martes, 2 de diciembre de 2008

Física Cuántica y Puertas dimensionales parte 4


¿La ciencia moderna y el mundo espiritual se pueden conciliar? En los anteriores artículos hablamos de la conexión que habría existido entre las investigaciones de Nikola Tesla y ciertos experimentos militares norteamericanos, sobre la Mecánica Cuántica y su relación con Puertas Dimensionales y el acceso a otras realidades. Y echamos un vistazo, también, a esos umbrales en el tiempo desde la perspectiva de los contactados, un panorama que se torna más amplio -y extraño- cuando aceptamos la posibilidad de un intercambio de información con seres extraterrestres. En esta última entrega, nos centraremos en las puertas internas del ser humano, sin duda las más importantes, y una serie de técnicas y ejercicios que fueron inspirados por aquellos seres del cosmos para el manejo conciente de las energías y su correcta alineación. ¿Es esto posible? ¿El verdadero mundo cuántico y la verdadera “puerta” por cruzar empiezan y terminan en nosotros mismos?



Qué es Energía

Es complicado encontrar una definición “universal” a un término que es empleado frecuentemente tanto en el mundo científico como en el espiritual. No obstante, la mayoría de los estudiosos está de acuerdo en que “energía” es sinónimo de “fuerza”, o la “capacidad para hacer algo”. Por ejemplo, para que el Gran Acelerador de Hadrones dispare a velocidades cercanas a las de la luz los protones para su colisión, los físicos requerirán de una gran cantidad de “energía”. Para alumbrar una ciudad, como sabemos, hará falta un gran generador de energía, que en este caso denominaríamos energía eléctrica. Es decir, la energía es una fuente de poder, el “alma del Universo”. Y en nuestro plano, hay muchas formas de entenderla y manipularla, sea ésta eléctrica, magnética, o atómica. ¿Pero, qué ocurre en nosotros mismos? Nuestro cuerpo, al igual que la materia, está compuesto por átomos, y más allá de ello, hallamos un gran espacio “vacío” que está inundado de energía. Una fuerza que incluso se emana fuera de nosotros mismos como un campo de fuerza, vivo, concreto y medible. Este campo es conocido por muchos investigadores como el Aura, un cuerpo bio-plasmático que rodea a los seres vivos y que incluso puede ser fotografiado gracias a la famosa cámara Kirlian. Existen, pues, diversos indicios que señalan al hombre como un ser más complejo, no sólo de carne y hueso, y aparentemente “construido por líneas de fuerza”. Esta visión del hombre afirma que un desequilibrio en nuestra energía podría llevarnos a la materialización de una enfermedad. Supuestamente, ello no sólo ocurre por cómo vivimos, o cómo y qué comemos, sino también por cómo pensamos, o con qué energías o fuerzas, por decirlo de algún modo, nos relacionamos. La responsable de casi todas estas cosas sería la polarización y equilibrio de esa fuente de poder que llamamos energía, sea ésta emanada de nuestros cuerpos o la que empleamos en la Tierra para estudios científicos.


Como era de esperarse, esta visión “espiritual” u “holística” de la energía en el ser humano fue discutida por la medicina occidental, al menos hasta que las enseñanzas orientales cruzaron el océano y aportaron una visión más completa sobre nuestro organismo. Y aunque aún existe cierta resistencia por parte de la comunidad médica, muchos doctores comprendieron que la clave para entender nuestro maravilloso cuerpo biológico, se halla en la energía y su correcta alineación.

Hoy en día se dispone de muchas técnicas espirituales y terapias alternativas para equilibrar y fortalecer nuestro campo energético y relacionarnos mejor con ese mundo mágico que se muestra invisible para el “no iniciado”.

La mecánica cuántica parece aproximarse a ese misterio y no pocos médicos la han asociado a sus terapias. Y es que el universo de las partículas subatómicas parece llevarnos a una comprensión diferente de nosotros mismos. Un ser humano más complejo y quizá más simple de lo que nos imaginábamos.

Pero, si somos fundamentalmente energía, ¿cómo fortalecerla? ¿Es posible proyectarla a otras personas? ¿Es posible canalizar o recibir energía de otras fuentes?

