martes, 2 de diciembre de 2008

Informe Celea (Parte 2)


Instalaciones extraterrestres en la Luna

—Celea opera desde hace más de 10.000 años —contestó despacio y calmado el gigante extraterrestre—. Fue construida para cumplir dos funciones: Equilibrar la órbita lunar, y observar desde cerca la Tierra. Celea fue concebida para ser un punto de observación estratégico, y proteger al planeta frente a posibles intervenciones de civilizaciones extraterrestres negativas.

—¿Y la Luna? Tengo entendido que poseen instalaciones allí.

—La Luna fue readaptada por nosotros. La Confederación la halló prácticamente muerta, envejecida. Fue restituida, transformándola en una verdadera base satélite. Nuestras instalaciones aún funcionan allí, concentradas especialmente en amplias galerías subterráneas.


—¿Entonces es cierta aquella afirmación de que los soviéticos llegaron primero a la Luna, antes que la misión Apolo XI de los norteamericanos?

—Así fue.

—¿Cuándo ocurrió ello?

—En marzo de 1969

—Inaudito...

—Que ello no les sorprenda —respondió Antarel— ya en tiempos de la Segunda Guerra Mundial la Alemania Nazi intentó alcanzar la Luna, estando muy cerca de lograrlo...

—Esto es difícil de digerir. ¿Por qué esta obsesión con la Luna?

—Por lo que tenemos en ella. Tecnología que se podría emplear para fines bélicos…

—Se habla incluso que los propios norteamericanos nunca habrían estado en la Luna, y que todo fue un montaje orquestado por la NASA —añadí—.

—Sí estuvieron, pero no dijeron la verdad al mundo ¾aseveró¾. Por ello se vieron obligados a fabricar imágenes de un descenso del módulo en la Luna ya que las fotografías originales los comprometían demasiado.

—Aquel encubrimiento de información —analizaba como queriendo atajar una idea—, manipulación mundial, y tanto que hemos venido conociendo... ¿Quién realmente está detrás de todo ello? Se habla incluso de una suerte de gobierno oculto que conspira a niveles impensables. Algunos creen que se trata de una conspiración judía.

—No es así. La verdadera conspiración es orquestada por fuerzas negativas atrapadas en este planeta, que han sabido infiltrarse e influenciar en grandes líderes del mundo, y también a tenebrosas organizaciones tras ellos para precipitar el caos y el desorden. Más como saben, vuestro trabajo está logrando inclinar la balanza hacia la luz. Hay muchos secretos, pero ninguno de ellos ajeno a la fuerza transformadora del amor.

Antarel se refería a la conspiración de los Illuminati, una secreta organización que procura hundir a la humanidad en el caos y la ignorancia. De acuerdo a los extraterrestres, su existencia no es un mito, y no necesariamente se halla relacionada a algún país específico o religión. Se trata más bien de una conjura de origen cósmico contra la Tierra, un plan tenebroso que ha sabido mezclarse, cual poderoso virus, al interior de las más importantes organizaciones militares, medios de comunicación, y en más de un sillón presidencial para controlar a las masas. Parte de esta conspiración procura ocultar al hombre la existencia de avanzadas civilizaciones extraterrestres. Por ello el sistemático ocultamiento y ridiculización de evidencias ovni.

—¿Los gobiernos saben de las bases que tienen en nuestro Sistema Solar? —pregunté.

—Sí, pero no en las dimensiones que teorizan.

—¿Cuántas bases tienen en el espacio, en nuestro Sistema?

—Poseemos 17 bases orbitales, sin tener en cuenta las bases de adaptación.

—¿Bases de adaptación? —Repuse intrigado—

—Satélites artificiales, como lo hemos hecho con Fobos en Marte...

Nota: en marzo de 1989, una sonda soviética (Fobos II) fotografió un enorme objeto cilíndrico de más de 27 Km. de longitud sobre la luna Fobos, durante sus vuelos sobre el planeta rojo.

