martes, 2 de diciembre de 2008

INFORME KAYONA Parta 3


(Viene del Artículo anterior) Ver segunda parte.

Cada experiencia que he enfrentado con los Guías extraterrestres ha sido diferente. Tanto en su naturaleza como en los alcances de la información recibida. Desde luego, en estos encuentros pude ir comprendiendo que la dinámica de los contactos programados seguía un derrotero “estratégico”. Hablo de la información. En un inicio sus mensajes eran simples y de carácter global, tanto en lo que atañe a sus intenciones, proceso, historia cósmica, y el probable destino de la Tierra dentro del orden de un Plan Cósmico. En las últimas experiencias que enfrenté, como la vivida en marzo de 2003 en Egipto (Informe Mintaka) y este encuentro cercano en Tierra del Fuego, las revelaciones dieron un giro de 180 grados. Kayona se transformaría en una pista poderosa para comprender muchos de los episodios que habíamos conocido anteriormente sobre la historia extraterrestre y su vinculación con el ser humano.

Una necesaria introducción: la naturaleza del contacto

Como decía líneas arriba, los encuentros programados con los Guías extraterrestres siguen una coherencia de revelaciones. En medio de este proceso se descubren diferentes metodologías de contacto, y en su aporte, fragmentos de una historia cósmica que va siendo compartida de a pocos, denotando un gran interés por parte de estos seres en que comprendamos esa información. Es lógico por cuanto esa historia, el denominado “Plan Cósmico”, es el eje de todo.


Las experiencias siempre fueron distintas, a pesar que la metodología de acercamiento más usada por ellos fueron los xendras o puertas dimensionales —generadas con su tecnología sobre la base de la concentración de la luz—. No obstante, tampoco escatimaron en hacerse presentes, físicamente, en salidas a terreno. Ellos pisaron el desierto peruano de Chilca y la meseta de Marcahuasi en los andes. También descendieron en algunas ocasiones con sus naves, y en otras, a algunos de nosotros, nos condujeron al interior de ellas.

A pesar de no haber sido una experiencia física, sino una suerte de “traslado” espiritual a las lejanas estrellas del Cinturón de Orión, la vivencia que enfrenté en la Gran Pirámide resaltó por su aporte e información, que remeció desde los cimientos a muchos, incluyendo a nuestros propios grupos de contacto.

Muchas veces, cuando alguien afirmaba haber enfrentado una experiencia de contacto, el interlocutor le consultaba a boca de jarro: ¿Fue física?, como si la importancia de la experiencia dependiese de la naturaleza del fenómeno. No en vano hemos constatado que cuando nos cuesta aceptar una experiencia que se dio “materialmente”, terminamos por catalogarla de “astral” o “espiritual” para poder digerirla mejor. Para aceptarla. Para creer en ella.

De hecho el problema no es cómo se dio la experiencia, sino nuestro punto de vista. Más aún al descubrir que nuestro concepto de “realidad física”, es limitado y ambiguo.

Reflexiono en estos conceptos porque en diversas ocasiones el fenómeno que envuelve el contacto podría distraernos del real propósito de las experiencias: transmitir un conocimiento. Es verdad que debemos discernir las cosas y hablar con propiedad sobre lo que vivimos y enfrentamos, pero sin que ello signifique perder de perspectiva la trascendencia de las revelaciones.

Como dije, la experiencia de Egipto (ver artículo “Mintaka”) no fue física, pues mi cuerpo biológico quedó tendido durante todos esos minutos al interior del sarcófago mientras yo me “hallaba” contemplando una poderosa historia extraterrestre en Orión. Pero esa revelación fue lo suficientemente contundente como para tomar en serio la vivencia en la Gran Pirámide. Hoy comprendo que esa historia que “vi y sentí” en Orión, guarda una importante conexión con Kayona: la piedra que me mostró Joaquín estaba relacionada a una antigua conflagración extraterrestre que conocemos bajo el nombre de “La Guerra Antigua”.

Es en extremo difícil aceptar que avanzadas culturas extraterrestres se hayan involucrado en terribles enfrentamientos. El pensamiento humano dice que ello es imposible, pues antes se hubiesen destruido. O peor aun, debido a su avance evolutivo, resulta contradictorio de que criaturas inteligentes hayan llegado a ese punto de belicismo violento.

