lunes, 1 de diciembre de 2008

Mintaka: Un viaje estelar a Orion Parte 1


“..En otras circunstancias, me hubiese reservado muchos detalles de esta experiencia, quizá empujado por una saludable y a veces excesiva prudencia, o por alguna aprensión a que este mensaje no fuese comprendido (por cuanto estamos acostumbrados a confundir las cosas). No obstante, los hermanos mayores, nuestros Guías de la Misión, me hicieron comprender y sentir la necesidad de transmitir todo esto, tal como lo enfrenté. Así, según me dijeron, ayudaría a otros hermanos a recordar. Y hoy es el tiempo…”

Extracto del “Informe Mintaka”
LOS PORMENORES: EL EGIPTO SECRETO

Contemplar la Gran Pirámide corta el aliento a cualquiera. Aunque señalan su edificación en el 2500 a .C., y que fue levantada por 100.000 hombres en 20 años de arduo trabajo (información basada en una opinión recogida por el historiador griego Herodoto), este portento milenario fue alzado a sus 146 metros de altura empleando la “modesta” cifra de 2.500.000 bloques de piedra, y algunos, con más de dos toneladas y media de peso. ¿Por qué semejante esfuerzo? ¿Cuál era el propósito de erguir aquel gigantesco templo de piedra?

Antiguamente, la Gran Pirámide habría tenido un revestimiento de piedra calcárea blanca de Turah (y que fue quitado en la época de la dominación árabe para la construcción de Mezquitas), que le daba una iluminación extrema cuando la iluminaban los rayos del Sol. Sin duda, su imagen en el pasado debió haber inspirado a muchos hombres.
Según lo que recibimos en nuestra experiencia de contacto extraterrestre, las pirámides, en verdad, actúan como “estabilizadores planetarios”, puestos a funcionamiento a raíz del desequilibrio energético que significó la destrucción de Atlantis (mencionada por Platón, aunque una fantasía para los arqueólogos) por el impacto de dos fragmentos de Maldek, un planeta desaparecido, otrora ubicado en el actual cinturón de asteroides que se halla entre las órbitas de Marte y Júpiter.
Este espantoso episodio invirtió los polos magnéticos de la Tierra e impuso por un tiempo una suerte de invierno nuclear.

Las pirámides de Egipto, catalogadas siempre de “Tumbas”, esconderían una función secreta que ningún arqueólogo ha sabido interpretar. En primer lugar, resulta sumamente inquietante comprobar que nunca se han encontrado restos humanos en los sarcófagos de las pirámides de Gizeh.


Ante todo esto, los arqueólogos salen al paso argumentando que los cuerpos de los faraones fueron sustraídos por cazadores de tesoros. Una presunción absurda. Ya cuando el califa Al-Mamun abrió el túnel que sirve hoy de ingreso a los turistas para visitar la Gran Pirámide, allá por el siglo IX antes de Cristo, al penetrar vehementemente en las galerías atribuidas posteriormente a Keops, comprobó con abnegada frustración que no había nada...

Sin embargo, no olvidemos que galerías secretas repletas de “información cósmica” han sido señaladas reiteradamente bajo la pata derecha de la Esfinge y en la propia Gran Pirámide. Ya en 1993, el ingeniero alemán Rudolf Gantenbrink puso a descubierto (gracias a su pequeño robot explorador “UPUAUT”) una cámara secreta en Keops.

Este tema fue desempolvado cuando el pasado 17 de septiembre del 2002, un nuevo robot se internó en la Gran Pirámide para desvelar qué había en esa misteriosa cámara, que se hallaba interrumpida por un bloque de piedra, a manera de puerta.

Ante el rostro atónito de 1.500 millones de televidentes en 140 países, el “Pyramid Rover” perforó la puerta de piedra, para introducir seguidamente una pequeñísima cámara de vídeo, que, penosamente, se encontró con otra puerta más... Pero ello no desanimará a los arqueólogos que están convencidos de estar a puertas del descubrimiento más importante del siglo.

Recientemente, Christopher Dunn, en Tecnologías del Antiguo Egipto, aportó suficientes pruebas para pensar que una de las cámaras conocidas era el núcleo central de energía de la Gran Pirámide: La Cámara del Rey.