Escuchar todo esto de Antares resultaba impresionante. Era palpar las reales dimensiones de un despliegue extraterrestre por asistir y ayudar un proceso de evolución que compromete de manera especial a nuestro planeta.

Y me parecía tan insólito estar a bordo de una nave extraterrestre...

No sentía movimiento alguno. Y el ambiente era como una sala provista de un sutil aire acondicionado.

¾Antarel, ¿es posible que vea cómo es la nave por fuera?

Mardorx volteó y me hizo una seña con su mano derecha para que me acerque.

—Observa —me dijo—

Y sobre el tablero de luces que manipulaba, se mostró una pantalla que parecía rectangular, hecha, al parecer, de “luz” y “gas”. La claridad era impresionante. En ella vi un objeto con forma de disco, plateado, y ligeramente aplastado en la parte posterior, como una lampa o pala de excavación. Contrastaba con un vacío oscuro y decenas de líneas blancas, luminosas y delgadas, que parecían ir en dirección opuesta a la trayectoria del aparato. Era la nave en la que íbamos…

—¿Cómo pueden ver la nave desde fuera? —Consulté—


—Nuestros vehículos no se mueven solos —contestó Mardorx—, siempre son acompañados por nuestras sondas de observación (Caneplas). En este momento nos acompañan tres. Estás viendo la imagen que transmite la sonda oeste. Sobre nosotros tenemos otra observando...

Entonces introduce su mano en una luz que asemejaba una pompa de jabón azul, y la imagen en la pantalla cambió, mostrando ahora la nave desde arriba. Luego hizo lo mismo y mostró la nave desde abajo...

—Está es la imagen que transmite la tercera sonda. Viaja debajo de nosotros —Mardorx parecía divertirse con la explicación y mi rostro de sorpresa—

—La gente no me va a creer esto, todo lo que estoy viviendo...

—No te preocupes por ello —intervino Antarel—. Tu estancia ahora con nosotros, y lo que te transmitirá Joaquel, llegará a quienes ha sido dispuesto. Relájate que ya estamos por culminar el desplazamiento.

Y en la pantalla, ahora veía parte de la Luna, como si la estuviésemos sobrevolando a baja altura. Vi de cerca los grandes cráteres lunares y en algunos de ellos luces, como si hubiese construcciones. Estábamos en el denominado “lado oculto de la Luna”. Pero la tripulación de la nave me aclaró que lo que estaba viendo era en realidad gigantescos cristales erguidos como columnas, hechos de un cristal similar al cuarzo, pero de propiedades poderosas. Habían sido colocados allí hacía mucho tiempo.

Tras la Luna un objeto flotaba en medio de la oscuridad. Era como su pequeño “satélite”. Emitía un brillo plateado. Lucía como una pelota de golf.

Nos dirigíamos hacia allí.

—Aquello es Celea —me dijo Antarel¾ en unos instantes estaremos dentro.

Celea: Base Orbital

No sentí movimiento alguno cuando la nave penetró en la Base Orbital. Todo fue muy tranquilo. Sólo supe que la nave se había estacionado cuando Antarel me lo indicó.

Luego ingresamos a través de la otra puerta oval. En ese instante me despedí de Mardorx. Al igual que Anitac, no le volvería a ver en el resto de la experiencia.

El pasillo conectó con otro más amplio, pero esta vez recto, y en la medida que avanzábamos, éste se tornaba cada vez más grande, hasta el punto de simular aquellos grandes corredores que se utilizan en los aeropuertos.

—Ya estamos dentro de Celea —intervino Antarel—.

—Pero... ¿En qué momento entramos? ¿En qué momento salimos de la nave?

Antarel sólo sonreía.

Todo era muy calmo. Apenas sentía una pequeña vibración, un sonido muy tenue, como un zumbido, que parecía envolver todo el lugar. Respiraba perfectamente. Era como estar en un edificio con un sutil “aire acondicionado”.