Lo cierto es que algo ocurrió con estas civilizaciones. Sin ir muy lejos, el ser humano ha afrontado miles de batallas a lo largo de su existencia en la Tierra. Y ello, aunque no deja de ser un peligro inquietante para su propia existencia, no ha impedido que avance tecnológicamente desde la Edad de Piedra hasta la Era de las supercomputadoras y los vuelos espaciales. ¿Pero hasta dónde más es posible llegar si aún existe esa tendencia bélica?

Todos los contactos han buscado familiarizarnos de alguna forma con “ellos”. De hacernos comprender ciertos aspectos de una historia cósmica que nos involucra como proyecto o alternativa de la evolución global. Desde la naturaleza de las experiencias (que no dejan de constituirse en una herramienta de adiestramiento para comprender otras “realidades”) a las informaciones que ellos eligen compartirnos. Algunas de ellas, confieso, en un principio me chocaron. Como por ejemplo las que involucraban a la persona de Jesús.

Alguna vez me dije: ¿Y si hubiese nacido en el seno de una familia musulmana, me habrían hablado de Jesús?

Hoy pienso que sí.

Quizá hubiesen elegido otros elementos para hacerme comprender, pero lo cierto es que algunos personajes de la historia terrestre son más que importantes dentro de aquella historia cósmica, al margen de la existencia de las religiones y de la fe humana. Quizá el problema estriba en la forma como fuimos educados, los paradigmas que tenemos, nuestra particular visión del mundo.

Por esta razón todo lo que involucre el contacto extraterrestre rompe nuestra estructura de creencias y conocimientos.

Kayona no será una excepción, pues una leyenda maravillosa del mundo cristiano, parece guardar un vínculo secreto con una historia perdida en el Cosmos.

Los Exones, Lemuria y Kayona

La forma como fui “trasladado” a Kayona fue diferente. Aunque en algunos aspectos asemejaba una proyección xendra, la naturaleza de aquella puerta dimensional difería de lo que conocimos. De acuerdo a lo que nos transmitieron los Guías extraterrestres, en determinadas ocasiones, y en ciertos lugares donde se unen poderosas líneas de fuerza, se forma una “singularidad”, una suerte de acupunto energético que la Hermandad Blanca intraterrena utiliza para “crear” accesos dimensionales.

Aquellas líneas de fuerza corresponden a los conductos energéticos del planeta, que van más allá de lo telúrico, por cuanto existen una serie de hilos invisibles que envuelven el globo en una red compleja de interconectores, todos ellos transmitiendo impulsos electromagnéticos, como si se tratase de una red neuronal humana hecha a escala planetaria. Donde convergen estas fuerzas suelen hallarse los Retiros Interiores de los Maestros de la Hermandad Blanca, y probablemente más de una instalación o base extraterrestre. Muchas culturas del mundo antiguo las conocieron y sobre estos puntos de poder edificaron templos, pirámides y obeliscos.

Estas puertas potenciales, asentadas sobre el pulso energético del planeta, son llamadas por ellos “exones”.

El 12 y la madrugada del 13 de diciembre un exón había sido “abierto” cerca de la orilla del Canal Beagle, en la Bahía Lapataia (Tierra del Fuego).





Yo lo había cruzado sin verlo físicamente; sin embargo, mis percepciones del lugar donde “aparecí” de pronto, eran claras y “materiales”. Por ejemplo, sentí el calor abrazante de aquella playa de finas arenas, donde se hallaban aquellos extraños hombres pescando. Hoy sé que aquella imagen me estaba transmitiendo los inicios de la cultura lemuriana, en una etapa primaria en la que aún no habían desarrollado tecnología. Se me quiso transmitir la simpleza y la paz de aquellos hombres de raza negra e importante estatura, antes de mostrarme una imagen deslumbrante de Kayona, que en sus orígenes fue una ciudad fundada por los propios lemurianos.

Las primeras visiones que enfrenté al cruzar la puerta, fueron básicamente eso, visiones, pero cargadas de información pues los Guías me hicieron sentir muchas cosas, desde el “clima” de aquella playa a la sensación de abandono de la ciudad instantes previos de la hecatombe. Todo ese tiempo me había hallado físicamente al interior de un gran salón en la propia Kayona y en tiempo “presente”, ubicado frente a aquella piedra misteriosa y ante la presencia del Maestro Joaquín. Esa piedra o esmeralda con forma de copa pentagonal, por alguna razón, había sido la responsable de estas primeras visiones que involucraban los orígenes de Kayona mientras me hallaba allí de pie, antes del diálogo con Joaquín. La piedra había recreado toda esa información a través de una suerte de realidad virtual en proyección.