Formada por un granito que contiene, sospechosamente, un 55% de cristal de silicio-cuarzo, esta cámara habría sido diseñada para que el granito vibre por simpatía con el sonido (¿mantrams?) sobrecargando el cuarzo en la roca (incluyendo el sarcófago) y haciendo fluir electrones mediante un fenómeno que se conoce científicamente como “efecto piezoeléctrico”.

La energía, a decir de Dunn, que llenaba la Cámara del Rey (ubicada convenientemente bajo la “cámara de descarga”) en ese punto se transformaba en una “combinación” de energía acústica y energía electromagnética. Todo ello permitía crear un “conducto de luz” o “guía de ondas” hacia algún lugar... ¿Este es el objetivo secreto de las pirámides? ¿Un “cañón estelar”? ¿Un conducto de luz?

Sea como fuere, resulta curioso observar que los egipcios llamaban a las pirámides “Ikhet”, que significa “Luz Gloriosa”. Para pensar un poco más, los mayas, denominaban “Pirhua Amenco” a sus pirámides, que se traduce como “Revelador de Luz”. En Sumer, sabemos que a los zigurats o pirámides escalonadas se les llamaba “Esh”, que significa “Fuente de Luz”. Quizá por ello la palabra pirámide (PIRA = “Fuego o Luz” MIDE = “Medida”) también significa “Medidor de energía o de luz”. No nos debe sorprender teniendo en cuenta el objetivo de construir las pirámides, o al menos, la Gran Pirámide.

Pero: ¿Adónde señalaría aquel supuesto conducto de luz que a decir de Dunn se puede formar al interior de la Gran Pirámide?

LOS DIOSES ANTIGUOS

Se presume que la Civilización Egipcia se habría iniciado en el año 3.100 a. C., cuando el Alto y el Bajo Egipto fueron “unidos” por un personaje llamado Menes, o también “El Rey Escorpión”, constituyéndose así en el primer Faraón.

Al margen que los datos sean totalmente correctos, me llamó la atención la fecha de la fundación del Egipto dinástico, que es similar a la fecha en que se habría iniciado la Civilización Maya (año 3.113 a. C.). También me era curioso el nombre “Menes”, que me recordaba la denominación Estekna-Manés, por cuanto la palabra Manés, por lo que comprendí, al igual que el sánscrito “Manú” significaría “Mentor”, “Maestro” o “Arquetipo Humano”.

Menes es, sin discusión alguna para los historiadores, el “punto de partida” de las dinastías egipcias. Aquí hay que anotar que mucho (o más bien poco) de lo que saben los estudiosos sobre los gobernantes de Egipto se debe a Manetón (nombre que significa, curiosamente, “la Verdad de Thot”), un sacerdote egipcio de Heliópolis que habría vivido en el Siglo III a. C. Aquel sabio recopiló informaciones antiquísimas sobre los orígenes de Egipto que aun hoy en día son causa de controversia.

No disponemos del texto completo de Manetón, pero, al menos, contamos con fragmentos importantes de su obra en los escritos del cronista judío Flavio Josefo (año 340 a. C.) y de cronistas cristianos como El Africano (año 300 de nuestra era) y Eusebio (año 340 de nuestra era). Es sumamente desconcertante que los egiptólogos utilicen la obra de Manetón sólo para referirse al período histórico, y no a la prehistoria que el sacerdote egipcio citaba no como leyendas o mitología, sino como hechos reales que sucedieron en el país del Nilo hace miles de años. Por ejemplo, y yendo al grano, Eusebio cita la obra de Manetón mencionando una lista de nueve dioses que gobernaron Egipto; aquellos seres son esencialmente el panteón de deidades de Heliópolis, como Ra, Osiris, Seth, Isis, Horus, entre otros.

“...Estos fueron los primeros que gobernaron Egipto. A partir de ahí, el cetro del poder pasó de uno a otro en una sucesión ininterrumpida... a lo largo de 13.900 años... Después de los dioses reinaron los semidioses durante 1.255 años; y de nuevo se instauró otro linaje de reyes, quienes gobernaron durante 1.790 años; y otros diez reyes, que gobernaron durante 350 años. A continuación gobernaron los espíritus de los muertos por 5.813 años...”

