martes, 2 de diciembre de 2008

Jesús Secreto (parte final)


He sentido culminar el artículo sobre Jesús Secreto en esta cuarta y última parte con una reflexión personal.

Más allá de las posibles apariciones de ovnis en La Biblia —como la estrella de Belén—, si nació o no un 25 de diciembre, si viajó a la India en sus años perdidos, o si la síndone de Turín fue el manto que le envolvió luego de la crucifixión, pienso que Jesús y su mensaje están más allá de todo eso.

Probablemente, sea uno de los hombres más misteriosos de la historia humana. Lo hemos visto al abordar algunos de los enigmas más desconcertantes de su vida.

De hecho, existe un Jesús para el mundo cristiano; los hinduistas lo interpretan de otra forma y no pocos lo comparan con el Señor Krishna. Hay también un Jesús esotérico, simbólico, estudiado desde otro punto de vista por antiguas escuelas de conocimiento. Y hay más de un grupo de contacto extraterrestre que afirma que Jesús fue un mensajero de las estrellas. Que descendió de una nave espacial y que de esa misma forma volverá al planeta.

Para nosotros, que somos un grupo de contacto, y al mismo tiempo una escuela de aprendizaje por todo lo que vivimos, consideramos a Jesús como un hombre de la Tierra. Un alma de este planeta. Un ser que incorporó la energía de una entidad superior o espejo de Dios durante su ministerio público. Un personaje que, si bien es cierto era “diferente”, nunca dejó de ser humano, pues tuvo miedo y enojos. Quizá por eso inspira tanto. Y es que Jesús predicó una religión del corazón, sin templos ni catedrales. Su mensaje, simple y poderoso, ha perdurado por más de 2000 años.

Confieso que en un principio, cuando en la experiencia de contacto extraterrestre se hablaba de Jesús, me puse en alerta pues me resultaba en extremo desagradable mezclar el fenómeno ovni con la religión. Sin embargo, poco a poco fui comprendiendo que Jesús estaba más allá de eso, y que el verdadero punto de atención no se hallaba en los enigmas que le rodeaban, sino en su propia vida y mensaje. Un ejemplo de humanidad que habría sido seguido por las propias civilizaciones extraterrestres que nos visitan.

Tuve una formación cristiana, pero debo decir que desde que empecé a vivir la experiencia de contacto, mi visión de Jesús se enriqueció.

Sea bajo los ojos de un teólogo, o de un científico, o de quien lee ahora estas líneas, la vida del Maestro no pasa desapercibida y siempre tiene algo qué enseñar.

Entre más investigo su mensaje, comprendo que se puede interpretar y comprender desde diferentes visiones, aunque todas ellas armonizan en la sencillez, el servicio, la verdad y el amor.

Aquel mensaje ha sido —y es— la piedra de toque de nuestra experiencia de contacto.

Resulta increíble que seres de otros mundos valoren tanto la vida de un ser humano que, de acuerdo a las informaciones que nos han transmitido, ha alcanzado un nivel de conciencia superior al de los propios mensajeros estelares. Lo logró en una vida corta pero intensa. Y no necesariamente al morir en la cruz, sino al perdonar a pesar de que le quitaban la vida.

Y así venció a la muerte.

Pero, ¿dónde está ahora el Maestro? ¿Cuándo volverá a la Tierra?

Muchos se han preocupado en decir que está en tal o cual lugar, preparando su venida para el 2012 u otro momento que encaje con las profecías más difundidas en la actualidad.

Pero pocos olvidan que él mismo habría advertido que su retorno no tenía fecha. Que del día y la hora nadie lo sabía, ni los ángeles del cielo ni el hijo del hombre (el propio Jesús) sino tan sólo “el Padre”, el Universo en sí mismo. Es decir, que las condiciones de su retorno, la promesa de una “segunda venida”, depende de muchas variables. Entre ellas una importante transformación de la Tierra, pues él volvería a evaluar todo lo alcanzado por la humanidad.

Sea cual sea nuestra fe o filosofía de vida, todos sabemos que más de una religión, leyenda o mito, habla de esa transformación, y de un retorno o transito a una Era Dorada.

Hoy en día se habla de la profecía maya de 2012 y se asocia todo ello al retorno de Jesús.

Independientemente de la realidad de aquella profecía maya, asociarlo a la segunda venida y otras cosas es una especulación. Y sería triste trabajar por el cambio sólo porque una fecha mencionada en una profecía se acerca. Uno debería trabajar por el cambio al tomar conciencia de su importancia, no porque algo grande se aproxima. Si no, ¿cuál sería el mérito?


Escribo estas líneas recordando el mensaje de ese Jesús secreto que redescubrí al transitar por las selvas de Paititi, al pasar una fría noche en lo alto del Monte Sinaí, o meditar a solas por varios días en el desierto de Chilca en Perú, escenario principal de nuestras experiencias. Y al final, uno aprende que el mejor lugar para buscar las respuestas está dentro de uno mismo, aunque en su momento necesite de los lugares sagrados como activadores.

Es inevitable tener en Jesús una referencia del camino. De ver en él un ejemplo de lo que un ser humano vibrando en amor puede alcanzar.

Sin temor alguno, puedo decir que Jesús es el eje principal de una historia cósmica que reposa silente en lo más profundo de nuestras mentes. Pero ese será un tema que profundizaré en otra ocasión.

Finalmente, mi conclusión personal es que el verdadero Jesús, el que no tiene secretos, se le descubre en uno mismo al verse reflejado en los demás. He allí la clave de su legado para nuestra actual humanidad.