martes, 2 de diciembre de 2008

INFORME KAYONA



Ushuaia, Tierra del Fuego, 12 de diciembre de 2004

Cada vez que me ha tocado relatar y describir una experiencia de contacto al lado de los Guías extraterrestres, las palabras me han limitado. Es difícil plasmar tan bellas e intensas vivencias. Sin embargo, por la importancia de lo vivido, y desde luego el mensaje y las profundas enseñanzas que involucra un contacto, vale la pena intentarlo. Y seguramente, a pesar de tratarse sólo de palabras escritas, quizá éstas puedan transmitir parte de la energía recibida en aquellas inolvidables experiencias. Ya ha sucedido antes: El mensaje llegará a quien tenga que llegar.

En diciembre del año pasado, me tocó vivir un nuevo encuentro físico con los Hermanos Mayores; una experiencia diferente pero complementaria a todo lo que anteriormente enfrenté. Han pasado siete meses desde aquella vivencia, siete necesarios meses de reflexión. Un tiempo que tomé por recomendación del Maestro Joaquín. Ciertamente él “ve el futuro”, y por ello tiene esa magia para orientarnos a través de consejos que, en una primera instancia, nos resultan incomprensibles o irrealizables. Pero así opera la Misión. Posee mecanismos mágicos y perfectos.

Procuraré ser breve y sencillo en narrar cómo se dio la invitación y las concretas confirmaciones que se sucedieron, una tras otra, para respaldar este contacto con la ciudad perdida de la Antártida. Que su luz llegue a todos.



LA INVITACIÓN

Aunque la experiencia se concretó a fines del año pasado, en realidad hubo un largo proceso de preparación. Resultaría muy complejo citar aquí todas las experiencias y comunicaciones que se fueron sucediendo a lo largo de unos cinco años, todas ellas mencionando el sur de América como un punto marcadamente especial. Y es que desde 1998 —de acuerdo a lo que afirmaron los Guías extraterrestres, un nuevo “Año de los Símbolos o Semiótico” — los mensajes señalaban un Retiro Interior de la Hermandad Blanca oculto tras la leyenda de la “Ciudad de los Césares”. Ese fue el punto de inicio. Así, a partir del año 1999, y siempre desde Bariloche, se llevaron a cabo diversos viajes y salidas en el sur del mundo para aproximarse al templo secreto de la Patagonia. Todo esto nos llevaría más tarde a la existencia de Kayona.

Según los Guías, al margen de la existencia real de un Retiro Interior en la Patagonia, el enigma nos situaba aun más al sur, concretamente en la Antártida. ¡Nos hablaban de una ciudad perdida que se congeló súbitamente hace decenas de miles de años y que quedó atrapada en el hielo!

El 10 de noviembre de 2001, Antarel entregó este importante mensaje en Bariloche:

“La Ciudad de los Césares aún aguarda vuestros pasos. Como les ha sido revelado, en este sector de la Patagonia, las leyendas e historias que circulan sobre aquella ciudad perdida, ocultan en realidad un Retiro Interior de la Hermandad Blanca. Su importancia estriba en un secreto que custodia, una pieza clave del Libro de los de las Vestiduras Blancas que les será de suma utilidad para la comprensión de los nuevos trabajos a desarrollar en Sudamérica.

Han sido apoyados. Y vuestra entrega y disposición no sólo abrió un camino, además han logrado acceder a los destellos mismos que emana este conocimiento ancestral, que mantiene vivo los recuerdos de una civilización superior que vivió aquí, y que compromete la Antártida. Para encontrar realmente aquella “llave”, muchos cambios tendrán que ocurrir en la Tierra...

La llave es una ciudad física, oculta bajo el hielo de la Antártida; ello debido a un cambio de eje del planeta que alteró significativamente el clima y equilibrio energético del globo. Dada la importancia del secreto que yace en esta ciudad oculta ¾ y cuyos orígenes se encuentran relacionados con la leyenda y existencia real de la Ciudad de los Césares ¾ la Confederación dispuso instalar 3 bases en sus cercanías. Ustedes se hallan en contacto y en conocimiento de una de estas bases. Las dos restantes guardan fines científicos. Cuando se hallen listos, y las condiciones lo permitan, visitarán físicamente aquella base que poseemos en la Antártida. Con el tiempo tendrán mayores pautas y claridad”.