Comprendí que la zona donde se había asentado la cultura lemuriana (sur oriente de África y Madagascar, Océano Indico) se tornó inestable por una cadena de movimientos sísmicos. Ello les empujó a explorar el mundo. Inicialmente viajaron hacia el este y allí transmitieron su sabiduría. Fue de esta manera como nació lo que algunos escritores denominan “Mu”, en el pacífico sur.

En aquellos tiempos, el entorno geográfico terrestre era distinto. La actual Antártica se hallaba ubicada a la altura que hoy ocupa la patagonia Argentina, y gozaba de un clima estable y equilibrado. Allí fundaron una ciudad que reuniera a todas las colonias lemures. Le llamaron Kayona, un nombre propio de su cultura y que significa: “Todos somos uno”.

Supe también que esta ciudad, con el tiempo, sería frecuentada por visitantes estelares que servían a la denominada “Confederación de Mundos de la Galaxia”. Pronto, Kayona se convertiría en un enclave que agrupaba a diferentes culturas de la Tierra y a colonos de otros mundos, en una época en que la Tierra recibía frecuentes visitas extraterrestres.

Con aquella visión de la experiencia, donde me mostraban Kayona desde lo alto, sentí que esta inmensa colonia se había constituido en una ciudad de paz, al punto de estar al margen del proceso que vivían otras culturas en el mundo como parte del programa de contacto con la Tierra. Es decir, era una zona protegida por la propia Confederación.

Los lemurianos la habían fundado originalmente allí, en las cercanías de un gran lago, donde acorde a sus leyendas, se había originado la vida. Y no se equivocaban. Pues la molécula auto-replicante que mentes extraterrestres trajeron a nuestro mundo, fue sembrada precisamente allí, hace miles de millones de años. Probablemente ello motivó a la Confederación para establecerse donde todo se había iniciado.

No obstante, la paz de Kayona sería interrumpida por la violencia del proyecto atlante. A pesar que la Confederación sugería una evacuación al ver que la cultura mestiza del atlántico estaba por generar una catástrofe planetaria, los colonos humanos de Kayona se mantuvieron firmes en permanecer en la ciudad hasta el final de la misma, tanto por los secretos que protegía y que no debían ser trasladados a otro lugar, como por su simbolismo de esperanza y unidad.





“Kayona fue una ciudad de paz que reinó solitaria en tiempos del proyecto atlante”



En el centro de Kayona se hallaba la edificación principal, una Gran Pirámide blanca que era llamada el “Templo del Principio”. Muchos se reunieron en los subterráneos que se hallan bajo esta Gran Pirámide momentos previos a la catástrofe. Eligieron estar allí, bajo uno de los templos más antiguos de la Tierra; un templo que era respetado por todos, incluyendo a los visitantes extraterrestres.

Como adelanté anteriormente, con la catástrofe atlante —que involucró la caída de dos cuerpos celestes a la Tierra— nuestro mundo experimentó un violento e inesperado cambio de eje, que sepultó tierras otrora templadas bajo el manto de un hielo polar. Kayona quedó ubicada más al sur, a cientos de metros bajo el paisaje blanco de la actual Antártica.

Ese momento fue el que me transmitió otra instancia de la experiencia: ver y “sentir” cómo el Templo del Principio se congelaba rápidamente en medio de un terrible temblor que parecía anunciar un verdadero fin del mundo.

Los Vigilantes y el origen de la Piedra de Poder

Dentro de estas primeras visiones, se me mostró aquella desconcertante escena donde un grupo de Guardianes y Vigilantes rendían culto a una suerte de esmeralda, que parecía haber sido tallada como una copa pentagonal. En la experiencia de contacto supimos que dentro de la estructura de acción de las civilizaciones extraterrestres que nos visitan, existía un grupo de seres denominados “Vigilantes”, cuya función básica era proteger a los mundos que aún no se habían integrado a la Confederación. Este es el caso de la Tierra.

