lunes, 1 de diciembre de 2008

Mintaka: Un viaje estelar a Orion Parte 2


Si pretendemos un “perdón conciente” -reflexionaba-, no se puede perdonar lo que no se conoce; por esta razón se nos dijo que debíamos conocer la verdadera historia de la humanidad, que a su vez es cósmica, por cuanto todo está conectado, todo está en íntima relación…”


Extracto del “Informe Mintaka”
LA GUERRA ANTIGUA Y LOS 33 MENSAJEROS DE LA PAZ

Ahora que has recordado a RAH, comprenderás porqué se produjo en Orión la Gran Guerra”.

-La insurrección de Satanael, el “ángel caído” -hablé con intensidad ante aquella “voz”.

“No, su rebelión ocurrió más tarde...”
“Nos referimos a la Gran Guerra, la Guerra Antigua...”

Entonces se me mostró a un grupo de seres grandísimos y de aspecto insectoide llegando en poderosas naves para estudiar a RAH, la Gran Nebulosa de Orión.

Aquellos visitantes estelares -procedentes de la estrella Antares en la Constelación del Escorpión- deseaban comprender primordialmente el misterio de la creación de las esencias.

Su visita no fue bien recibida, por cuanto el celo de los oriones frente a la “santidad” de RAH o “El Dador de Vida” era extremo. Y la tensión no pudo ser manejada, teniendo en cuenta que los visitantes de Escorpio estaban haciendo sus estudios sin haber comunicado de ello al Consejo de Orión. Este episodio, ciertamente, ocurría mucho tiempo antes de la insurrección de Satanael, evento que se produjo hace unos 25,000 años de los nuestros y que está íntimamente ligado a la situación mundial actual.

Aquella “Guerra Antigua” que precedió la conocida rebelión del “ángel caído” fue inevitable: escorpiones y oriones se vieron involucrados en medio de un estremecedor enfrentamiento cósmico que, inclusive, comprometió a otras civilizaciones extraterrestres. Mundos enteros fueron exterminados.

En esta experiencia tuve fuertes visiones, donde vi emplear armas terribles y mortíferas, sumándose a ello el esfuerzo por ambos líderes opuestos de la guerra -Orión y Escorpio- en concentrar su avance tecnológico para la creación de nuevas armas y, por si todo ello fuera poco, “ejércitos de clones”.
En Orión se creó genéticamente una raza a servicio de esta verdadera “Guerra de Galaxias”. Aunque de cuerpo frágil y pequeña estatura, aquellos hombrecillos grises serían dotados de una gran capacidad de aprendizaje, constituyéndose en poderosos científicos y operadores de tecnología. Eran los principales aliados de los oriones. Su apariencia me recordaba a la descripción de los “grises”.


En medio de todo este panorama un ser Orión resaltaba por su papel en la Guerra. Se trataba de una entidad de rasgos humanoides, alta y esbelta, de tez blanca y largos cabellos negros. Era un varón de ojos claros, profundos, penetrantes. Aquel Vigilante de la estrella Rigel era el propio Satanael. Me sorprendió verle con esa apariencia y no como un humanoide reptil. Supe entonces que “ellos” no siempre guardaron el mismo aspecto, y que podían “mudar” de cuerpo.

Debido al avance evolutivo que lograron, al morir y encarnar nuevamente, los extraterrestres de Orión no pierden el recuerdo de la experiencia adquirida en la vida anterior. Poseen una “conciencia lineal”. Por ello, en un procedimiento que no podemos comprender aun en la Tierra, decidieron construir sus propios cuerpos o réplicas adultas, para ser ocupadas si su vehículo material era destruido o se detectaba ya inservible. Era como cambiar de ropa.

Todo esto me explicaba porqué no vi niños en Orión.

Entonces me imaginaba a un ser con una conciencia de 3,000 años de existencia encarnar nuevamente como bebé, y tener que vivir ese proceso, una y otra vez, hasta poseer un cuerpo adulto. En la Tierra, desde luego, esto no es así, por cuanto nos encontramos en un peldaño distinto de aprendizaje, olvidando quiénes fuimos en una existencia anterior y creciendo en distintas familias, geografías y realidades para finalmente abrazar la iluminación que nos lleva de regreso a Dios. Según los Guías, no poseemos aun la preparación necesaria para recordar todo cuanto hicimos. Si en una sola existencia, los seres humanos nos vemos afectados por las personas que nos hicieron daño, que dañamos, que amamos, que perdimos, y diversas experiencias de impacto que nos sacuden, ¿qué pasaría si recordáramos el mismo proceso pero en 20 o 50 existencias? No soportaríamos.