Curiosamente, diversos grupos, y muchos de ellos ajenos a las afirmaciones de este mensaje, empezaron a recibir información sobre la existencia de esta ciudad perdida en la Antártida, enclave que ya se empezaba a vincular con la antigua Lemuria. Lo más inquietante resultaba la “invitación” a acceder físicamente a una de sus bases o instalaciones. Y debo decir, que a pesar de haber recibido claras comunicaciones que me señalaban para esa primera experiencia con Kayona —por cuanto el trabajo aún no ha terminado—, me permití dudar y hasta “olvidar” la posibilidad de una vivencia semejante. Ingenuamente pensaba que todo lo que ya me había tocado vivir era más que suficiente. Como fuere, si esta invitación era real —pensaba—, los Guías encontrarían la forma de sacarme de mi tozudez.

Y ello sucedió finalmente al pie del Licancabur, en noviembre del 2003.

Como recordamos, el objetivo de este viaje era activar el disco solar del apagado volcán que comparte Chile y Bolivia. En verdad nadie esperaba un contacto físico allí. Y menos yo, que sólo iba acompañando a los grupos de Santiago. De hecho el mensaje que anunciaba mi encuentro esa noche con los Guías lo recibieron Aurora Zamora y Mauricio García. Y a pesar que pretendí evadirlo, mis queridos amigos me advirtieron de que habría una confirmación previa para este contacto, exactamente a las 9:00 p.m. Y precisamente a esa hora, apareció una nave madre sobre la laguna verde, toda ella adornada en un racimo de luces que la “vestía” magnífica en el cielo. Todos la contemplamos contentos, y Cristian Vallejo, desde su carpa, vio además al Guía Antarel, físicamente, de pie y cerca de las ruinas que habíamos empleado como zona de acampe al pie del volcán. Yo fui al encuentro de Antarel, y fue así, en esta “sorpresiva” experiencia, en donde el gigante de Apu me ratificó la invitación para Tierra del Fuego y mi “traslado” desde allí a Kayona. Tenía un año para prepararme, pues Antarel me transmitió que el 12 de diciembre de 2004 era la fecha de contacto. Esta fecha no la mencioné en el Informe Licancabur, y sin embargo otros grupos también la recibieron, como el de Bariloche. Serían ellos precisamente, con hermanos de Trelew, Santiago de Chile y mi esposa Iara, quienes integrarían el equipo que iría a la cita en Tierra del Fuego.




Así se fue dando forma al viaje. Numerosos mensajes, recibidos por diferentes antenas y en lugares distintos, aportaron valiosos detalles. A continuación algunos extractos de ellos:

Bariloche, Argentina, 10 de octubre 2003.

“Sepan que es importante que lleguen unidos y con la conciencia del momento actual.

Ushuaia abrirá sus puertas y Bahía Lapataia será el lugar de sus trabajos. Entrarán en contacto con nosotros y allí les guiaremos.

Al hermano Nordac díganle que se sienta preparado pues así lo está. Que la vida diaria y familiar le dará la fortaleza y equilibrio para cumplir con lo que se espera de él. Pueden invitar a algunos grupos, mas háganlo de un modo discreto y a los hermanos que ya conectan con ustedes. De Chile se espera que participen.

En el viaje tomen conciencia de que van transitando en la Luz de una Tierra Virgen, apenas contaminada de egoísmo y crueldad, por eso aprovechen para trasmutar con sus cadenas todo aquello. No compliquen sus vidas, sólo dejen que se sucedan los días y si están en la correcta actitud, todo se dará. Confiamos en ustedes. (Antarel)”.

Tijuana, México, 10 de septiembre del 2004.