Interactuando con los hilos de poder

Partiendo del principio de que todo en el Universo es en esencia energía, desde las estrellas, los planetas, y desde luego, las criaturas, debería existir un nexo que agrupara a todo el Universo desde dentro, una suerte de enlace invisible, pero poderoso, que atesorara el misterio de la vida y su proyección en este plano. Un campo unificado que no distinguiera a una hormiga de una montaña, a una persona de una galaxia.

De acuerdo a la visión extraterrestre, uno de los mayores problemas del ser humano es vivir “sintiéndose” desconectado del Universo. Esa sensación, o miedo, o certeza personal por criterios errados, termina separando al individuo de un flujo poderoso que si bien es cierto se halla intrínseco en él, “desaparece” por el simple hecho de ser ignorado. Lo que dicen los seres de las estrellas es que el tomar conciencia de nuestra integración con el “todo” reestablece, o mejor dicho, “activa”, una relación viva con el Cosmos, transformándonos en seres más completos y conscientes. Parece fácil, pero no lo es. Ese primer paso, el de tomar conocimiento de quiénes realmente somos y cómo nos hallamos relacionados con el Universo -que somos parte de él- requiere no sólo de una decisión, sino de disciplina para vivir acorde a tan importante revelación.


Internamente, sostiene esta enseñanza, ya nos hallamos conectados con el Cosmos. Pero podemos reestablecer esa comunicación canalizando fuentes de poder que encierran el secreto mismo de la Creación. Una de ellas, por ejemplo, es la Tierra. Su energía se puede absorber y sentir abrazando un árbol o caminando con los pies descalzos a orillas de una playa. El Sol, nuestra estrella, nos puede enlazar con el Universo si nos predisponemos a canalizar su energía más allá de lo que significan sus rayos convencionalmente hablando. Una meditación contemplativa, observando al Sol como hacían los pueblos antiguos, en el amanecer o el atardecer (en esos momentos no lastima la vista) puede activar esa conexión con lo sagrado, con los orígenes, y por ende con nuestras capacidades ocultas.

En nuestro plano, el ser humano interactúa con redes de poder o de energía que afectan su desarrollo en el planeta y con las criaturas. Todo a nuestro alrededor ejerce una influencia y nos afecta. Esa fuente de energía nos podría permitir fluir para la realización de grandes tareas, o ser tan sólo pequeños barcos de papel arrastrados por la corriente de ese río de ignoradas posibilidades.

Para dar una idea, he aquí las tres redes principales de poder:

1. Red Terrestre. Involucra la energía telúrica, la fuerza del planeta y su poderoso campo energético. Allí, donde se unen sus líneas de fuerza, formando nodos o vórtex, los antiguos erigieron altares, obeliscos, templos y pirámides. Conocían de su poder. Muchos de estos lugares aún se encuentran ocultos de la mirada del hombre.

2. Red Cósmica. Señala la fuerza que emanan las estrellas, más allá de su radiación de luz. Hablamos de un tipo de energía sutil, “invisible”, pero poderosa, que puede ser recibida y canalizada en estados de meditación, hallándonos en la frecuencia correcta. Al parecer, ciertos grupos estelares transmiten una energía o influencia particular, un secreto que conocían las antiguas civilizaciones, y quizá la razón de por qué señalaron sus principales construcciones a determinadas constelaciones.

3. Red Humana. También llamada “morfogenética”, sintetiza el aporte psíquico de los seres humanos. Todos nosotros emitimos una vibración, una longitud de onda que al sumarse con otros aportes constituyen una red de influencia que en el mundo esotérico se conoce con el nombre de “egregor” o “cuerpo místico”, aunque la definición de Red Humana va más allá, estando más cerca del concepto de “masa crítica” o de “consciencia global humana”, como lo estudia actualmente la Universidad de Princeton en New Jersey.

Adicionalmente a estas tres redes principales, en nuestro planeta existen “espejos de energía”, que son herramientas de poder que pueden amplificar o conducir el flujo de estas redes hacia determinados propósitos. Por ejemplo, la existencia de los Discos Solares de Poder (que describimos en el artículo La Red del Tiempo), que protegen y custodian los Maestros de la Hermandad Blanca entran en este tipo de “red alterna”.

