martes, 2 de diciembre de 2008

El Titicaca y la Puerta de Aramu Muru


En el denominado “Bosque de Piedra” de Juli, en Puno, Perú, se halla una extraordinaria puerta tallada en la roca, depositaria de numerosas leyendas y responsable de los más enigmáticos fenómenos del altiplano ―como ruidos extraños o apariciones de potentes luces― que han alcanzado pronto la atención de diversos investigadores en el mundo. Se le conoce como “Hayumarca”, término aymará que significa la “Ciudad de los Espíritus”. Posiblemente, a José Luis Delgado Mamani ―investigador puneño del mensaje andino― le debemos la difusión de la existencia de este “portal”, que en el círculo esotérico y metafísico se atribuye a la leyenda de Aramu Muru. Quizá, ¿otro sacerdote salvado de las aguas? Revisemos los antecedentes.

El Secreto de los Andes y Brother Philip


En 1961 Brother Philip publicó en Inglaterra la hoy célebre obra “El Secreto de los Andes” (disponible en castellano en Editorial Kier), un extraño libro que se adentraba en los enigmas del lago Titicaca y la existencia de un sacerdote antiguo llamado Aramu Muru, como líder de la oculta Hermandad de los Siete Rayos. Aunque en el texto Philip no menciona la Puerta de Hayumarca, sí se detiene en explicar el supuesto origen de Aramu o el “Señor Meru”, afirmando que el legendario personaje fue un antiguo guardián del conocimiento en Lemuria. Supuestamente, luego de la destrucción de su civilización, aquel ser habría emigrado a Sudamérica, concretamente al lago más alto del planeta, trayendo consigo además de los sagrados textos de su cultura, un poderoso disco de oro, un objeto sobrenatural que recuerda el famoso “Disco Solar” de los incas, que se podía contemplar en las paredes del Qoricancha antes de la conquista española.

Como fuere, el libro de Philip introdujo en los años 60 la existencia de “Aramu Muru”, la “Hermandad de los Siete Rayos”, “El Disco Solar” como elemento importante, además de mencionar lugares de poder como Marcahuasi o Paititi dentro de una red de “templos” que posee aquella esquiva estirpe de Maestros.

La controversia frente a estas informaciones, como era de esperarse, no tardó en aparecer. Y provino curiosamente del mismo lado: La Asociación Sanat Kumara, escuela de conocimiento que fuera dirigida por la contactada norteamericana Dorothy Martin ―conocida también como Sister Thedra― se incomodó por las afirmaciones del libro de Philip, pues, de acuerdo a Thedra, confundían los reales mensajes de sus “Maestros Invisibles”. De hecho, lo acusaron de ser una “copia”. De acuerdo a nuestras investigaciones, “Thedra” había sido la original depositaria de esta información cuando emprendió viaje a Perú y Bolivia en los años 50, “guiada” mentalmente por sus “Maestros”. Finalmente, luego de permanecer por cinco años en los Andes, se afirma que su aventura concluyó en un acceso físico a los “Retiros Interiores” del altiplano y, por consecuencia, a sus misterios. Producto de esta insólita experiencia en 1955 publicó el “Registro Thedra”, libro que causó un gran revuelo en diversos grupos espirituales y de contacto extraterrestre.

En una de sus nuevas ediciones, la Asociación Sanat Kumara se tomó el trabajo de publicar el siguiente párrafo en relación al texto de Philip. Cito textual:

“En 1955 estas transcripciones fueron dadas al público por primera vez. Muchas manos, muchos trabajadores en la luz ayudaron en su preparación. Desafortunadamente, este material fue recientemente plagiado y publicado en un libro titulado EL SECRETO DE LOS ANDES. Fue hecho sin autorización, sin permiso de la Hermandad de los Siete Rayos”

Philip, desde luego, era el supuesto autor del plagio. Su nombre real es George Hunt Williamson, un entusiasta norteamericano por estos temas que fue, precisamente, estrecho colaborador y hasta testigo presencial de los encuentros cercanos del contactado George Adamski. Se cuenta además que en 1957 Hunt Williamson conoció en persona a Daniel Ruzo, viajando juntos a la meseta de Marcahuasi, donde, al lado del conocido explorador Gene Savoy ―el descubridor del emplazamiento Chachapoya “El Gran Pajatén”― observaron unos extraños OVNIs en la montaña. Ante el acontecimiento, se afirma, Hunt Williamson huyó aterrado meseta abajo. No obstante a esta experiencia, publicó en 1959 “Road in de Sky”, obra que procuraba develar el misterio de humanidades desaparecidas y visitantes de las estrellas. Parte de las informaciones de este libro fueron abordadas y complementadas posteriormente en “El Secreto de los Andes”, publicado dos años más tarde y citando como no podía ser de otra forma a Marcahuasi. Es importante entender estos vaivenes en la publicación del libro de Philip pues, ciertamente, se mezclaron muchas cosas en relación al origen real de “Aramu Muru” y las funciones de la hermandad espiritual a la que pertenece. Con el tiempo, todo esto se transformó en un sincretismo de ciudades perdidas, leyendas incas, metafísica y hasta ángeles.