“Sobre la consulta que nos haces de la invitación a Kayona, estate tranquilo que estamos apoyándote y protegiéndote. Aquellos que sientan este contacto, y que guardan sintonía con la invitación que te hemos extendido, podrán acompañarte como testigos a Tierra del Fuego. No será un grupo muy numeroso. Ya verás, como ha sucedido antes, que todo está bajo un orden pre-establecido. A los hermanos de Argentina les sugerimos mantener la unidad de los grupos y la preparación. Es una pauta que no debe ser desestimada por los grupos de la Misión a escala mundial, pues la oscuridad está procurando enfrentarlos, dividirlos, y así, con vuestros esfuerzos aislados, no serán lo suficiente para concretar los objetivos ulteriores de la Misión. Estén alertas, porque verán cosas desconcertantes (Oxalc)”.

Bariloche, Argentina, 7 de diciembre de 2003

“Este viaje será de vital importancia, por cuanto las experiencias que les tenemos reservadas, darán paso a la apertura de un momento clave para la Misión y el Plan Cósmico. Recuerden que durante esta experiencia también irán fundando las bases para un futuro viaje a Egipto.

Ustedes saben que la Ciudad de los Cesares que se buscaba no existe, por cuanto las referencias que trascendieron fueron cambiadas por influencias de las fuerzas oscuras que aprovecharon el afán de la conquista y su ambición de riquezas materiales; con esto lograron confundir el verdadero relato que recordaba a la antigua Kayona, la ciudad instalada de antiguo y construida con elementos de la Tierra y de las estrellas, simbolizando, o conmemorando, la intervención, acertada y desacertada, de distintas civilizaciones. El descubrir lo que fue aquello abrirá la puerta a una aceptación masiva de vuestros orígenes cósmicos.

Como bien han intuido y sentido, sobre ustedes y vuestra responsabilidad, hoy cae el peso de la acechanza que pretende apagar la llama de aquella poderosa cultura. Tomen conciencia de esto y se encontrarán con el poder que hay en ustedes, poder que les permitirá, no sólo sobreponerse y seguir andando si no que les dará la claridad para comprender este proceso que están viviendo. Recordarán lo que mora dentro de vosotros y allí saldrán adelante. El amor, la tolerancia y el perdón son las herramientas que salvarán las situaciones de desencuentros.

Salgan a las 12.30 am. y retomen los trabajos. Allí encontrarán que no están solos. Podrán recibirse cristales, más estén atentos por más.

Con todo nuestro apoyo, Antarel y Oxalc”.

“Los esperamos al sur del continente. Deben iniciar el trabajo que no les llevará más de 3 días en el lugar. Deben prepararse. Lo que recibirán es importante.

Nordac tendrá un contacto con Joaquín, que en esta oportunidad develará información vital: “la historia más antigua”.

Saben que esto es la llave para el Gobi.

Si las condiciones lo permiten y su preparación es la adecuada más de uno podrá ser transportado a la Antártida. (Antarel)”

Nota: Los Guías se mostraron en varios avistamientos, en la hora exacta mencionada por el mensaje, y ante todo el grupo que estaba en la salida.

“Los Coroneles”, Olmue, Chile, 10 de octubre de 2004

“Recuerden de que en la medida que vuestro planeta se acerque al Real Tiempo del Universo, se irán activando ciertas zonas del mundo donde se cruzan poderosas líneas de fuerza. En aquellos vórtices, donde generalmente culturas del mundo antiguo erigieron sus pirámides y obeliscos, obedeciendo a un conocimiento cósmico, se puede conectar con el pulso temporal espacial. Funcionan como espejos. Concilian dos realidades.

En ciertas oportunidades, a través de nuestra tecnología, y gracias también a vuestras potencialidades psíquicas, hemos abierto “pasos del tiempo”, verdaderas puertas interdimensionales que pueden enlazarles con una realidad que les aguarda tanto como criaturas como planeta. No es un xendra propiamente. Es una puerta distinta.

Comprobarán que aquellos lugares que visitaron como grupo de contacto no sólo obedecían a la proximidad de nuestras naves o por el magnetismo que poseían, sino porque en esos puntos se encuentran aquellas zonas del “no tiempo” que ustedes pueden percibir, potenciar, y cruzar. Una de estas puertas se encuentra en el extremo sur de América, en Tierra del Fuego. Hemos acondicionado aquel umbral para un traslado físico a Kayona (Antártida). Sólo déjense fluir, y no permitan que nada les aleje de este objetivo.

