tintes de salvación para unos, y la perdición para otros. Tampoco tenía sentido aquello de que la humanidad no albergaba esperanza y que el “fin del mundo” ocurriría inexorablemente en tal o cual fecha. Todo ello, sin duda, fue cosecha humana. Quizá producto del miedo. O de intentar convencer a los demás de un cambio de conciencia a través de una amenaza. Es duro escribir esto, pero estas cosas han sucedido y es importante tenerlas en cuenta para no confundirnos y así evitar la confusión de los demás.




Con los años aprendí que la experiencia de contacto no es importante en sí misma, sino su aporte y enseñanza. En otras palabras, el mensaje.

Un mensaje que debe ser positivo y de alternativa, que debe encerrar esperanza y alentar nuestros pasos hacia un futuro mejor. Por esta razón el papel de los testigos de contacto es fundamental, pues serán ellos los “vehículos” de la información recibida.

Aquí nos encontramos con otro punto a tener en cuenta: la responsabilidad del mensajero.

La diferencia entre el mensajero y el mensaje

En todos los casos en que han surgido grupos de contacto, desde las pequeñas reuniones a los grandes movimientos que involucraron a cientos de personas, ha resaltado la figura de un líder o un grupo de líderes. Generalmente son las personas que tuvieron mayor aproximación con el fenómeno. Esta situación las pone en el ojo de la tormenta pues cada paso que den hará caminar al grupo, y cada tropiezo podría ser también un duro golpe para el colectivo. Más aún si es una sola persona la que recibe la información o vive las experiencias, sin oportunidad de contrastar lo que recibió con el aporte de otros testigos del grupo. Es peligroso cuando todo se centra en una sola persona.

Como fuere, el mensajero debe mantener siempre presente de que es tan sólo un testigo de otra realidad, y que ello no le hace “especial” ni “fuera de serie”; es decir, que no es diferente o más evolucionado que los demás. Aunque muchos contactados dicen ser concientes de ello, y hasta lo expresan abiertamente en sus conferencias públicas, en la práctica, sin darse cuenta, se comportan así. Y muchas veces es el grupo que le rodea el que no le ayuda, pues terminan elevando la figura y depositan en ella todas sus expectativas. Incluso, las espirituales. Aunque parezca increíble, muchos le seguirán incondicionalmente, pese a todo, y no pocos evitarán dar un paso si no tienen la aprobación de la cabeza del grupo. A esta situación se le conoce como “dependencia”.


Los Maestros espirituales suelen decir:

1. Un verdadero maestro no genera dependencias. Procura formar nuevos maestros y no más discípulos permanentes. Su misión no está en alentar seguidores, sino conciencias libres.

2. Un verdadero maestro es humilde por naturaleza. No es perfecto, a pesar de su conocimiento. Puede equivocarse en su sana intención, pero también reconoce el error y lo enmienda con amor y tranquilidad.

3. Un verdadero maestro no obliga a aceptar sus enseñanzas. Ni impone su punto de vista. Sólo lo expone con amor y sabiduría. Otorga sin juicio alguno el conocimiento y deja que los oídos que están listos para escuchar, escuchen.

4. Un verdadero maestro es coherente en sus actos con lo que dice y enseña. Si no es así, algo no está marchando bien.
(El Decadrón)

Sobre el mensaje, la enseñanza que hemos recibido hace hincapié en que todo aquello que vivamos en el contacto, debe ser transmitido tal y cual ocurrió, sin juzgarlo, sin resistencia, sin intentar interpretar la real esencia de las cosas que se nos dieron. El mensaje tiene que llegar así: puro. Caso contrario, se prestará más atención a nuestras interpretaciones, que incluso podrían verse mezcladas con las informaciones recibidas.

Un verdadero mensajero transmite sólo el mensaje, sin alterarlo bajo ninguna circunstancia. Y comprendiendo, desde luego, que el mensaje es más importante que el mensajero. La liberación del ego y el protagonismo ante la responsabilidad de ser depositario de un conocimiento es un trabajo fundamental en el caminante. Como decía, muchos grupos que trabajan por la luz han enfrentado graves problemas al considerar que el mensajero era tan importante como el mensaje. Ello sólo ha generado problemas, divisiones, enfrentamientos, e inclusive comportamientos sectarios que nada tienen que ver con la real naturaleza de una experiencia de contacto con seres de luz. Hay que estar atentos para evitar estas cosas.

La Objetividad

Hagamos un repaso: reflexionamos en la importancia de ser cuidadosos cuando se involucran los patrones de creencia religiosos con la experiencia de contacto. Mencionamos, también, la necesidad de separar el mensaje del mensajero, y la sana recomendación de romper lazos de dependencia que sólo conducen al error. En suma, concluimos que el mensaje era lo verdaderamente importante y por ello se debían tomar todos los recaudos para que llegue puro y sin contaminaciones.

Pero he aquí otro punto importante que se desprende de todo ello: la objetividad.

Dicen los entendidos que la objetividad no existe, pero que al menos se puede hacer el intento de poseer una mente clara que vea las cosas tal como son y sopesarlas racionalmente. En otras palabras, de no perder el espíritu analítico.


Es un tema importante pues dentro de las experiencias de contacto extraterrestre fluyen afirmaciones tremendamente impactantes que muchas veces se toman a la ligera, sin mayor análisis o reflexión. Desde luego, dentro de una experiencia de contacto, que ya de por sí contiene elementos difíciles de constatar por la vía científica oficial, se debería al menos aplicar un criterio observador de las cosas que se reciben y se hacen, sin aparcar un solo instante el sentido común. Ejemplos prácticos: Si en una fotografía hay una caprichosa nube lenticular y no un objeto volador no identificado, hay que decirlo y sustentarlo. Si un mensaje es sólo una repetición de antiguas comunicaciones y no aporta nada nuevo, se debería sugerir su análisis. Si una experiencia no fue entendida o generó algún tipo duda, es sano preguntar directamente a quienes la vivieron.

El análisis debe ser respetuoso y bien intencionado. Lamentablemente a veces se pierde ese espíritu y se cae en la crítica. Mas en todos los casos, como sea, es libertad de cada ser humano expresarse, por más equivocado que esté. En síntesis la visión objetiva de las cosas no se debe perder nunca, más aún cuando un grupo afirma que está viviendo experiencias de contacto con seres de otros planos o dimensiones. No en vano siempre será el ejemplo quien hablará de la seriedad de todo lo vivido, por más increíble que resulte la experiencia.

La objetivad se alcanza no sólo con informarse, sino con los errores, los años, la experiencia. Y es apropiado aplicarlo al seno de los grupos para no perder el rumbo.

Reflexión

Hoy estamos viviendo tiempos distintos. La difusión del mensaje apunta a que debemos concentrarnos más en aperturar conciencias que en formar grupos, más allá de que éstos siempre existirán como una consecuencia de un plan superior que está puesto marcha y que no tiene final, sino etapas que se cumplen y que dan inicio a otras.

La etapa actual señala que es posible ser espiritual y analítico, que es posible ser humano y ser ejemplo de lo que recibimos. Que podemos vivir en equilibrio todo lo que nos fue dado y transmitirlo así a los demás. En realidad ese siempre fue el mensaje, sólo que ahora cobra mayor vigencia.

Formar parte de un grupo de contacto es una experiencia maravillosa y única. Pero también una gran responsabilidad, pues es desde allí donde se proyecta el mensaje.

Cuidemos nuestros pasos, que es tremenda la tarea la que cada uno tiene al ser un sol en la tierra.

Ricardo González