Me encontraba caminando con el gigante extraterrestre a través de un corredor de grandes proporciones. Estimo unos 10 metros de ancho, y posiblemente unos 15 de alto. Todo el corredor, piso y paredes, eran blancos como los de la nave que nos condujo a la base orbital. En algunos sectores se mostraban unas planchas plateadas, como placas en una pared; allí pude observar figuras, como ideogramas. Sentía que no eran decorativos, sino que cumplían algún tipo de función. El techo tenía estructuras similares al cristal de roca. Eran enormes y de muchos colores.

Luego, a ambos lados del corredor que transitábamos, advertí unas grandes vitrinas o “ventanales”. Entonces observé claramente un bello jardín, con flores bellísimas, de las más variadas formas y colores. Tan vivos, tan reales, que de sólo ver esto, sentí que estaba contemplando uno de los espectáculos más hermosos de mi vida. Nunca mis ojos habían visto algo tan especial…

Pensaba entonces en los mundos, en las regiones más bellas del Universo, de donde podrían haber traído estas flores y vegetación tan diversa para elaborar una especie de invernadero.

—Todo lo que ves Nordac... —me interrumpió suavemente el Guía, llamándome por mi nombre cósmico— lo hemos tomado de la Tierra...

Mi corazón dio un vuelco... ¡Todo era de la Tierra! Comprendí entonces, como nunca antes, toda la belleza que posee nuestro planeta, y de la cual no somos concientes y respetuosos.

En eso, en dirección opuesta a la nuestra, vienen caminando tres seres vestidos con trajes grises pegados al cuerpo. Calvos y delgados, de 1.60m de estatura aproximadamente. Pasan al lado nuestro asintiendo la cabeza como saludando. Luego siguieron como si nada. No les llamó la atención mi presencia allí.

—Son científicos —se apresuró en explicarme Antarel— Están de paso. Vienen de “Epsilon”.

Nuevamente Antarel leía mis pensamientos e inquietudes. Poco a poco me habitué a ello, al punto de interactuar con rapidez en las conversaciones. Daba igual hablarles en voz alta o pensarlo. Inmediatamente respondían…

Tuve sensaciones muy fuertes en esta experiencia. Debo confesar que llegué a sentirme parte de ellos. No los veía ajenos a mí. Incluso, por alguna razón que no comprendo, conocía las instalaciones de esta base. “Sabía” dónde estaban ubicados los pasillos, las puertas que debíamos cruzar, todo. Hasta el punto de percibir qué ocurría en otros sectores de la estación orbital. Al principio me sorprendí en extremo, hasta que llegué a acostumbrarme.

De esta forma supe que Antarel me llevaba por un sector de Celea donde no existe mayor “tráfico”, por decirlo de algún modo. Interpreté que había sectores de la estación que no podían ser visitados sin una previa preparación.

Al margen de ello, en todo momento me sentí acompañado por un amigo de siempre que me conocía a la perfección.

—Debo mostrarte algo ¾intervino el Guía mirándome a los ojos—. Sígueme.

Giramos a la izquierda luego de avanzar un largo trecho. Antarel caminaba como en “cámara lenta”, quizá para recortar sus pasos debido a la importante diferencia de estatura con un humano normal.

Me llevó a un sector de la estación que albergaba varios cilindros y cajas octagonales de un color naranja, apiladas a un lado del área que visitábamos. Había otros objetos allí, pero no los recuerdo bien. A nuestra derecha, se ubicaba una gran puerta trapezoidal, que inmediatamente me recordó los ventanales de piedra en Machu Picchu y otros yacimientos arqueológicos que se atribuyen a los incas.

Estimo que la puerta medía unos cuatro metros de alto por unos tres de ancho. Su color era rojo, y tenía un símbolo semejante a una “W”, de color negro y hundido en la estructura que parecía metálica. Antarel se dirigió a ella sin mayor detenimiento.

Yo seguía a mi gigante compañero cuando vi cómo la puerta se “desarmó” ante nosotros, obligándome en acto reflejo a retroceder. En verdad la puerta se había abierto con la sola aproximación del Guía —como si ésta estuviese “viva” y lo hubiese reconocido—; aquella estructura se dividió, por decirlo de alguna forma, en unas cinco secciones que se ocultaron en los extremos. Luego que me repuse de esta situación sorpresiva, seguí al Guía a través de una especie de rampa con unos “pasamanos” —les llamó así, pero dudo de que cumplan esa función—, que nos conducía a un segundo nivel. Allí nos encontramos ante una gran vitrina o cristal.