Recibirán un conocimiento revelador. Una pieza importante en el rompecabezas del Plan Cósmico. Se otorgará la clave de los Discos Solares, tal como lo han venido sintiendo desde vuestra incursión en las selvas del Roncador. Pero habrá algo más. No olviden, que mientras más cerca se encuentren de cumplir ciertas etapas de la misión y sus objetivos más íntimos, la oscuridad hará denodados esfuerzos por alejarlos del camino, sembrando confusión y enfrentamientos entre ustedes.

Deben tener presente, que en un futuro, Chile y Argentina serán unidos por una ciudad subterránea. El Encuentro Mundial en Capilla del Monte, y la experiencia en Kayona, son los primeros grandes pasos. Pero será a través de Isidris que consolidarán definitivamente los lazos en un trabajo conjunto. Tiene que ser así. (Antarel)”

“Con respecto a la experiencia anunciada para vuestro hermano Nordac, él debe ir sin ni ninguna duda de que ésta se dará, preparado para algo que le tenemos reservado a él y a los hermanos que le acompañen, en un número no mayor a siete. No queremos anticiparles nada para que las expectativas que se puedan generar les desconcentre de los objetivos. Sólo les decimos que la activación del disco solar resguardado en Kayona, pronto se hallará totalmente activado. Trabajen los que sientan ir a la zona austral. Este viaje contará con hermanos comprometidos de las dos naciones, que poco a poco van desechando las fronteras físicas que los separan en un trabajo con responsabilidades en conjunto.

Es hora de retornar a los orígenes. Al lugar donde todo se inició. No deben retrasar más esto. (Antarel y Oxalc).

Bariloche, Argentina, 28 de noviembre de 2004

“El grupo que va a Tierra del Fuego no sólo será testigo de lo que allí sucederá. Si se encuentran atentos y escuchan a su corazón, hallarán el camino a sus propias vivencias de aprendizaje. Quienes van, han sentido el llamado a este viaje porque media un propósito profundo. Más de uno está ligado a la historia perdida de Kayona y del actual extremo sur del mundo. Sabemos que quienes te acompañan son hermanos comprometidos con el mensaje. El Profundo los ha colocado allí.

Desde el día 11 pueden permanecer en el lugar del contacto. Ello les sintonizará con las energías allí depositadas por nosotros. Esperen la señal el día 12.

El 12:12 es la clave. La puerta se abre y el Guía que ya conoces te esperará para llevarte con los Supremos. La puerta a Kayona no es un Xendra. Se ve con el corazón limpio y no con los ojos (Oxalc)”.

TIERRA DEL FUEGO

El día 10 nos encontramos en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, mágica y cautivante, llena de leyendas e historias que van desde los antiguos Onas a las expediciones de Magallanes. El grupo que me acompañó a esta salida tan especial fue conformado por Mariquita y Betina Grosman de Trelew; Maria Esther Irigoyen, Carina Marzullo y Ricardo Zapata de Bariloche; Aurora Zamora y Fernando Varela de Santiago de Chile; y Iara Agnus de Buenos Aires.

Muchos hermanos habían sentido participar de este primer contacto con Kayona, y de hecho no todos pudieron estar presentes ya que en todo momento procuramos seguir las recomendaciones de los Guías que hablaban de un equipo pequeño. Así, tomamos en cuenta las primeras personas que comunicaron su posible participación, y que desde un principio habían estado sintonizadas con esta tarea; todas ellas, claro está, con importantes experiencias que avalaban su presencia en la salida. No obstante, vimos finalmente que el grupo se había confirmado en nueve integrantes. Ante ello, sugerí que no se dejara a nadie fuera de este viaje, y que fuéramos todos bajo mi responsabilidad, pues las cosas se habían dado naturalmente y ya en el lugar cada uno viviría o aportaría lo que el Plan había reservado. Este tipo de decisiones deben ser bien meditadas, aún más si nos hallamos frente al sabio consejo de nuestros Hermanos Mayores; sin embargo, también los años y los errores cometidos nos han enseñado cómo conducirnos lo más humanamente posible ante estos encargos, sin poner en mayor riesgo el éxito de una experiencia. Y ahora puedo decir que el grupo que participó de la salida a Tierra del Fuego fue perfecto, armónico, y por encima de todo comprometido con el encargo recibido. Uno nunca deja de aprender.