Todo esto habría sucedido antes que Menes uniera las dos tierras de Egipto. ¿Qué pensar de ello si Manetón dice la verdad? ¿Cómo interpretar el reinado de dioses, de semidioses-reyes, y finalmente el de los espíritus de los muertos?

Esta misteriosa época se conoció con el nombre de Zep Tepi (“El Tiempo Primero”) y aquella raza de seres estelares fue denominada Neteru, término que curiosamente significa: “Vigilantes”; posiblemente los “dioses” que alude Manetón...

Los “semidioses”, son llamados Shemsu-Hor, o “Hijos de Horus”, mencionados además, a todas luces, en el conocido Papiro de Turín. De cara a todo esto resulta muy intrigante recordar que los dioses de Egipto tenían una relación más que íntima con Sahu, el nombre egipcio que identifica la Constelación de Orión y, por ende, el enigma que mora allí. No hay que olvidar, que los Textos de las Pirámides son categóricos en sostener la importancia de Orión para la cultura egipcia, y la relación directa que existe con sus dioses.

EL MISTERIO DE ORIÓN

Este episodio “pre-dinástico” guarda un sospechoso parecido con las informaciones que hemos recibido en nuestra experiencia de contacto. Por ejemplo: en el primer peldaño, la existencia de seres extraterrestres deportados en la Tierra (los dioses); luego los atlantes o mestizos (los semidioses-reyes); y finalmente, seres de procedencia extraterrestre que quedaron atrapados en otro plano dimensional en nuestro mundo (los espíritus de los muertos), como si se tratasen de los mismos ángeles caídos que mencionan los textos sagrados.


Arriba: Las pirámides de Egipto reproducen por alguna razón el Cinturón de Orión.


Como fuere, y enfocándonos particularmente en las cifras que nos sugiere Manetón, si el lector sumó bien, verá que este tiempo prehistórico anterior a Menes duró nada más y nada menos que 24.925 años. Es comprensible la actitud reservada de los egiptólogos para rechazar una cifra tan apabullante como esta. Pero, insisto, ¿y si Manetón dijese la verdad…?

No debemos olvidar que son 25.920 años el ciclo de precesión de los equinoccios. Precisamente este movimiento pendular del planeta sobre su eje (que dividimos en 12 eras o Zodíaco) es el que muestra un aparente cambio de posición de las estrellas en los cielos. Por esta razón, actualmente, el Cinturón de Orión marca el ecuador celeste, siendo su estrella más septentrional, Mintaka, la única estrella del firmamento que puede ser vista en ambos polos del mundo, como si se tratase de una “señal”...

Un punto que debemos tener en cuenta, es el hallazgo de Robert Bauval (The Orion Mystery), un ingeniero belga aficionado a la astronomía que demolería los rígidos esquemas mentales de la arqueología moderna al demostrar que las tres pirámides de Gizeh son una reproducción “exacta” de las estrellas Al Nitak, Al Nilam y Mintaka del Cinturón de Orión (“Las tres Marías”), y lo más importante, que esta alineación sólo pudo llevarse a cabo hacia el año 10.500 antes de Cristo. Una fecha que podría calzar perfectamente con el hundimiento de la Atlántida y que obliga a replantearse la verdadera antigüedad de las pirámides, que se atribuyen siempre a la IV Dinastía (2.500 a. C).

Lo que más llamó mi atención, en todo caso, no era el pasado cósmico de Egipto y su probable relación con Orión; pensaba si sobre la base de todo este enigma podría existir un “futuro”, alguna clave que podría comprometer a la humanidad. Aquella señal que buscaba era la llamada “Clave del Retorno”, misterio que vibra en el secreto número 14.

Por ejemplo, en la mitología egipcia se narra cómo Osiris (Orión) fue traicionado por su hermano Seth, quien le encierra en un sarcófago y le arroja al Nilo. Pero el cuerpo del dios es rescatado por Isis (asociada con Sirio), su consorte estelar, quien copula con él para dar a luz más tarde a Horus. Seth, al enterarse de ello, lleno de ira encontró a Osiris y despedazó su cuerpo en “14 partes”, que serían arrojadas una vez más al río sagrado de los egipcios.

