lunes, 1 de diciembre de 2008

¿Enviados para el gran cambio?


¿Enviados para el gran cambio?

Padres y maestros de escuela de todas partes del mundo lo han notado: los niños de hoy parecen tener características fuera de lo común. Guardan mayor conexión y armonía con la naturaleza, poseen un peculiar sentido de compasión y comprensión por los demás, sus sentidos se insinúan más desarrollados, y tienen una extraordinaria facilidad para manejar elementos tecnológicos, entre otras habilidades en realidad notables. ¿Por qué está ocurriendo ello? ¿Estamos a puertas de una generación “diferente” que modificará el mundo tal como lo conocemos?


Niños Índigo

En los últimos años la denominación “Niño Índigo”, se ha convertido en una expresión común cuando se descubre a un niño particularmente sensible e inteligente, con un brillo mágico en sus ojos que parece afirmar que no es un pequeño común. ¿De dónde proviene la calificación “Índigo” para aquellos niños?

Pocos recuerdan que la parapsicóloga norteamericana, Nancy Ann Tappe, en su libro Understanding Your Life Through Color (Comprendiendo tu vida a través del color), publicado en 1982, ya hablaba de aquella coloración particular -el índigo- en el aura o cuerpo electromagnético de ciertos niños. La observación del aura en ellos permitía detectar sus potencialidades psíquicas y rasgos de comportamiento más importantes. No obstante, también se olvida que no es el aura lo que hace al niño, sino que el aura es el “reflejo” de lo que uno es. Y probablemente esta situación es la que ha generado confusiones en la comprensión de esta nueva generación de pequeños maestros, independientemente si su aura tiene esa coloración u otra.

Como fuere, en la actualidad no hace falta ver el aura para definir si un niño es “índigo”. Basta y sobra al constatar que el niño es hiperactivo, que no quiere estudiar -porque no se adapta al sistema de educación-, y que prefiere estar sentado todo el día en la computadora. Esta imagen, si bien es cierto tiene una explicación racional en relación a este tema, dista mucho de los primeros relatos de niños que se consideraban excepcionales porque a muy temprana edad podían tocar diversos instrumentos musicales, aprender distintos idiomas y, por si fuera poco, resolver complicados cálculos matemáticos mentalmente, sin ayuda de elementos electrónicos, sin contar siquiera con un lápiz y papel. En aquel entonces no se les llamaba índigo, sino “genios”. Y obviamente estos casos no eran tan frecuentes como el que ahora abordamos.

Según Gabriel Sánchez, en su documentada obra: Niños Índigo: ¿Cuál es el mensaje?, las características de un niño índigo generalmente aceptadas son:

* Abordan los procesos ejecutivos de la tecnología y el pensamiento en general con destreza intuitiva: van a lo esencial
* Tienen una gran energía y son incansables (algunos duermen pocas horas) procurándose tiempo extra para incorporar conocimientos, según aseguran quienes los tratan con frecuencia.
* Se muestran comprensivos cuando reciben explicaciones y se rebelan ante el simple autoritarismo proveniente de sus padres, de sus educadores o de la sociedad en general.
* Rechazan la carne de cualquier animal y los alimentos excesivamente elaborados.
* Comprenden más rápidamente que otros niños de su edad las trampas del consumismo y de las modas.

Al margen de estas características “índigo”, no hay duda que los niños de hoy son “distintos”, no en vano diversos especialistas en psicología, educación o espiritualidad, se encuentran intensamente abocados en comprender este fenómeno, cuya trascendencia es mayor de lo que imagina el lector.

Niños diferentes son sinónimo de una humanidad distinta en el futuro.

Partiendo de las características habituales de los “nuevos niños”, podemos soñar con ese mundo mágico donde los hombres viven en armonía entre ellos y su entorno. Pero un momento. ¿Dijimos hombres y no niños? He allí el punto. Al crecer y volvernos adultos, podemos perder u olvidar aquellos rasgos espirituales, ya sea por presión del entorno o una educación desacertada.

Por ello el interés de los especialistas.

Una nueva genética, una nueva educación [Subir]

No es un tema nuevo. En diversas experiencias de contacto se ha recibido aquella información que anuncia un inminente cambio genético en la humanidad. Pero también hay que entenderlo.

Muchos ven en los niños índigo las consecuencias de aquel cambio genético. Algunos autores afirman a boca jarro que se están activando con ellos “cuatro códigos más en el ADN”. De cara a esta afirmación, al menos no oficialmente probada, lo cierto es que hoy por hoy se sabe que el ADN no codificado no es “materia basura” o “inútil”, sino que posee funciones ocultas. En recientes estudios se llegó a determinar que parte de esta información involucra los idiomas de la tierra. Sumamente inquietante, ya que las lenguas más antiguas y sagradas del mundo, como el hebreo, el sánscrito, el quechua o el aymará, parecen diseñados como si se tratase de un código de información para computadoras. De hecho, libros como “El Código Secreto de la Biblia” se basan en ello.



Por otra parte, científicos cómo Fritjof Capra, Rupert Sheldrake, o el propio Albert Einstein, hablaron abiertamente de un cambio importante en la humanidad. Ello no sólo señalaba probables descubrimientos en nuestra estructura genética, sino en la capacidad de desarrollo extrasensorial, como la telepatía o transmisión de pensamiento a distancia. Los niños de hoy son muchas veces protagonistas de hechos insólitos, como el “tararear” la canción que estábamos pensando, dirigirse al teléfono antes que este suene, o inclusive anticiparse a ciertos acontecimientos que pueden suceder en corto o mediano plazo en la familia. ¿El hombre del futuro dominará estas facultades?