Gracias a las gestiones de Maria Esther, Carina e Iara —que llegaron a Ushuaia unos días previos al encuentro de todo el grupo— conseguimos un vehículo que nos llevara a Bahía Lapataia, un lugar realmente lleno de luz, y que las comunicaciones citaban como coordenada del contacto.

Los Guías nos habían dicho que podríamos estar en el lugar desde el día 11, y sorprendentemente, ¡hasta el día 10 el camino que conduce a Lapataia estaba cerrado! Recién lo abrieron el día 11 por la mañana… Esta situación también nos permitió acampar en el lugar completamente a solas. Ni qué decir del clima. Si bien es cierto hacía frío, no resultaba tan intenso como en los días previos a nuestro arribo. Todo se nos dio de una forma maravillosa.


Se percibía la “mano” de los Guías. Antes de partir a Lapataia, la naturaleza fue tan generosa con nosotros que nos regaló la formación de tres Arco iris, un símbolo poderoso que representa la alianza con Dios y el emblema de la Hermandad Blanca: Tres Círculos Concéntricos. El grupo vio esto muy contento, y al menos pudimos tomar algunas fotografías, aunque en ellas sólo se aprecia uno de los Arco iris (los otros dos desaparecieron en un instante!).


El día 11 lo aprovechamos en meditar y elevar la vibración del grupo. En leer los mensajes recibidos y en compartir nuestras experiencias. Fue anecdótico tener muy pocas horas de noche, pues a las 23:00 h. todavía caían los rayos del Sol y amanecía muy temprano. Le comentaba a los muchachos del grupo el efecto inverso que produjo en nosotros estar tres días al interior de la Cueva de los Tayos (Ecuador), con total oscuridad, situación que a más de uno alteró su reloj biológico.

El día 12, domingo, nos aproximamos a la orilla de la Bahía. Fuimos a reconocer el lugar para trabajar allí. Entonces empezaron a darse las primeras señales de cómo se desarrollaría el contacto.

LOS MOMENTOS PREVIOS

No hallábamos meditando frente a las costas marinas del Canal Beagle. Cerca nuestro teníamos un intrincado bosque de Lengas, que me recordó el sonado incidente del 14 de septiembre de 2004, cuando un objeto luminoso —según los testigos, una bola de fuego de unos 6 metros de ancho por unos 30 metros de largo que terminaba con una cola azul como si fuera una “birome”— fue visto descender a gran velocidad por detrás del Glaciar Le Martial, en el Valle de Andorra. Luego de descartarse cualquier explicación racional (se habló de meteoritos y hasta de una bengala…) un grupo expedicionario llegó al lugar del “impacto” percatándose de que no había cráter, pero sí un posible rastro del fenómeno: un bosque de Lengas arrasado. (Ver foto abajo)

Hasta el día de hoy, a mitad de 2005 en que me hallo escribiendo este informe para mi sitio web, el debate sigue abierto; pero llama la atención de que entre septiembre y diciembre de 2004 hubo una gran actividad ovni en el sur argentino. Hay que tener en cuenta de que la “bola de fuego” avistada en Ushuaia fue vista desde diversos sectores, incluyendo Río Grande, localidad que se halla a 220 Km. del lugar. Como fuere, nuestro trabajo en la costa estaba concentrado en percibir alguna pauta adicional de los Hermanos Mayores para el contacto que, según los mensajes recibidos, se daría a las 12:12 (24:12 h).