Al tomar conciencia de estas redes de energía, y comprender la forma de conectarse e interactuar con ellas, podríamos hacer cosas increíbles como afectar el entorno social, alterar el clima, e incluso generar fenómenos como la apertura de puertas dimensionales. Como mencionamos en anteriores artículos, algunas grandes potencias han procurado hacerlo a través de tecnología, como el caso del Experimento Filadelfia y el no menos controvertido Proyecto Haarp. Pero todo ello se puede hacer con un solo instrumento, con una sola gran máquina que debe estar a servicio y disposición del planeta: la mente humana.


Puedes Crear lo que Crees

Un antiguo principio hermético afirma que “todo es mental”. En otras palabras, que la mente humana puede influir de manera consciente en el plano físico. Esa máxima esotérica es la base de los documentales que han sacudido el cine y la televisión en los últimos años, entre ellos “What the bleep Do We Know” y “The Secret”. Y me atrevería a decir que aquellas leyes cósmicas se entrelazan con los recientes descubrimientos y teorías de la Mecánica Cuántica, al margen de que no se haya tratado de la mejor forma estos conocimientos. Pero, como fuere, ¿cómo encajar todo esto? ¿De qué “Principios” o “Leyes” estamos hablando? ¿Por qué son tan importantes para comprender nuestra relación con la energía?

Lo explicaré en un breve pincelazo:

De acuerdo a las antiguas enseñanzas, tanto el Cosmos como el ser humano, poseen tres importantes aspectos. Un plano físico, un plano mental, y un plano espiritual. Todos están integrados por lo que llamamos habitualmente “energía”. Sintetizando un poco estos conocimientos, el ser humano se desarrolla actualmente en un plano material, que de acuerdo a los seres de las estrellas contiene siete dimensiones. Para fluir correctamente en ese plano, el hombre dispone de siete vehículos; es decir, no sólo posee un cuerpo material y denso, sino otros cuerpos sutiles o vehículos de luz para interactuar -aunque muchos no sean concientes de ello- con los diferentes niveles o membranas del plano material donde se desenvuelve. Muchas escuelas de sabiduría en la antigüedad lo sabían, y así lo enseñaban. Por ello también educaban en la comprensión de siete centros de energía en el cuerpo humano y que permitían “regular” aquellos siete cuerpos y su relación con las siete dimensiones fundamentales. Aquellos centros de energía son llamados chakras -o “ruedas”, en sánscrito- que se ubican desde la base de la columna vertebral hasta la coronilla. Hay mucha información disponible que el lector podrá investigar. La idea es dar una visión global para comprender que todo obedece a un orden preestablecido. Que todo tiene un propósito y una armonía perfecta. Y cuando se descubre este conocimiento -y se alcanza su comprensión- el buscador de la verdad habrá hallado una puerta que le conducirá a un mundo de insospechadas posibilidades.

Y como no podía ser de otra forma, existen siete leyes universales para fluir en esta existencia física. Esos son los “Principios” que mencionamos. A pesar que hoy en día no constituyen un secreto, lo cierto es que muchos aún las ignoran y, quienes creen conocerlas, en realidad no las comprenden en toda su dimensión y les cuesta aplicar su sabiduría. Veamos en qué consiste.

Los Siete Principios Universales

“Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender. Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría”.

Con estas frases tan intrigantes se inicia el Kybalion, los siete principios universales que, desde tiempos antiguos -que se remontan a episodios desconocidos de la cultura egipcia- han viajado de escuela en escuela, de iniciado en iniciado, para llegar a nuestra época y ser de conocimiento público.

Su sabiduría se atribuye a Hermes Trismegisto, el “Tres Veces Grande”. Es bien sabido que sus libros, como el Poymandrés, gozaron de gran autoridad durante los primeros siglos de la Iglesia, y que los Doctores Cristianos invocaban a menudo su testimonio junto con el de las Sibilas, que habían anunciado la venida de Cristo a los paganos. El prestigio de Hermes como un ser de gran sabiduría perduró a través de las épocas. No en vano, Lactancio sostuvo que: “Hermes ha descubierto, no sé cómo, casi toda la verdad”. Aunque se le asocia con el Egipto antiguo, el nombre de Hermes Trismegisto es de origen griego. Desde luego “Hermes” es un dios griego, conocido también por su denominación romana “Mercurio”. Sin embargo la identidad de aquel misterioso personaje se pierde en la historia, remontándose al Egipto pre-dinástico. Por consecuencia, nadie se pone de acuerdo en aclarar su origen. Por ejemplo, no pocas tradiciones hebreas lo consideran contemporáneo de Abraham. Otros lo identifican con el dios egipcio Thot, intermediario entre Dios y los hombres. Y ciertas fuentes lo señalan, inclusive, como maestro superviviente de la mítica Atlántida.