Lo que nos permitiría prepararnos para asumir ello, es la conciencia de que somos en realidad seres cósmicos.
Volviendo al relato, Satanael, conmovido por el peligroso desarrollo de la guerra -y esto sonará desconcertante- llevó a cabo una intensa campaña por conseguir una tregua en medio del enfrentamiento cósmico, lo cual logró, entrevistándose inclusive con el mismísimo Consejo de Antares. Fue el inicio de la paz.

Sin duda, capítulos ignorados de nuestra historia cósmica como la Guerra Antigua, nos enseña que ascender en la escala evolutiva no nos libra de cometer errores. Mientras más alto se asciende, la caída puede ser más fuerte. Y ello fue lo que ocurrió con aquellas milenarias civilizaciones extraterrestres. Olvidaron “algo”.





En aquella Gran Guerra estuvieron involucradas 33 civilizaciones extraterrestres. Y fruto de la paz y el intercambio mutuo en armonía, se creó el “Consejo de los 33”, con un representante por cada civilización. Satanael, por sus denodados esfuerzos en pos de la paz, fue elegido por unanimidad para ser el representante de Orión... El número 33, no está demás decirlo, tiene su secreto en este acontecimiento.
El lugar elegido para cobijar esta iniciativa cósmica sería aquel planeta azul que viese al inicio de la experiencia. Lo llamaban Ahelón, en aquel tiempo la sede de tres importantes Consejos: El de los 14 de Orión, el de los 24 Ancianos de la Galaxia, y el recién establecido Consejo de los 33, la base de operaciones de los “Emisarios de la Paz Galáctica” (no confundir con la llamada Hermandad Blanca de la Gran Estrella o Gobierno del Universo Local, constituido por 33 miembros: los 24 Ancianos y los 9 de Andrómeda).

Entonces se construyó una gran nave, blanca como la nieve, y de forma triangular como las siluetas de las pirámides de Egipto. Esta gran nave llevaría a los 33 a visitar diferentes mundos para sembrar aquel llamado a formar parte de Confederación Galáctica. Hicieron esto en nueve ocasiones, antes que llegara un insólito emisario al Consejo de los 14 de Orión.

LA INSURRECCIÓN DE SATANAEL

Y he aquí que se me mostró la sede del Consejo de los 14 de Orión, recibiendo la visita de un extraño. Venía de muy lejos.

Aquel visitante, que irrumpía sin previo aviso en el Consejo de Orión, disfrazaba hábilmente su secreto origen. No era un ser extraterrestre. Se trataba en realidad de una entidad llamada Luzbel, uno de los “resplandecientes” del Universo Mental, que había logrado “auto-otorgarse” en Orión -empleando para ello un cuerpo extraterrestre- con la intención de influir directamente en el Consejo, y llevar nuevamente a los oriones a una guerra. Una guerra que buscaba destruir a “los hijos de Orión”, o más bien, sus hermanos: la humanidad de la Tierra.

El Consejo de Orión supo mantenerse ajeno a las oscuras intenciones del visitante. Sin embargo, las ideas de Luzbel -eje de la saga del Plan Cósmico- iban ganando terreno y simpatizantes.

Entonces aquella entidad puso sus ojos en Satanael, el antiguo General de los Vigilantes de Orión.

Satanael caería en las tinieblas, transformándose en el principal seguidor de la causa de Luzbel: evitar que el denominado Plan Cósmico fluyera con los seres humanos como esperanza de cambio en el Universo.

El argumento de Luzbel hacía alusión a los primeros seres del Universo Material que vinieron a la Tierra hace unos tres mil millones de años, instalándose en bases submarinas en la Antártida -cuando esta se hallaba en el ecuador- en un escenario planetario donde los mares eran ácidos. Aquellos visitantes provenían de la Constelación del Cisne, a 6.000 años luz de nuestro Sistema Solar.


Como nos enseñaron los Guías, aquellos científicos espaciales sembraron esporas en nuestro mundo, con la intención de cambiar la acidez de los mares y convertirlos en alcalinos, y así modificar las condiciones químicas del planeta para depositar una molécula auto-replicante, que derivaría más tarde en el desarrollo de formas de vida complejas. La vida llegó del espacio. Fue sembrada por ellos.

Y la molécula “madre” que depositaron, provenía de la Gran Nebulosa de Orión. He allí la clave.


Sin embargo, el ser “hijos” de Orión no era lo más terrible, sino que habíamos sido destinados a superar la crisis del estancamiento evolutivo que afectaba al Universo, y que sólo podía ser vencida por una humanidad que conectara los tres planos (Físico-Mental-Espiritual), afrontando el tránsito hacia esferas superiores a través de una conexión vivencial. Los extraterrestres la habían “perdido” al volverse demasiado mentales, al punto de no fluir correctamente en la ley de libre albedrío que involucra a todas las formas de vida del Universo Material. Por ello el Plan Cósmico se aplicó a nuevas humanidades como la nuestra, y no con las más antiguas por hallarse condicionadas a la dinámica anterior de comportamiento.