Fue en esa meditación que hicimos donde Antarel me mostró un claro en el bosque, y una imagen desconcertante: una puerta de luz, que lucía como un sutil destello blanco brillante, permanecía flotando sobre el agua. Antarel, en la visión, me pidió que le acompañara a la puerta, y yo dudé, pues ésta estaba sobre el agua y temía ahogarme al intentar llegar a ella. Es de todos sabido que soy un pésimo nadador.

Antarel me instó a que le acompañara, que me tuviera confianza. Y así lo hice, notando que empezaba a caminar sobre el agua al lado del Guía. Sin embargo, estando cerca de llegar a la puerta de luz, me empecé a hundir. Antarel, con su característico rostro lleno de paz, me dijo: “ Te falta más fe ”.

Cuando terminamos la meditación, me sentía avergonzado, pero había comprendido el mensaje del Guía, a pesar de que no veía cerca de nosotros ningún indicio de aquel “claro” en el bosque. En medio de la conversación sobre todo lo que vimos y recibimos, pasó algo mágico: el mar se empezó a retirar. Fue tan evidente, que dejó al descubierto otra playa. Fernando Varela de Chile —“Feña”, como le decimos entre amigos— se animó a echar un vistazo. Casi de inmediato me llamó para que le siguiera. ¡Nuestro amigo había hallado aquel claro en el bosque que mencionaba Antarel! Era de no creerlo. Cuando vi el lugar reconocí de inmediato el paisaje que me había mostrado Antarel, sólo unos minutos antes durante la meditación… Allí también constatamos que había otra forma de llegar a ese claro sin tener que cruzar a la otra playa. Además, como un detalle importante a tener en cuenta, Carina de Bariloche nos comentaría de un sueño que había tenido previo a este viaje, y en donde le mostraron la puerta dimensional abriéndose sobre el agua…

Al ver que todo se estaba dando para la experiencia, y aceptar que durante la visión con Antarel había dudado en seguir hacia la puerta, que me había faltado más convicción, reconocí internamente de que era verdad. Aunque sabía que la experiencia era positiva, real y necesaria, y que internamente estaba llamado a vivirla, “algo” en mí se rehusaba a dar ese último paso para concretar.

Cuando volvimos al campamento les pedí a los muchachos que me dejaran a solas. Necesitaba meditar. Ellos siguieron trabajando e inclusive en la tarde volvieron a la costa del Beagle.

Debo ser sincero: En esas horas en que estuve solo, descubrí que aún estaba afectado por una serie de situaciones y pruebas de todo tipo que se me habían presentado en los últimos meses. En ese momento no entendía el significado y el por qué de aquellas pruebas. Ni recordaba lo que me anticipó Joaquín sobre ello en el contacto de julio de 1998 (San Juan de Iris) y el mensaje del Oráculo de Hayumarca (junio 2004). Sólo me preguntaba: ¿Para qué vivir una nueva experiencia? ¿Qué esperaban los Guías de este contacto con Kayona? ¿Por qué yo otra vez?

Decenas de preguntas se repitieron en mi mente. Y por un momento me sentí solo, con ganas de abandonar, de rendirme. Y lo único claro que escuché en ese instante, como si fuese una brisa, fue: “ hermano, sabes que no estás solo ”. Casi de inmediato comprendí…Y más aún el mensaje de la visión con Antarel... Como nunca antes sentí que debía seguir adelante, más allá de todas las situaciones de aprendizaje que tenemos que sortear en este camino, por más difíciles e incomprensibles que fuesen.

Entonces le dije a los Guías que lo haría. Que iría al bosque a la hora designada. Y cuento esto no para dar una imagen de un Richard González comprometido con la Misión de contacto. Yo sólo soy un integrante más de este gran mosaico —siempre lo he dicho—. Sin embargo, he sentido transmitir esta vivencia personal porque sé que a muchos les ha sucedido, o quizá lo están afrontando en este momento ya que estamos viviendo tiempos definitivos y definitorios. El mensaje es sencillo: hay que seguir adelante por que todo esto es real y positivo.

