martes, 2 de diciembre de 2008

Marcahuasi: El altar de los dioses


El legado de una humanidad desconocida
Cuando visité por primera vez aquella montaña en los andes peruanos, volví con sensaciones encontradas. Por una parte me había conmovido la belleza de su bosque de piedras; la intensa energía que emana y su silencio cósmico que penetra tanto de día como de noche. Sus cielos limpios y abundantes en estrellas, un espectáculo que he podido repetir a duras penas en otros lugares del mundo. Y sin duda, la visión que ofrece del océano pacífico desde sus 4,000 metros de altura, es un hecho único en ese lugar. Es mágico.


Pero el ascenso, hasta aquella meseta llena de leyendas, es duro y agotador. No sé por qué. He ascendido varias montañas, pero ésta deja su huella al más recio de los exploradores. ¿Será acaso su energía?

Como fuere, más de un peregrino —como yo la primera vez— pensó durante el ascenso que “era la última vez que iba a un lugar tan duro”. Y sin embargo, volví una y otra vez a ese templo de piedra. Y en aquellos nuevos viajes, la sensación de cansancio al subir desapareció. Incluso en alguna ocasión con la pesada mochila a la espalda. Y he disfrutado de la camina, a pesar del apunamiento que planea constantemente sobre los caminantes que acuden allí.

No, no fue mi cuerpo el que se acostumbró. El estado físico no predomina en el ascenso a Marcahuasi. El espíritu es quien te conduce.

En síntesis, debes estar en armonía con aquella montaña. Así lo sugirieron Pedro Astete y Daniel Ruzo, los primeros investigadores peruanos en estudiarla y difundirla.

Aún ocultando al profano sus más recónditos secretos, Marcahuasi se encuentra en la Sierra de Lima, hacia el este, a cinco horas de la capital en automóvil, entre los valles de Santa Eulalia ?cuyo nombre antiguo fue Mamay? y el valle del Rimac. El punto de partida suele ser Chosica, desde donde se puede ascender los Andes en una camioneta hasta el pueblo inmediato a Marcahuasi: San Pedro de Casta.

Una vez establecido en este acogedor pueblo andino, el explorador debe caminar al menos tres horas, llevando su equipo en mulas, para alcanzar el bosque de inmensas piedras que parece haber sido levantado por gigantes.

Se presume que Marcahuasi estuvo habitada entre los años 800 y 1.476 d.C. por las culturas Yunga y Yauyo, hasta el arribo hostil de ejércitos incas. Sin embargo, otras investigaciones señalan de manera particular a la cultura Masma, anterior al Imperio del Sol, y a decir del propio Daniel Ruzo, conocedor de la existencia de cavernas al interior de la meseta ?única en su género en América?, estas entradas ocultas conectarían con un asombroso mundo subterráneo que los campesinos de pueblos adyacentes han oído de sus ancestros.

Y ello me consta, pues hasta hoy en día los lugareños hablan de “mundos secretos con gente vestida de blanco” bajo estas moles de piedra.

Guardianes silenciosos
Marcahuasi fue dada a conocer al mundo en 1952 por el Dr. Daniel Ruzo, a través de su libro “Marcahuasi: La historia fantástica de un descubrimiento”. En esta obra, Ruzo detalló el estudio de unas curiosas figuras de piedra en esta montaña que, en determinadas épocas del año, ante la luz del Sol, “cambian de forma”, como si tuviesen un mensaje que entregar. Por si esto fuera poco, al tomar una fotografía a algunas de estas efigies pétreas, en los negativos aparece “otra imagen”, coexistiendo con la que se pretendió retratar.

Ruzó estudió por años la meseta, al punto de llegar a construir en ella una cabaña al lado del Monumento a la Humanidad, una gigantesca roca con apariencia de rostro humano, tan clara y evidente que sugiere que manos físicas la tallaron hace mucho tiempo. Aquel silencioso rostro de piedra es lo primero que llama la atención cuando se llega a la meseta ?si el peregrino toma el camino corto?. ¿Una formación natural? O como dicen algunos, ¿la representación de un antiguo Maestro de Marcahuasi?




A decir de los lugareños, se halla la creencia que la meseta estuvo habitada por “personajes barbudos de gran altura”. A pesar del rostro adusto y duro, inspiraban paz y espiritualidad. Ellos habrían sido los responsables de la construcción de los canales internos que filtran el agua de las lagunas, acumuladas en las cochas, durante el invierno. Pero las figuras de piedra, representen o no a aquellos personajes legendarios, en realidad, no están silentes. Habrían sido hechas deliberadamente para atraer al aspirante que se encuentre en sincronicidad con Marcahuasi. Entonces se revela la “ruta de acceso” al mundo interior, que permanece aguardando al sincero buscador de la Verdad.