Los niños índigo, sin duda, estaban siendo aguardados.

Un ejemplo claro de ello fue la labor del místico austriaco Rudolf Steiner (1861-1925), padre de la Antroposofía, quien diseñó una metodología más acertada de educación para los niños, como por ejemplo no enseñarles a “memorizar” -como se hace habitualmente en el sistema tradicional de educación- sino a “pensar” en la información de estudio. Ello involucraba concentrarse no sólo en los aspectos superficiales de la información, como: “El color del uniforme del General San Martín fue azul, y ayudó a que Perú lograse su independencia en 1821”. Sino en invitar a que el niño reflexione también en el propósito más profundo de los procesos. Volviendo al ejemplo anterior, preguntarse porqué San Martín decidió ayudar al Perú, porqué es importante la independencia de un país, qué hubiese ocurrido si San Martín no hubiese cruzado la cordillera de los Andes, etc.

En Ginebra, Suiza, visitamos una de estas escuelas. Allí comprobamos con qué alegría los niños encaraban sus estudios, denotando un gran desarrollo intelectual. El corolario fue escuchar una magistral ejecución de violines y piano a manos de estos sensibles pequeños que siendo concientes de su preparación, se mostraban humildes.

Al otro lado del mundo, en Perú, en el valle de Urubamba (Cusco) visitamos también Samanahuasi, el centro espiritual que dirige Don Antón Ponce de León. Allí conocimos a Inti y Atón, dos niños por demás especiales, según recordamos no tenían más de 5 o 7 años en aquel entonces, y atendían a la gente enferma a través de la imposición de manos. Y los resultados eran extraordinarios…

Estos niños, abandonados, eran acogidos por Don Antón, quien les ofrecía con su esposa Regia cariño y una educación “diferente”, basada en la meditación y el amor a la naturaleza. Nosotros visitamos este centro en 1995, y por lo que sabemos este continúa con sus actividades.

El mensaje es que si formamos espiritualmente a los niños, en el futuro serán hombres espirituales.


Quiénes son, qué hacer [Subir]

En este artículo no es nuestra intención desvelar la identidad de los niños índigo. No podríamos, por cuanto su procedencia es múltiple. Si el lector considera la reencarnación como una posibilidad, los niños índigo podrían ser espíritus que evolucionaron a lo largo de vidas sucesivas, y que hoy vuelven a tomar cuerpo para generar las bases de una nueva generación. Y si aceptamos que no estamos solos en el Universo, podríamos, quizá, hallarnos de cara a espíritus de procedencia estelar, que no sólo encarnarían en la Tierra para ayudar en el proceso de elevación a una dimensión superior, sino que, con su presencia aquí, en tan significativo momento, ellos también se estarían ayudando a evolucionar.

Es como si nuestro planeta fuera un “mundo escuela” en donde se deben reunir diversos alumnos para rendir un examen de grado o “test” importante. Muchos no tienen duda de ello, e incluso se piensa que esta situación cósmica podría explicar la sobrepoblación mundial actual. Muchas almas han llegado a nuestro planeta bajo un propósito.

Al margen de que existan niños “índigo”, “cristal”, o “estelares”, lo cierto es que nos hallamos frente a una generación distinta y especial, y aunque no lo comprendemos racionalmente, sentimos que algo increíble y extraordinario se está gestando.

La psiquiatra norteamericana Doreen Virtue, especializada en el área infantil, sugiere el siguiente decálogo dirigido a padres y educadores:

* Trate a los niños con respeto, honre su existencia en la familia.
* Déles la oportunidad en todo.
* Nunca los desprecie ni los haga sentir pequeños.
* Explíqueles siempre el porqué. Si les da instrucciones, no use la frase “porque yo lo digo”, corrija la instrucción; ellos lo respetarán si lo hace, pero si les da órdenes sólidas y en forma dictatorial, los niños lo harán a un lado.
* Conviértalos en sus socios en su propia crianza. Piense bastante este punto.
* Desde la temprana infancia explíqueles todo lo que está haciendo; ellos no le entenderán, pero su conciencia y el hecho de que los esté honrando se hará sentir. Esto es una ayuda muy eficaz para cuando ellos empiecen a hablar.
* Si surgen problemas serios, como hiperactividad y desorden de la atención, escuche distintas opiniones antes de suministrar cualquier tipo de medicación.
* Proporcióneles seguridad cuando les brinde apoyo. Evite críticas negativas.
* Hágales saber que siempre los apoya en sus esfuerzos.
* No les diga quiénes son ellos ahora o quiénes van a ser más tarde; ellos lo saben mejor que usted. Déjelos decidir lo que más les interesa: estos niños no van a ser seguidores de nadie.


Hace 2000 años, Jesús -para algunos el “niño índigo” por excelencia- sugería “ser como niños”.

Probablemente, aprendiendo de ellos despertaremos al nuestro. Estemos atentos.

Textos de interés: Niños Índigo, de Gabriel Sánchez, Deva´s de Longseller, Buenos Aires, 2002
Vengo del Sol, de Favio Cabobianco, Longseller-Errepar, Buenos Aires, 1992