EL CONTACTO

Esperábamos de los Guías la presencia de sus naves, que había sido señalada a las 23:30h de aquel día 12 de diciembre como respaldo y aval del contacto con Kayona. Nosotros aguardamos los avistamientos en ayuno silente. Y ni bien iniciamos la práctica, a la hora exacta, una nave se mostró en el cielo; teníamos una “noche” aún clara y que esgrimía unas pocas estrellas. Todos vieron la nave menos yo. Y los muchachos me decían entusiasmados: “ Apareció y se desplazó sobre el Cinturón de Orión ”.

Miré al cielo, y sintiendo la presencia de ellos, tan cercana y palpable, apareció otro objeto… Y luego otro más. Estaban allí, moviéndose sobre nuestra ubicación, encendiendo y apagando sus luces como diciéndonos “ Estamos aquí ”. Aurora, mentalmente, le pidió a los Guías que una de las naves viniera en dirección opuesta a lo que estábamos observando. Y así ocurrió en presencia de todo el grupo. Esta escena me recordó una salida con Aurora en Cipreses (Chile), en donde se produjo una comunicación similar con el Guía Antarel, y acto seguido una nave se mostró descendiendo sobre el volcán “El Palomo”. La situación no era muy diferente en Ushuaia. ¡Estaban otra vez con nosotros!

El siguiente paso era dirigirnos al bosque. Prácticamente todo el grupo sintió ir y apoyar la experiencia desde muy cerca. Así, nos encaminamos hacia la costa de la Bahía, en dirección al claro que Feña había descubierto y que el propio Antarel me había mostrado previamente en una visión. ¡Impensable como se estaba dando todo! Tenía una emoción desbordante. Una sensación interior diferente a todo lo que había enfrentado en otras oportunidades.

Al constatar el apoyo manifiesto de los Guías —una vez más en los momentos en que los requerimos— sentí como si estuviese avanzando con un ejército de ángeles, muy asistido y acompañado. No está demás decir que el grupo me transmitía seguridad y determinación. En ningún momento dudaron que todo esto se diera.

Cuando llegamos a la entrada del claro, los muchachos se quedaron haciendo un trabajo de apoyo mientras yo me acercaba a “inspeccionar” el lugar. La idea era corroborar la formación de la puerta dimensional que citaban los Guías. Casi automáticamente estaba siguiendo el “ modus operandi ” para detectar la posible materialización de un Xendra. Y aunque sentía muy cerca al Guía Antarel, y el lugar me resultaba “distinto”, “diferente” —es decir, “algo” había cambiado allí pero no sabía qué—, no veía nada que me sugiriera la puerta que buscaba. Estaba a punto de volver con el grupo cuando de pronto recordé el mensaje que advertía una “puerta diferente” para esta experiencia, que “se ve con los ojos del corazón”. Y me pregunté: ¿Qué sientes hacer?

Y sentía seguir, con la visión en mente de la puerta de luz sobre el agua y Antarel allí esperándome. “Lo que me faltaba —me dije—, si me mojo con este frío…” Avancé seguro y a paso ágil, con los brazos flexionados a la altura de los hombros y las palmas hacia delante procurando sentir cualquier variación en la energía del lugar. Me aproximaba a la orilla, cuando, de pronto, en un instante… Algo había pasado…

Ya no me encontraba en la Bahía Lapataia... Estaba en una playa de finas arenas y ¡de día!, con un Sol impresionante. Y yo con el abrigo encima y los guantes. Sentí el calor, mientras contemplaba el paisaje totalmente desconcertado. ¡Había “aparecido” allí en menos de un segundo!

En el agua de este mar apacible, se hallaban dos hombres muy morenos, altos y atléticos, que me recordaron a los antiguos aborígenes australianos. Recuerdo muy bien que tenían el torso descubierto y ambos portaban como unas grandes jabalinas de madera, y las hundían con golpes rápidos en el agua. Tuve la sensación de que estaban pescando.