Es curioso, pero se han reportado casos de desapariciones, como el que publicó el diario El Comercio de Lima ?considerado el más serio del Perú? en julio de 1987, dando cuenta de la extraña desaparición de un ingeniero que se identificó en la nota con el seudónimo de “Mapro”.

Pero más allá del misterio que despierta este hecho, existe un antiguo acceso a ese mundo interno que puede al menos ser visto por quien visita la meseta.

Para muchos, es la entrada por la cual más de un explorador se ha “perdido”.



La entrada prohibida
Pedro Astete habría sido el primero ?al menos de quien tenemos noticia? en inquietar los túneles de Marcahuasi. Supuestamente, en algún lugar de esta meseta que ocupa cerca de 4 Km. cuadrados de superficie, halló una caverna, en cuyas profundidades se topó con “pergaminos que mostraban una escritura muy antigua”. Nadie sabe exactamente qué caverna vio Astete, y aún menos el paradero de los escritos que se hallarían en ella. Sin embargo, no pocos piensan que aquella entrada subterránea no es más que la famosa caverna del “Infiernillo”, un tajo profundo en el suelo rocoso de Marcahuasi ?cerca a la figura de la Anphichelidia o Tortuga Triásica? que actualmente se encuentra cerrado por los pobladores de San Pedro de Casta, pueblo campesino inmediato a la meseta.

Y como decía, hasta hoy en día la gente de Casta le cuenta al visitante cómo algunas personas que por “accidente” cayeron en esa caverna ―antes que esta fuese tapiada― aparecieron a kilómetros de distancia, caminando desorientadas en el sector de Vikil, donde se hallan unas cataratas de agua. Quienes sobrevivieron a esta experiencia afirmaron haber visto aquellos hombres con túnicas blancas, viviendo en paz en una impresionante “ciudad de cristal”.




Por si esto fuera poco, los más ancianos del Pueblo sostienen, además, haber visto extrañas luces desplazarse sobre Marcahuasi, y presenciar como éstas esferas luminosas “entraban” en la caverna del Infiernillo.

El mismo Manuel Olivares, quien fue mano derecha del Dr. Daniel Ruzo, nos confió que el célebre investigador de Marcahuasi intentó descender por esta caverna, convencido de la existencia de los archivos que vio Astete, pero más aún, de la “realidad imposible” de una humanidad subterránea, superviviente de un cataclismo, y cuyo misterio podría develar en las entrañas de la meseta.

Penosamente para Ruzo, por ausencia de un equipo adecuado para adentrarse en las profundidades, no logró su cometido.

Hoy es casi imposible intentarlo. La caverna ha sido brutalmente tapiada, sin tener en cuenta la vegetación que ha crecido copiosamente dificultando el acceso.

Y los campesinos de Casta sugieren no acercarse al lugar, pues está “encantado”. Sólo cuando llegue el momento el peregrino podrá entrar…


Tesoros ocultos y las energías magnéticas del ande
En una zona determinada de la meseta, el estudioso sabrá reconocer ciertas esculturas de roca que se miran, y que en su punto de unión visual demarcan una ubicación oculta: el acceso al tesoro de Marcahuasi.


Como siempre, el profano supuso que se trataba de oro, saqueando las diferentes chullpas preíncas de la meseta procurando saciar su ambición. Esta escena lamentable se dio en lugares como “La Fortaleza” y las ruinas de Huacracocha. No obstante, ciertos fenómenos en Marcahuasi pueden jugarle una “mala pasada” al huaquero. Entre ellos, una chullpa que “aparece” en ciertos lugares de la meseta, y en donde no debería estar… Quienes entren en ella, sencillamente desaparecen. Al menos ello es lo que creen los más ancianos del Pueblo de Casta.

El encanto que transmite la Cordillera de los Andes no es gratuito. Como sabemos, actualmente el mundo andino cumple un papel de activación en Sudamérica, como otrora lo hicieron los Himalayas en Oriente. Así fue dispuesto por la Jerarquía para el resurgir de un Tiempo Nuevo Planetario desde América.








No olvidemos que la declaración del “Año Geofísico Internacional” en 1957 por la UNESCO, permitió la visita al Perú de renombrados especialistas con el afán de realizar toda una amplia gama de mediciones geomagnéticas como se estaban llevando a cabo en otras partes del mundo. Yendo al grano, los complejos cálculos geodésicos determinaron que el ecuador magnético recorría tierras peruanas, y que ya no se encontraba cruzando los Himalayas, habiéndose estabilizado desde 1940 en la latitud 12º a 15º grados sur.




Las montañas del Ande, pues, se constituyen ahora en una especie de “antena natural” de energías cósmicas y telúricas que en breve precipitarán un cambio extraordinario en el planeta y la criatura humana.

Marcahuasi, también conocido como el “Altar de los Dioses”, es un buen lugar para sentir todo ello.

Y cuento los días para volver a subir…