La Confederación se había formado como una necesidad de intercambio y equilibrio dentro del Universo conocido, involucrando a diferentes culturas extraterrestres que buscaban fortalecer su avance dentro de un orden preestablecido. Con la experiencia que narro en “Mintaka” —y que detallo en mi reciente libro “Nuestros Lazos Extraterrestres—, supimos que el caldo de cultivo para formar la llamada Confederación de Mundos fue en realidad una terrible conflagración bélica. Un hecho muy similar al que ocurrió en nuestro planeta luego de las dos primeras guerras mundiales: la creación de la ONU.

Los Vigilantes existían antes de organizarse aquella Confederación como una necesidad de proteger y preservar la supervivencia de una determinada civilización extraterrestre. Mas una vez creada la Confederación, se reorganizó la acción de los Vigilantes para servir a los designios superiores del Plan Cósmico.

Como recordamos, la Tierra es uno de aquellos mundos que portan una nueva especie que busca solucionar una crisis de estancamiento evolutivo en el Universo. Durante nuestro proceso de crecimiento y maduración, teníamos que ser protegidos de cualquier interferencia violenta que pueda ponernos en peligro. Fue así que arribaron los Vigilantes.

En un principio se les permitió tener bases en el planeta. Pero luego del incidente atlante los Guardianes y Vigilantes serían concentrados gradualmente en una base orbital detrás de la Luna, llamada Celea, desde donde continúan sus funciones de observación y protección de nuestro mundo.

La escena de ellos con aquella piedra, que resultaba en extremo mística más que una acción “militar”, ocurría en Kayona, que ya estaba congelada por los hielos. Fue la última vez que los Guardianes y Vigilantes actuaron en la Tierra. Su acción final fue dejar aquella piedra en el Templo del Principio.

¿Cuál es la relación de aquellos Guardianes y Vigilantes con esa piedra misteriosa? ¿Por qué la respetaban tanto?

El punto de conexión es la Guerra Antigua.

Dentro de las revelaciones de la experiencia de Egipto, se halla la existencia de un estanque cósmico en la Nebulosa de Orión. Un estanque cósmico es el lugar donde se destila la energía de las criaturas vivientes de un planeta. En el caso de la Tierra, ello fluye sobre la base del espíritu colectivo de los animales; luego de ese proceso, el alma de la Tierra “crea” un espíritu individualizado o esencia humana. Desde luego que hay más de un estanque cósmico, porque son diversos los mundos que albergan vida en el Universo.

En el caso de Orión, estamos hablando de un superestanque cósmico que se halla al interior de su principal formación nebulosa (M42). Muchos científicos piensan que nuestro Sistema Solar se formó de una nebulosa de las mismas características, hasta el hecho de haber hallado moléculas orgánicas en Orión similares a las que habrían germinado en nuestro mundo hace eones de nuestro tiempo. Por si ello fuera poco, la M42, como la llaman los científicos, está “creando” actualmente nuevos planetas y estrellas.

Los extraterrestres me transmitieron en la experiencia del Informe Mintaka que dentro de esta Nebulosa existía un gran estanque cósmico. No me explicaron sobre la base de qué experiencia o especie se destilan aquellos espíritus estelares, pero sí me dijeron que llamaban Rah a aquel fenómeno, como si se tratase de un ser conciente al cual respetaban.

El origen de la Guerra Antigua fue Rah o el aspecto sobrenatural de la Nebulosa de Orión. Como recordamos, seres de la estrella Antares (Escorpio) se dirigieron al centro de este enigma para estudiarlo, inquietando de esta forma a las civilizaciones extraterrestres de Orión, desencadenándose así el conflicto bélico.

De acuerdo a la Ciencia de estos seres —que es incomprensible para nosotros— dentro de las formaciones nebulosas y en el centro de las galaxias se hallan poderosas puertas dimensionales que unen nuestro Universo Físico con un Universo Mental. Ellos hablan de tres planos contenidos dentro del otro: Espíritu, Mente y Materia.

El Universo Físico o Plano Material fue “engendrado” por el Universo Mental a través de una singularidad. Los científicos le llaman “Big Bang” o la explosión que dio origen al Universo conocido. Los extraterrestres dicen que fue una de tantas singularidades, pues no somos el primer universo físico creado, y probablemente no seremos los últimos. Estos conceptos, que hablan de diversas realidades co-existiendo en un mismo espacio, pero en diferentes tiempos, hoy en día están siendo escudriñados por nuestros científicos a través de disciplinas como la mecánica cuántica y la ingeniería revertida.