Ninguno de ellos había advertido mi presencia allí. Era como si no estuviera. Entretanto yo me preguntaba que tenía que ver esto con la experiencia anunciada con Kayona, si era “real” lo que estaba viviendo, en qué momento “entré” en la puerta…

Entonces decidí acercarme al hombre más próximo a la orilla, y tocarle. Estiré tímidamente mi brazo derecho para llegar a su espalda. Y cuando debería haberle tocado, ¡le atravesé! —como si se tratase de una imagen virtual—, y en un abrir y cerrar de ojos tuve una visión increíble, nítida como extraña: veía desde arriba, desde lo alto, como si estuviese “volando”, una ciudad majestuosa, una mezcla de tecnología avanzada con construcciones de orden piramidal que parecían haber sido levantadas en un material similar al mármol. Veía inclusive gente caminando en una vía muy ancha, y que conducía a una pirámide mayor rodeada de varias cúpulas. Se apreciaban varios jardines, caídas de agua, y sobre todo, paz.

Estaba mirando Kayona, una imagen del pasado antes del desastre.

LA ORDEN DE LOS VIGILANTES

Luego de aquella “visión”, en un abrir y cerrar de ojos me encontré al interior de un gigantesco salón. Sentí que me hallaba dentro de esa Gran Pirámide que había visto desde “el aire”. No había nadie. Se percibía una soledad abrumadora, y al mismo tiempo, un ligero temblor en las paredes. Y de pronto tuve frío, viendo cómo las blancas paredes de este templo se cubrían de hielo, mientras una suerte de vapor, en extremo frío —tanto que “quemaba”— ingresaba por los grandes pasillos que convergían en este recinto circular.

Por alguna extraña razón, “sabía” que no todos los habitantes de Kayona eran sorprendidos por este congelamiento súbito de la ciudad. Bajo mis pies, bajo el suelo de este templo, sentía a un grupo de personas refugiándose.

Y entonces la visión de este templo cambió.

Sorprendido, vi a un gran grupo de Guardianes y Vigilantes extraterrestres, muy similares en su aspecto a Ishtacar —el gigante nórdico que conocí en la experiencia que me llevó a Celea—, portando sobre un recipiente, similar a una “bandeja”, un cuenco que parecía estar hecho de un cristal verde, aun más hermoso que una auténtica esmeralda. Despedía un brillo inusual, como si estuviese pulsando energía desde dentro. Como si estuviese vivo…





Los Guardianes y Vigilantes se dirigían a un altar de piedra, que ya había advertido en el centro de este salón. El altar era básicamente una pequeña estela, quizá de un metro y medio de ancho y uno y medio de alto. No puedo estimar su espesor con certeza ya que en esta experiencia estuve ubicado de frente a él. Sobre este “promontorio pétreo” colocaron el cuenco verde. Los Vigilantes se habían dirigido allí formando dos filas; todo lo hacían con solemnidad, como si cada detalle formase parte de un ritual.

Entonces, vi algo que, sinceramente, me conmovió sobremanera:

Los Vigilantes se arrodillaban ante el aquel cristal verde…

¿Por qué lo hacían? ¿Por qué era tan importante aquella piedra? —me decía.

Se me estaba revelando un aspecto menos conocido de los Guardianes y Vigilantes. Un aspecto “místico” en torno a una piedra de poder que es importantísima a escala galáctica. Como me revelaría instantes después el Maestro Joaquín, existe una Orden Cósmica que se inició en torno al simbolismo de este cristal; un elemento inusual de hallar en el Universo, y que en este caso, había sido encontrado en lo que llamamos la Gran Nebulosa de Orión. Esta piedra contiene un importante secreto de la Creación del Universo Material, pues es la mente hecha materia, el pensamiento hecho verbo, la luz cristalizada…

Entonces tome conciencia de que todo el tiempo que había observado estas escenas, me hallaba en realidad, físicamente, en aquel Templo de Kayona. Pero en el presente…

De alguna forma, “algo” me había traslado materialmente allí —sin duda la puerta dimensional, pero ya hablaré de ello más adelante—; y aún absorto y reflexivo, intuía que las visiones y escenas relacionadas a la historia de Kayona, me habían sido transmitidas o “proyectadas” por la mismísima piedra verde, que seguía allí, sobre la estela de piedra. Y es que esto ya no era una visión: me encontraba de pie frente a ella, y el Maestro Joaquín ubicado detrás, observando todo en silencio…