Sin embargo no era así para Luzbel.

De alguna u otra forma logró convencer a Satanael de que la humanidad de la Tierra debía ser destruida. Y por si fuera poco, hasta afirmarle que constituíamos un peligro para los mismísimos oriones, por cuanto en un futuro, tarde o temprano, les destruiríamos al convertirnos en una civilización más poderosa.

Todo esto era un golpe muy estudiado, pues, si el Resplandeciente lograba polarizar a Satanael, sabía que el antiguo General de Vigilantes y hoy maestro representante de todo Orión, contaría con miríadas de seguidores. Y así fue.

En cierta medida, estas escenas -reconozco difíciles de aceptar- guardan similitud con la enseñanza de algunas religiones y filosofías sobre “Guerras en el Cielo” y “ángeles caídos”. Curiosamente, Satanael recuerda al Satanás bíblico, que dichos sea de paso su nombre hebreo significa “El Adversario”.

En primera instancia, el propio Satanael intentó convencer al mismísimo Consejo de los 14 para enviar una avanzada de aniquilamiento a la Tierra. Y al igual que su mentor, Luzbel, no tuvo éxito. De hecho, los sabios maestros del Consejo comprendían que la propia existencia de la humanidad era parte de aquel plan superior, una estrategia que buscaba que nuevas formas de vida, pero con los mismos inconvenientes que ellos -como la tendencia guerrera y colonizadora, por ello se habría sembrado la vida en la Tierra con patrones de Orión- pudiese encontrar el “eslabón perdido” que permitiría restituir el orden quebrantado y por consecuencia alcanzar grados superiores de evolución.

Empero Satanael no comprendía. Estaba lleno de odio.




Algunos apartes de esta historia ya los conocía. Pero no todos... Y era muy diferente pasar de conocerlos a “verlos”, “vivirlos”, “sentirlos”. E inclusive -y los más intenso- “recordarlos”.Entonces vi cómo Satanael, frente al Consejo de Orión y poseído de ira -algo extraño para un Vigilante que generalmente controla casi como una máquina sus emociones-, levantó su larga y extraña arma con la cual disparó espantosas energías -como si fuese un fuego eléctrico- hacia los miembros del Consejo. Les destruyó a todos.

Era el inicio de la rebelión.

Con el tiempo entendí que el Consejo “había permitido” que este incidente ocurriese para justificar, como una medida de emergencia, el traslado de los consejos supremos a otras regiones del espacio más seguras. Por ello la sede actual de los “24 Ancianos” se encuentra actualmente en Ganímedes. Fue trasladada a la luna de Júpiter luego de aquel violento episodio.

Y así, luego de ver y asimilar las fuertes sensaciones que produjo en mí esta escena, se me mostró el punto de conexión con la llegada de Luzbel a Orión.

Era una gigantesca puerta estelar, emanada desde la estrella Mintaka.

“Esta puerta, es una grieta de luz que comunica los Universos, un fenómeno que sólo se da en el núcleo de algunas galaxias y estrellas”.

-Esa puerta, ¿adónde conduce? - pregunté a la voz que me guiaba en esta experiencia.

“La energía de esta puerta fue la que te trajo hasta aquí. Es el faro que guía en los viajes estelares que conectan a Orión. Pero es más que eso. También es una ventana que conecta con el Universo Mental...”

-¿Puedo ver el Universo Mental?

“No puedes”. “Pero verás su reflejo, y quienes habitan allí...”

Y lo vi. Y aunque recuerdo todo esto, no puedo describirlo. Cierro mis ojos y lo veo nuevamente, más no sé cómo relatarlo. Si lo hiciese, si al menos lo intentase, ya no sería lo que observé... Sólo lo puedo “ver” y “recrear” en mi mente.

Esta revelación me ayudó a comprender también la importante cercanía que tenían los seres de Orión con las inteligencias del Universo Mental -sus “apoderados”-, que se habían constituido en la principal dirección e influencia en las formas de vida que operaban en esta y otras regiones del Universo Material. Por ello muchas civilizaciones extraterrestres, como los oriones, habían adoptado determinada línea de comportamiento que, con el tiempo, terminó limitando sus pasos en la evolución a pesar de haber avanzado mucho en un principio.

...Y conocía esa Puerta-Estrella.

Por algo me había llevado, desde la Gran Pirámide de Egipto en la Tierra, hasta allí...


Tomado de:http://www.legadocosmico.com/mintaka2.htm