Comos sea, Aramu Muru, Meru o “Azur-Mah”, es un personaje real que habría existido físicamente hace miles de años atrás. Una leyenda lo conecta con la Puerta de Hayumarca: Se afirma que el sacerdote de Lemuria “desapareció” en la Puerta para esconder de los españoles el disco de oro de su civilización. Pero esta historia involucra entredichos. Por una parte, la conquista fue hace 500 años, no en tiempos post Lemurianos. Y por otro lado, hay sólidas informaciones que señalan el Qoricancha del Cusco y la huida al Antisuyo en el Siglo XVI como la vía de escape del Disco Solar a Paititi. Además, varios escritores esotéricos confunden Mu y Lemuria. Hay que decir que ambos son dos mundos distintos. El primero, evoca un presunto continente desaparecido en el Pacífico, la Kasskara de los indios Hopi, cuyos posibles restos se amparan en la isla de Pascua, Tahití, Samoa, las islas Cook, las Tongas, las Marshall, las Kiribati, las Carolinas, las Marianas, Hawai y las islas Marquesas (entre otras). De allí provendría Aramu Muru. Y, por otro lado, “Lemuria” fueron vastas tierras que, en una época remota de nuestro mundo, se hallaban unidas a África y Madagascar, cuna del ser humano, en el actual océano Índico.

Separando todas estas cosas y estudiando detenidamente la información disponible en el lugar, es inevitable rendirse a los indicios de que en el altiplano peruano boliviano hay un misterio de grandes proporciones que hasta el día de hoy no ha sido desvelado. Es importante comprender en su contexto los misterios que encierran los Andes y el Titicaca para acceder a la real naturaleza de la Puerta de Hayumarca. Echemos un vistazo.


Señales mágicas en el Altiplano

Los Andes y el lago sagrado, los guardianes gigantes (Chullpas) y los bloques de piedra de una humanidad desaparecida, son los recuerdos que evoca el intenso cielo azul de Puno reflejado en el lago navegable más alto de la Tierra. En uno de nuestros viajes a este verdadero enclave mágico, haciendo uso de un mapa y una brújula en la mismísima Puerta de Hayumarca, descubrimos que el umbral de roca apunta en línea recta a la Isla del Sol, el “punto de partida” de Manco Cápac hacia el Cusco de acuerdo a la leyenda quechua. ¿Acaso esta impronta encierra un mensaje o coordenada? No me sorprendería. Ya en 1977, la arqueóloga María Scholten de d’Ebneth, sacudió los cimientos de la academia al publicar por primera vez sus investigaciones sobre “La Ruta de Viracocha”. En dicho estudio, la señora Scholten demostró que diversos puntos arqueológicos de Bolivia, Perú y Ecuador —lugares que las leyendas marcan como “zonas de paso” del dios instructor Tecsi Viracocha— estaban magistralmente alineados con el uso de la geometría, poniendo así sobre el tapete los verdaderos conocimientos científicos de las antiguas culturas andinas. Esto resulta particularmente inquietante porque lo primero que uno se pregunta es: ¿Entonces, quién fue realmente Viracocha? ¿Otro sacerdote salvado de las aguas como Aramu Muru? ¿Ambos no serán acaso el mismo personaje? ¿Por qué determinados lugares de poder están enlazados en figuras geométricas? ¿Forma parte de un plan?


En Bolivia es bien conocida la disposición de los nevados Illimani, Illampu y el grupo arqueológico de Tiahuanaco —todos importantes centros de poder— en un sospechoso y perfecto triángulo. Asimismo, para algunos es curiosa la ubicación en “línea” del Illimani, el Huayna Potosí y el Illampu, en la Cordillera Real de los Andes. Es importante mencionar, que los grupos de contacto de Bolivia han vivido contundentes experiencias en los nevados antes citados, que son además lugares de continua actividad OVNI. Y para coronar el misterio, viejas leyendas andinas afirman que el “Gran Tajo Rocoso” o “Desaguadero”, habría sido abierto por el enigmático dios Thunupa ¾asociado también a la figura de Viracocha¾, en la playa de Chacamarca. Se piensa que el origen del Tajo Rocoso es artificial… De lo que no hay duda, es que precisamente este “tajo” permite drenar controladamente el lago sagrado y formar otros lagos menores como el Aullagas o Poopó…

El escritor e investigador boliviano, Guillermo Lange Loma, aborda con valentía estos puntos extraños del altiplano en su libro “El Mensaje Secreto de los Símbolos de Tiahuanaco y del Lago Titikaka”, señalando además los sospechosos así como impresionantes plegamientos que se observan a ambos lados del tajo de Thunupa, lo cual sugiere ese posible origen artificial. El Tajo Rocoso puede ser visto desde el espacio, al igual que el lago sagrado, lo cual tampoco sorprende porque el Titicaca es —y de esto estamos absolutamente seguros— un importante señalizador planetario.