—Observa —me dijo señalando con su dedo índice el ventanal—.

Y he aquí que vi algo realmente increíble...

—¡Son humanos! —Exclamé— ¿Qué hacen aquí?

En una gran sala, decenas de personas de todas las razas y edades, vestidas con unos buzos blancos, caminaban despacio, en paz, como en estado de meditación. En sus rostros se veía una felicidad profunda. De pronto se cruzaban, y se tocaban suavemente las manos, un roce, muy sutil. Todos hacían lo mismo…

—Fueron rescatados de tu planeta, de guerras, accidentes, desastres naturales y más, bajo su consentimiento, para ser preparados y ser nuevamente insertados en la sociedad bajo una nueva perspectiva —explicaba el Guía—.

—¿Qué hacen? ¿Por qué caminan y se tocan así?

—Están sintiéndose, reconociéndose... Es lo primero que les enseñamos cuando están con nosotros antes de entregarles cualquier tipo de información.

Antarel hizo una pausa y añadió: El ser humano olvida con facilidad su capacidad de conectarse con su propia especie, de sentir aquella conexión que los agrupa, y aún más el enlace consigo mismo. Los adiestramos en recuperar aquella sensibilidad, que pierden fácilmente en el modo de vida que han construido en la Tierra.

El gigante extraterrestre miraba con atención a través del “ventanal”.

—Entonces no todos eran llevados a Ganímedes —le dije.

—Y muchos no han tenido que abandonar la Tierra —contestó—. Se encuentran también en nuestras bases submarinas y subterráneas.

—¿Cómo y cuándo volverán? ¿Volverán todos? —Repuse intrigado—.

—Ya están volviendo. Y como también sabes, en silencio, con el objeto de precipitar un cambio desde dentro que no despierte sospechas, y ayudar al mundo en su proceso de transformación. Otros volverán en nuevos nacimientos. Pronto sabrás más de ello...

El Guía giró y me pidió que lo acompañase. Entonces caminamos hasta detenernos en un arco que marcaba la entrada a un gran salón.

—Te espero aquí —me dijo— Allí dentro te espera Joaquel. Abre tu corazón para comprender, y presta atención a todo lo que se te va a revelar...


Joaquel y los Discos Solares


Dejé a Antarel y cruce hacia un salón muy grande, de estructura semicircular. Parecía un pequeño coliseo en forma de herradura.

El ambiente se hallaba parcialmente iluminado. Era una luz verdosa. El techo, una suerte de bóveda con luces hexagonales de colores. El piso parecía “alfombrado”, suave, de un color similar entre el rojo y el terra cotta. Tengo la impresión que los colores que observaba eran en cierta medida diferentes a los que recuerdo haber visto en la Tierra. Los percibía más “vivos”.

Quedé de pie casi en el centro de este salón. Y allí, en una especie de estrado —muy similar a una pirámide de cima trunca—, pegado en la zona central de la pared circular, se hallaba Joaquel, y a su lado derecho Xendor, a quien reconocí de inmediato.

Joaquel estaba vestido con una suerte de túnica dorada y un casco medianamente alargado sobre la cabeza. Me recordó la apariencia de Alcir en los contactos físicos en Paititi. Joaquel es un ser de rasgos orientales, tipo mongol, de cierta ancianidad pero sin llevar barba. No es de contextura robusta. Es delgado y de baja estatura. Ojos pequeños pero dulces y penetrantes. Me observaba fijamente, como si hubiese estado esperando de hace mucho este encuentro.

Xendor es un hombre de cuerpo atlético y alto. Estimo algo más de 1.80 m. Moreno, y de ojos claros, aunque no puedo precisar el color. No mostraba cabello, y todo él se hallaba vestido con un traje pegado al cuerpo de un color celeste. Al igual que Joaquel, se mostraba sonriente y complacido de hallarme allí.