Como fuere, algunos eruditos opinan que Hermes fue deificado, y otros piensan que no es sino el aspecto humano de ese mismo dios. Quizá, el nombre de Hermes Trismegisto no designa a una personalidad individual, sino que constituye un conjunto de enseñanzas elaboradas en Egipto y enriquecidas a lo largo del tiempo. Y entre ellas se encontraría el Kybalion, aunque nada concreto pueda ayudarnos a demostrar que Thot -o Hermes- haya sido su real autor. Personalmente no me sorprendería, pues Hermes es considerado el padre de la Alquimia, de La Cábala -por cuanto se la habría enseñado en Egipto al mismísimo Moisés-, las investigaciones numéricas y físicas de los pitagóricos, entre otros conocimientos.

Haya sido o no Hermes el autor del Kybalion, lo cierto es que los siete principios están aquí, y encierran una profunda revelación. Un conocimiento que otrora sólo era privilegio de secretas escuelas esotéricas.

“Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par” El Kybalion.

He aquí los Siete Principios Universales del Kybalion:

1. El Principio del Mentalismo.
Su lema es “El TODO es Mente; el universo es mental”. Determina que la mente tiene una capacidad asombrosa para transformar nuestro entorno material a voluntad. El ser humano puede crear lo que cree, y al igual que el Universo puede ser co-creador de nuevas realidades y circunstancias a través de una adecuada concentración, voluntad y sabiduría.

2. El Principio de Correspondencia
Sostiene que “Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”. Las leyes de la naturaleza afectan sin distinción: desde una molécula a un individuo, desde una estrella a una galaxia. Este principio enseña que los más grandes secretos del Universo se encuentran codificados en nosotros mismos e, incluso, en la más pequeña partícula. Todo es un reflejo de todo.

3. El Principio de Vibración.
Este principio encierra la verdad de que “Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra”. La vibración indica el estado de las cosas. Nunca está detenida, y puede ser afectada por nuestra influencia mental. Por ello la importancia de controlar nuestros pensamientos y el poder creador de la palabra, que es vibración en sí misma y por consecuencia transformadora.

4. El Principio de Polaridad.
Indica que “Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse”. Este principio encierra la enseñanza de que todo en el Universo es dual, y forma parte de un equilibrio.

5. El Principio del Ritmo.
Afirma que “Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación”. Este principio explica que en nuestro proceso de crecimiento pasaremos por diferentes etapas, algunas duras y otras luminosas, y que pueden ser sobrellevadas con equilibrio en la medida que vayamos adquiriendo mayor conciencia, fe y calma. Esto afecta a las personas y a los planetas, es una ley natural.

6. El Principio de Causa y Efecto.
Conocido por muchos como la Ley del Karma -“acción”, en sánscrito”- sostiene que “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley”. Nuestros pensamientos y acciones son los responsables directos de las cosas que vivimos. Si sembramos nuevas causas -pensamientos luminosos y un accionar positivo- podemos modificar el futuro.

7. El Principio de Generación.
Como los demás principios, encierra una lógica natural: “La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos”. Esta ley nos enseña que todo en el Universo busca su complementación. Y de hecho, cada ser posee en sí mismo los dos elementos de este principio creador.

Hay que decir que la combinación de estos siete principios genera otras “Leyes” o “Fuerzas” que pueden aplicarse en este plano material. Es la base y cimiento de cualquier trabajo místico. Las meditaciones, visualizaciones, técnicas de programación celular, la vibración de los colores y su campo de influencia, la dinámica de las puertas dimensionales, todo, se basa en estas leyes que gobiernan silenciosamente la Creación.

Física Hiperdimensional y la Activación de la Estrella

Ahora que ya hicimos un repaso de los principios cósmicos que rigen el Universo, podemos adentrarnos en otros conocimientos que en gran medida se basan o se amparan en ellos.