Isis recuperará del Nilo 13 de los restos del amado dios, mas nunca ubicará el trozo 14, que se trataba curiosamente del falo, símbolo de procreación; una alegoría por demás sugestiva a nuestra condición de “hijos de Orión”.

La connotación de Orión con un “retorno” está relacionada, pues, con la Clave 14. Para pensar un poco más, las estrellas visibles de la gran constelación de Orión desde nuestro planeta, son 14, así como fueron ciclos de 14 generaciones que transcurrieron para la llegada de Cristo:

“De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación de Babilonia, catorce; y desde la deportación de Babilonia hasta Cristo, catorce...”
La Biblia (San Mateo 1: 17).

Y he aquí el misterio.

El secreto está en el área celeste que los egipcios denominaban “Duat”, y que involucra el cinturón de la Constelación de Orión. Bajo nuestra visión (en el hemisferio norte), particularmente la tercera estrella del cinto imaginario: Mintaka.

Mintaka es, pues, la única estrella que puede ser vista desde el polo sur al polo norte, como si fuese una señal que todos los seres humanos debemos tener en cuenta. Como sugiere el escritor británico Adrian Gilbert en “Signs in the Sky”, esta podría ser la señal del “Hijo del Hombre” en el cielo, mencionada en la Biblia como una “clave” a tener en cuenta para el retorno de Cristo.

Y aunque esto pueda sonar extraño, lo cierto es que el cinturón de Orión, que se encuentra actualmente cerca del ecuador celeste, nunca lo cruzará, pues “retrocederá” hacia su posición más meridional. Es decir, después de 12,500 años encontraría ahora su punto de “retorno”.

¿Por qué Orión?

EL VIAJE ESTELAR A ORIÓN

Viernes 21 de marzo del 2003: cerca de las 11:00 a.m., en silencio, nuestros pasos se encaminaban a través del corredor ascendente de la Gran Pirámide (en extremo empinado) que concluye su trayectoria en la Cámara del Rey, donde descansa el sarcófago vacío de granito.

La energía que se estaba acumulando en la Cámara e, incluso, en el propio interior del sarcófago, resultaba increíble. Mi cuerpo, estremecido de esta fuerza, se sentía llamado a ingresar en aquella cavidad de roca que ahora parecía tener vida. Mi corazón estaba latiendo a mil. Entonces ingresé.

Me recosté en el sarcófago, al resto de los muchachos del grupo que terminaban de formar casi un círculo alrededor de mi ubicación.

Ni bien me hallé recostado, sentí una fuerza impresionante caer sobre mi cuerpo, en el preciso instante en que cruzaba mis brazos a la altura del pecho, a usanza del rito osiriano que alude el “gran viaje” al Duat.

Perdí noción de todo. Ya no escuchaba el mantram Zin-Uru de mis siete compañeros, y la Cámara del Rey, no existía. Ni siquiera mi cuerpo, que de un momento a otro dejé de percibir cuando esta fuerza, en verdad poderosa, lo saturó de su energía, hasta “desprenderme”de él hacia arriba, elevándome con suavidad.

Yo me veía flotando dentro de la Gran Pirámide, ascendiendo por un sutil conducto de luz blanco-azulada; en ese instante comprendí lo que me estaba pasando, precisamente cuando me hallaba atravesando una galería más (por arriba de la llamada “Cámara de Descarga”) un lugar que, supuestamente, no debía existir. En esa cámara observé, rápidamente en mi paso, lo que parecía ser una estatua, y podría asegurar que se trataba de una representación de Anubis.

Sólo “pasé” por allí en mi ascenso, que de un momento a otro tomó una velocidad inusitada, como si este conducto de luz que me elevaba, se hubiese convertido en una gran “aspiradora”.

Como una flecha, me disparé hacia el espacio. Abandoné la Tierra y de pronto me hallaba viajando en el cosmos.