—Amor y Luz —inició el diálogo Joaquel—.

—Amor y Luz... —respondí con cierta timidez—.

—Que no te llame la atención estar aquí. Tu testimonio será importante, generará una activación del recuerdo dormido en aquellos comprometidos con el programa de contacto. Ya lo iniciaron con vuestro trabajo en Paititi.

—¿Por qué Paititi es tan importante para ustedes? —consulté— ¿Cuál es la trascendencia de todo lo que hicimos en agosto del 2000 (expediciones simultáneas a Paititi, la Sierra del Roncador en Brasil y la Cueva de los Tayos en Ecuador)?

—Bien lo sabes... —habló despacio, mientras Xendor parecía disfrutar del momento—

Paititi es el Retiro Interior más importante de Sudamérica —aseveró Joaquel—, pues está activo, y custodiando una de las herramientas más trascendentales de ascenso interdimensional para el planeta.

—El Disco Solar... —intervine—.

—Es el Disco Cósmico que fuese elaborado premeditadamente para este tiempo, cuando la Confederación decidió establecer la Hermandad de la Estrella en la Tierra. Por ello irán en su momento al desierto de Gobi, para hallar el último eslabón que los une con el Plan Cósmico y las Fuerzas de la Luz.

No obstante —se expresaba con calma—, el Disco que protege la Hermandad Blanca del Paititi no es el único. Existen otros 12 discos repartidos en el planeta, custodiados por los guardianes en sus Retiros Interiores. Todos ellos están interconectados. Cuando el Disco Solar de Paititi sea activado, logrará una reacción en cadena con los otros Discos, formando una red de energía que permitirá al planeta Tierra dar un verdadero salto cósmico, y reconectarse con el Real Tiempo del Universo.

—¿Cuándo ocurrirá ello? —pregunté.

—Cuando estén listos. Y aquel momento deberá coincidir con un evento cósmico: La sincronía entre el Sol de este Sistema y el Sol Central de la Galaxia.


Joaquel hacía referencia a la energía del Hunab Ku o “Centro Galáctico”, tal como reza la profecía maya para el año 2012, y que ha podido ser constatada por la NASA debido a las recientes e inquietantes anomalías en el Sol. Hoy por hoy no es un secreto que una extraña radiación de antimateria está llegando desde el mismísimo centro de la Vía Láctea a nuestro Sistema Solar…

—¿Qué ocurrirá con las esferas de energía que recibimos en Paititi? ¿Cómo activarlas? —Consulté.

—Al estar interconectadas, la activación de una de ellas puede comprometer a las otras. El despertar será progresivo, en la medida que vayan también activando lugares y comprendiendo.

Además de poseer información, que en un futuro podrán armar y entender para compartirla, aquellas esferas de energía les permitirán reunir los códigos de acceso a verdades más profundas, protegidas y reservadas en los lugares más sagrados de la Tierra.

—¿Tendremos que ir físicamente a todos esos “lugares”?

—Llegarás a los lugares más insospechados de tu mundo, Nordac ¾intervino Xendor¾. Recién empiezan el verdadero trabajo… La puerta que cruzaron en agosto del 2000 con la Triangulación sugerida por nosotros, es de gran importancia para la misión de contacto. Pero a partir de ahora enfrentarán encargos más grandes.

—¡Más grandes! —Exclamé sorprendido—.

—Existen mecanismos muy profundos que van más allá de nuestra existencia —intervino Joaquel—, y ustedes los pusieron en marcha en vuestra última incursión al Paititi, donde debieron demostrarse a sí mismos hasta adónde estaban dispuestos a llegar. Con aquel acto de amor supremo, dieron un gran paso representando a todos. Y el proceso continúa. Aún hay mucho por hacer.

—¿Adónde conduce aquella puerta que cruzamos? —Consulté, vibrando como si fuese una campana, como intuyendo algo gigante—

—A una revelación que los conecta con Jesús...


Tercera parte continuará en la entrega del mes de marzo