En la experiencia de contacto aprendimos una serie de técnicas y ejercicios sugeridos por los seres de las estrellas. Estos conocimientos nos hicieron tomar conciencia de nuestras capacidades psíquicas y de nuestra naturaleza energética. Y debo añadir que a la luz de ciertas teorías en el mundo científico estas revelaciones fueron cobrando mayor consistencia para nosotros. La Geometría y la proyección fractal, así como la mecánica cuántica y la física hiperdimensional que propone Richard Hoagland (Ex asesor científico de la Cadena Norteamericana CBS y actual Director de la Enterprise Mission) nos permitieron comprender desde otro punto de vista ciertas técnicas que utilizábamos para el manejo conciente de energías.

Por ejemplo, entre los conocimientos que recibimos de los seres de las estrellas, hay uno en especial que me ha tenido ocupado este último tiempo. Se refiere al misterio de la estrella tetraédrica.


Los Guías sostienen que el ser humano, como los planetas, está “envuelto” por una estructura de luz, una “radiación geométrica inteligente” que sigue el patrón de una estrella tetraédrica; es decir, dos tetraedros entrelazados. Un tetraedro es una pirámide de base triangular, uno de los famosos “sólidos platónicos”.

Al unirse estas dos pirámides se forma una estrella de seis puntas en tres dimensiones, perfecta, simétrica y armónica, algo que no ocurre con las pirámides de base cuadrangular si se entrelazan. Para algunos estudiosos, la estrella tetraédrica es la figura geométrica más estable en experimentos con aceleradores de partículas, según se dice, al proyectarla como un holograma. Es, también, la forma de los Cristales de Cesio que se integran en el pecho dentro de una importante experiencia de contacto.

Desde luego, no era ninguna casualidad que estos cristales estuviesen conectados a las energías del centro de la galaxia –donde hoy se sabe existe un agujero negro súper masivo que emite poderosos rayos gamma a la Tierra- y que se entierren en una zona concreta del cuerpo humano. Lo veremos en unos momentos.

Pero lo más importante, es que la Estrella Tetraédrica es el “emblema” y “símbolo” de la denominada Confederación de Mundos de la Galaxia.

De acuerdo a los extraterrestres, la figura de la estrella de seis puntas (tetraédrica, pues en su real naturaleza se halla en tres dimensiones, y desde luego, en movimiento, pues el pensamiento de los seres cósmicos es cuadri-dimensional) representa el equilibrio de fuerzas, el balance y alude al Principio de Correspondencia que vimos anteriormente: “Como es Arriba es Abajo”. Esto indica que la estructura de la estrella tetraédrica se halla tanto energéticamente en el Universo como en el mundo microscópico, en la naturaleza y en los fluidos, y sin duda en el ser humano, como si se tratase de un “patrón maestro” para que la vida se manifieste, se ordene y crezca. Por ello no debería sorprender que la Confederación tenga como símbolo cósmico esta figura.

En estos últimos años, el conocimiento de la estrella como “vehículo divino” en torno al cuerpo humano ha adquirido gran relevancia. Muchos le llaman la “activación de la carroza de luz” o del “Merkaba”, y se apoyan en los secretos de la geometría divina para desarrollar los ejercicios de visualización y meditación con miras a fortalecer, despertar o reconectar esta estructura de energía con el Cosmos. Y sin duda, hay diversas técnicas e interpretaciones de cómo “activar” el cuerpo de luz humano, que para muchos está compuesto de tres estrellas, y no pocos asocian el misterio de esta activación con el Árbol Sefirótico de la Cábala, los Genios Solares y los meridianos energéticos del ser humano. Hablar de todo esto aquí, sería extenso y confuso.

Como fuere, dentro de lo que me ha tocado conocer en la experiencia de contacto, no hay duda alguna que existe una estructura de luz “invisible” en torno al cuerpo, y se trata efectivamente de una estrella tetraédrica que en la mayoría de las personas está “detenida”, cuando debería hallarse girando, activa, pues al igual que los agujeros negros –como el del centro de nuestra galaxia- aumenta su poder al girar. Y al igual que los agujeros negros, vale decirlo, anula el concepto de espacio y tiempo. En experiencias personales se me indicó que la clave para la “reactivación” de la estrella no sólo se debería basar en ejercicios de respiración, concentración y visualización creativa, con miras a “encenderla”, sino apuntar también al punto de conexión nuclear que la controla y que, siempre de acuerdo a los seres que nos contactan, se halla en el centro del pecho, en el mismo lugar donde se integran los Cristales de Cesio.