Debo decir que la conexión se percibe cuando se pisa estas tierras. Se siente en el aire, en la vegetación, en el azul del lago, y hasta en las piedras de las ruinosas paredes presuntamente incaicas en la misteriosa Isla del Sol. Según nuestras observaciones, en la isla se encuentran numerosos túneles, que lamentablemente han sido tapados y enterrados por la superstición de la época feudal boliviana, tal como ha ocurrido también en Perú y Ecuador. Pero a pesar de ello, encontramos luego de diversas indagaciones la posible entrada —obstruida también, por cierto— del túnel que se afirma conecta con la Isla de la Luna y, por si esto fuera poco, con Cusco en el Perú. Cualquiera que ve esto, no podría evitar pensar que Manco Capac ¾el primer Inca del Imperio del Tawantinsuyo¾ y sus hermanos, viajaron al Cusco bajo tierrapara salir por las cavernas de Pacaritambo...

¿Por qué la Puerta de Hayumarca parece señalar a la Isla del Sol? ¿Si la isla esconde una entrada física, aquel túnel de más de 400 Km. de largo que mencionara el cronista Gracilazo de la Vega, Hayumarca esconde cual antípoda esotérica un acceso interdimensional como sostienen los lugareños?

Un acceso a otra realidad


En mi segundo libro, “El Legado Cósmico”, detallo las extraordinarias experiencias vividas en la hoy denominada “Puerta de Aramu Muru”, que yace frente a las apacibles aguas del Titicaca, en el lado peruano. Los testimonios que recogimos de los pobladores encajaban perfectamente con nuestras vivencias e investigaciones de este presunto acceso interdimensional que conduce a esa “otra realidad”.

El lugar esta muy cerca del pueblo de Juli. Desde la ruta que bordea al lago sagrado (que une Puno con Desaguadero) se pueden advertir sus extrañas formaciones rocosas, que convierten al lugar en un verdadero laberinto. Visitar el bosque de piedra de Hayumarca es toda una experiencia. En su silencio casi sobrenatural, en medio de sus caminos, uno siente de pronto apartarse y mezclarse en su accidentada orografía.

Este escenario es sospechosamente similar al que uno puede hallar en Marcahuasi, en la Sierra Central del departamento de Lima. También irradia la misma atmósfera de misterio.

Para nuestra sorpresa, además, en medio de nuestra exploración hallamos sobre una gran roca (muy cerca de la Puerta de Hayumarca) un indiscutible Intihuatana, punta de piedra que se yergue sobre otra más o menos plana y que servía en el pasado para estudiar los movimientos del Sol y definir el calendario inca.

Lamentablemente, muchos de los intihuatanas fueron destruidos por los conquistadores por relacionarlos con un culto mágico. Pero afortunadamente no todos fueron despedazados. Realmente, la utilización de los intihuatanas era para definir puntos de marcada importancia energética…





El intiguata —nombre clásico quechua para definir esos misteriosos espigones de piedra— simbolizaba además la conexión con Inti, la estrella enana amarilla que mantiene en equilibrio nuestro Sistema Solar, “atrapando” su energía y depositándola en la roca madre para energizar los templos dedicados al Cosmos y la Pachamama, la “Madre Tierra”. Pensamos que estas señales indican que Hayumarca fue utilizada, en tiempos olvidados por el tiempo, como un Santuario con fines astronómicos y místicos…

Lo que más cuentan los lugareños sobre el portal, es que éste se “abre” ante las personas correctas, caminantes que fueron invitados a franquear sus misterios. El acceso, generalmente, es espiritual, aunque hay relatos de traspasos físicos.

Este fenómeno no ocurre siempre, pero cuando sucede, hasta el clima advierte con fuertes tormentas. Como si las fuerzas de la naturaleza se activaran cuando el traspaso fuera a ocurrir. Desde luego, no hay una fecha exacta en que esto sucede, pero los más ancianos dicen que los solsticios y equinoccios son “bueno momentos” para preguntarle a la Puerta, pues esta funciona también como un “oráculo”. Luego de varios viajes, investigaciones y experiencias en Hayumarca, estamos seguros que la Puerta no es sólo un umbral, sino un verdadero Templo. De hecho hallamos cosas muy curiosas.