Ahora bien, hay un proceso que los extraterrestres aún no han terminado de comprender en su totalidad: cómo la energía mental se puede hacer materia.

De hecho, ellos alcanzaron a dominar ciertos conceptos que les permitió manipular la materia y vencer la velocidad de la luz, lograr la desmaterialización de sus vehículos para salvar grandes distancias en viajes estelares y hasta desintegrarse ellos mismos sin perder la conciencia al reintegrarse atómicamente en el punto de destino. No obstante, comprender cómo el Universo Mental engendró la materia seguía pendiente en sus estudios. Fue así como hallaron lo que denominan “cristalizaciones de la creación”, un fenómeno que había acompañado la aparición del Universo Material.

La luz mental, que no es física, al densificarse para formar más tarde grandes nubes de gas y polvo, soles y planetas, dejó algunas evidencias de su naturaleza sobrenatural: pequeños cristales que condensaban la esencia de esa creación.

Estas formaciones están hechas de una luz pura y poderosa, una “luz” que originalmente no era material sino un destello similar al del pensamiento y que ahora gozaba de una estructura al haberse corporizado en un universo físico.

Estos cristales tenían cualidades asombrosas. Fueron hallados y puestos a servicio de los Guardianes y Vigilantes.

Empero, al interior de Rah, la Nebulosa de Orión, se halló un cristal diferente… Totalmente puro e “inteligente”. Llegó a funcionar inclusive como un oráculo por sus extrañas capacidades. Rápidamente adquirió una naturaleza espiritual aun dentro de la extrema visión científica de los extraterrestres. No pocos seres llegaron a pensar que se trataba en realidad de una esencia del Estanque Cósmico de Orión que no llegó a tomar cuerpo, y que había quedado en un estado cristalizado. Otros decían que era el cristal más antiguo de los que se hallaban en el Universo: la primera evidencia de la creación del Universo Material.

Como fuere, y luego de la Guerra Antigua que se desencadenó por pretender desvelar este misterio, los Guardianes y Vigilantes formaron una Orden en torno a esa piedra. La cuidaban, la veneraban y respetaban.

Aquella piedra fue traída a nuestro mundo por los 32 enviados de la Confederación que fundaron la Hermandad Blanca terrestre en el desierto de Gobi. Los últimos miembros físicos de la orden de Vigilantes, llevaron la piedra al Templo del Principio de la congelada Kayona.

Debo decir que esa antigua Orden cósmica no existe más. Sus últimos componentes dejaron sus cuerpos o envases físicos en el mismo salón donde hoy en día descansa la piedra de Orión. Fue lo que vi al lado de Joaquín durante la experiencia. Y el destino de las esencias que animaban aquellos gigantes protectores de la Confederación, no es menos inquietante, pero puedo adelantar que siguieron cumpliendo funciones similares, incluso en la Tierra. Es un tema no menos complejo que dejaré para otra ocasión.

Aquella piedra de poder, tallada como una copa pentagonal y adornada con poderosos símbolos, emergería al mundo de superficie en determinadas ocasiones, siempre bajo la supervisión de la Hermandad Blanca. Por ello decía que esta historia, inevitablemente, evoca la leyenda del Santo Grial.

¿Acaso en el Siglo XII no corría como reguero de pólvora de que el Grial era una “esmeralda” caída del cielo, concretamente de la frente de Lucifer luego de una “gran batalla de ángeles”? ¿No se decía que había sido tallada por los seres divinos como una copa para ser disimulada y escondida en el mundo? ¿Estas leyendas tienen alguna relación con los episodios extraterrestres que hemos visto o es sólo una coincidencia?

Soy conciente que asociar la historia de esta piedra cósmica —y que actualmente se encuentra en Kayona— con la leyenda del Santo Grial, puede resultar chocante como reveladora. Empero no es mi intención afirmar que la Copa de Cristo está en la Antártica. Sólo el tiempo aclarará ello.

Lo que intentaré a continuación, es seguir el posible rastro de aquella piedra o esmeralda venida del cielo y su relación con la Hermandad Blanca del mundo subterráneo: desde los incas a los templarios, desde el desierto de Gobi a Jesús.

(Sigue en el próximo artículo)