Supuestamente, en el centro de nuestro pecho mora un punto de luz que armoniza toda la estructura atómica del cuerpo humano. Antiguas tradiciones esotéricas le llaman la “célula madre” o el “átomo nous”. Y no pocos lo interpretan como un link físico al alma. Su ubicación estaría en los 19.5 grados norte en la figura humana. Esto coincide con el paso de las puntas de la estrella tetraédrica sobre esa latitud al girar (cuando se encuentra activa). Y he aquí que nos tropezamos con las investigaciones de Richard Hoagland, quien afirma que precisamente en los 19.5 grados se dan importantes anomalías en los planetas del sistema solar, el propio Sol y, desde luego, en la Tierra.


Los anillos de Saturno, las manchas o tormentas de Júpiter, las explosiones solares, los más importantes volcanes de la Tierra y la generación de huracanes y tormentas parecen ubicarse caprichosamente en esta latitud. Amén de construcciones antiguas que han seguido este patrón, y no sólo en nuestro mundo, pues Hoagland afirma que, incluso, las controvertidas edificaciones en Marte y las supuestas ruinas en la Luna, esconden el secreto de los 19.5 grados y las constantes tetraédricas. Como fuere, la explicación a este enigma sugiere que se producen “singularidades” en la región donde pasan las puntas de la estrella tetraédrica, que envuelve energéticamente a soles, mundos, y a las criaturas.

Si esto es verdad… ¿Al trabajar con nuestro punto de “singularidad” en el pecho, que estaría conectado a la estrella de luz que nos envuelve, que pasaría?

De acuerdo a nuestras informaciones, se fortalecería nuestro campo inmunológico de energía, se balancearían las fuerzas que fluyen en nosotros, y nos reconectaría de forma consciente con las energías de la Tierra y el Universo. Ya habrá oportunidad de hablar de ello en profundidad más adelante.

Reflexión

El mensaje de estos artículos sobre “Mecánica Cuántica y Puertas Dimensionales” sólo apunta a una cosa: tomar conciencia de que el ser humano es una criatura cósmica. Y que tenemos la capacidad de desarrollar nuestras habilidades psíquicas cuando adquirimos el conocimiento de nuestra real naturaleza y el papel que jugamos dentro de la Creación. Hay que comprender que nuestra mente, cual herramienta cuántica poderosa, es la que controla nuestro fluir en el plano físico, pues así fue estructurado el Universo en el cual nos movemos. Por ello, somos “co-creadores”.

Esto afirma que no sólo podemos activar energías y armonizarlas en nosotros, si no que tenemos la facultad de alterar el entorno a voluntad, desde lo humano a lo planetario, una situación que inconcientemente hacemos a diario y con resultados preocupantes. Si tomáramos conciencia de quiénes somos, y cómo afectamos energéticamente nuestro universo inmediato, podríamos cambiar muchas cosas y ser servidores y obreros de un Plan Mayor.

Los grandes Maestros lo eran. Y conocían las Leyes Superiores y este “secreto” que ha inquietado a místicos y científicos. Un secreto que a los grandes orientadores espirituales de la humanidad les permitió sanar enfermos, controlar el clima, alterar la materia, desafiar las leyes de gravedad, desaparecer inclusive, pero por encima de todo, lograr ser verdaderos vehículos de amor y sabiduría.

La activación de la Estrella Tetraédrica -bajo la información que hemos recibido de estos seres- es uno de tantos conocimientos que hablan sobre ese “Humano Secreto” y de todas las potencialidades que atesora. He dejado algunas claves aquí para que el lector atento investigue. En otra oportunidad, hablaré con mayor detalle de estas últimas informaciones que hemos estado viviendo con resultados realmente extraordinarios. Porque la verdadera puerta dimensional es la que podemos abrir en nuestro interior.


Y porque el verdadero mundo cuántico empieza y termina en nosotros mismos. Ese es el mensaje. Somos luz.