Ricardo González en la Puerta de Hayumarca


Casi al centro de este pequeño pórtico ciego, se puede apreciar una honda marca circular, que coincide sospechosamente con la ubicación del llamado chakra coronario si una persona agacha la cabeza para arrodillarse. Este detalle lo comprobamos cuando unos niños de un pueblo adyacente nos contaron, más tarde, que en 1996, un grupo de personas vestidas con túnicas azules y blancas, se inclinaban ante la Puerta cantando unas palabras extrañas (Mantrams).


Nos contaban que tres de ellas hacían el trabajo: Un hombre vestido de blanco, al centro, como arrodillado ¾en un momento estuvo de pie y tenía en sus manos como un libro que lo leía en voz alta¾ y los otros dos acompañantes, vestidos de azul, en los extremos. Quien nos contó la versión detallada de esta historia era el niño que fue testigo presencial del hecho, al esconderse detrás de unas rocas y ver lo que sucedía.

El niño nos comentó, además, que vio cómo la puerta se abría y de su interior salía algo así como humo y una luz muy brillante, en donde el hombre vestido de blanco ingresó, y luego de algunos minutos, salió cargando dentro de un saco, unos objetos metálicos…


Al margen de que este relato sea cierto o no, lo curioso es que coincidía con nuestras apreciaciones: El pequeño marco que los visitantes denominan “puerta”, no es sino un altar donde el caminante debe arrodillarse ¾como en un templo¾. La “puerta”, es en verdad, el marco grande, de unos siete metros de altura, diseñada para un gigante... También sabíamos que la marca honda en la pared de roca era en el pasado la cuenca donde un cristal de color verde, brillante, y al parecer poseedor de extraordinarias cualidades mágicas, se hallaba cual llave de ingreso al Retiro Interior.

Esta piedra es conocida en la sabiduría incaica como la sagrada Umiña, la esmeralda de poder. Aparentemente estuvo en Hayumarca y habría sido quitada de la Puerta para ser escondida en las profundidades del lago Titicaca. Para “reemplazarla”, comprendimos que se requiere de la conexión psíquica de un ser humano, arrodillado en el pórtico. Si el peregrino desea penetrar en Hayumarca, apoyará su frente (chakra Ajna o tercer ojo) en la cuenca donde se hallaba el cristal, utilizando su glándula pituitaria o hipófisis como antena de acercamiento.

Si el caso es recibir información del Retiro Interior, agachará la cabeza para apoyar el chakra de la coronilla o Sahasrara, y en este caso será la glándula pineal o epífisis la que actuará de receptora.



Supimos también que en tiempos ancestrales, en ambos extremos de la puerta, se encontraban unas columnas de cristal que funcionaban como estabilizadores de energía. Hoy en día el visitante puede apreciar las hondas huellas que han quedado verticalmente en el frontis. Para sustituir las columnas, dos personas se colocan de pie en los extremos de la puerta, como si aquellas hendiduras que en el pasado protegían las enigmáticas columnas de cristal, imitasen un sarcófago egipcio de pie. Entonces se inician los mantrams o palabras de poder que elevarán la vibración y crearán las condiciones para la conexión interdimensional en la llamada Puerta de Aramu Muru.

La conexión, aunque generalmente se produce a niveles sutiles, como la que se puede afrontar en una proyección del Cuerpo Astral, permite en ciertas ocasiones abrir físicamente la puerta. Ante todo esto, el mensaje es claro: las puertas físicas no se abren antes de abrir aquellas que yacen “invisibles”. Y me refiero a las puertas de nuestro propio corazón…

Hoy por hoy muchos peregrinos acuden a Hayumarca. Lamentablemente la mayoría son “buscadores de experiencias”. Pero la Puerta sabe elegir. Y aquel que deba acudir a ella, llegará, y todas las condiciones se le darán y vivirá lo que tenga que vivir. Sólo hay que ser “invitado”. Y el peregrino sabe cuándo llega ese momento…


En este pequeño artículo, hemos dejado algunas claves que nos sirvieron a nosotros para comprender cómo opera el portal. Lo sabrán entender en el lugar si es que les toca ir. Lo más importante: antes de embarcarse en cualquier aventura, hay que comprender que Hayumarca, como otros centros de poder, no brinda respuestas, solo actúa como un espejo. Entonces aquel que se busca intensamente dentro, reconocerá las cosas en el mundo mágico que nos rodea…

Buen viaje…

Ricardo González