EL CONSEJO DE LOS 14 DE ORIÓN

Fui llevado a través de las más bellas luminarias y formas que podría haberme imaginado existen en el Universo. Una de estas manifestaciones, encendida como una poderosa luz blanca a la distancia, era la estrella que conocemos con el nombre de Mintaka, en el Cinturón de Orión.
Luego de observarla seguí en aquel viaje, hasta llegar a un planeta azul, asombrosamente similar a la Tierra. Fui conducido a él, viendo, al aproximarme, que poseía montañas, y grandes cuencas y cauces que insinuaban allí había existido abundante agua. El planeta lucía devastado como por una guerra, prácticamente abandonado. Empero seguía latiendo.

Descendí a través de sus amplios cañones, fluyendo luego por una especie de hangar, de kilómetros de longitud, que me llevó finalmente a una pequeña ciudad subterránea. No parecía haber sido construida para habitar, sino como un centro de operaciones, un lugar de dirección. También lo “conocía”.

En medio de las construcciones -parcialmente destruidas y también abandonadas-, que parecían conos de helado apuntando al cielo, esferas e inclusive pirámides, resaltaba una especie de domo, muy grande; dentro de las proporciones que percibí, lo podría comparar con un estadio. Entonces entre en él.

Me hallé de pronto en un gran salón, que se iluminó de una fosforescencia similar a la luz de la luna llena, ni bien me ubiqué en su centro, donde había como un promontorio, ubicado estratégicamente frente a una suerte de gran mesa semicircular que exhibía 14 asientos, todos ellos vacíos.

Y he aquí, que en cada uno de los asientos, se fue encendiendo una luz azul, adquiriendo luego la forma de una esfera perfecta. Entonces me hallé ante 14 esferas azules, cada una levitando sobre los asientos, haciéndome sentir que me encontraba ante una especie de audiencia...

Entonces las luces hablaron:

“Seas bienvenido, en tu camino de retorno”.

-¿Qué significa camino de retorno? - Inquirí extrañado.

“Nadie que no haya estado antes aquí, puede llegar”. “¿Porqué has venido?”

-Porque necesitamos saber -repuse.

“Recordar, quieres decir”. “¿Para qué necesitas ello?”

Me quedé en silencio. ¡Había tantas razones pero ninguna de ellas me era suficiente para exponerla!

-Lo necesitamos, en verdad lo necesitamos para terminar de comprender, y así cumplir a conciencia nuestra parte en el Plan Cósmico -dije.

“Comprender...” “Empezar a comprender quieres decir”…

-¿Quiénes fueron ustedes? ¿Por qué ya no tienen cuerpo físico? ¿Qué sucedió aquí? -Pregunté.

“Somos el Consejo Supremo de Orión”. “Ya nos conoces, y en verdad no tenemos que decirte mucho”. “Tan sólo te ayudaremos a recordar, y para ello, es mejor que lo veas todo y lo sientas por ti mismo...”

El salón se “partió” violentamente en dos frente a mí, como deformándose en una gran luz, que me absorbió, y me llevó a través de ella...

RAH: “El DADOR DE VIDA”

Vi diversos planetas, y en ellos extraordinarias construcciones, todas concentradas principalmente en el subsuelo. Observé lo que parecían ser vehículos, no siempre con la forma de disco o esfera que hemos conocido. Comprobé que existían extrañas máquinas cuya apariencia escapa a nuestra imaginación. Había mucha actividad.

Aquellos mundos, y sus ciudades, eran coordinados por un Consejo de elevados seres que funcionaba en aquel planeta azul de Orión. Ignoro si la ciencia ha detectado ese mundo, pero lo que vi allí fue extraordinario: era estremecedoramente similar a la Tierra...

Se me mostró también a las diversas humanidades de este sector espacial que conocemos como “Constelación de Orión”, viendo que todas tenían aspecto humanoide, es decir, cabeza, tronco y extremidades, y erguidos en sus dos piernas. No obstante, eran visibles las diferencias de raza, tamaño, e inclusive el aspecto de la piel, que en un grupo de estos seres me recordaba a los reptiles, cuyos ojos también eran distintos, además de no llevar cabello. Empero todos vivían en paz, en equilibrio. En un progreso tecnológico y organizativo abrumador.

Todo giraba en torno a lo que ellos denominaban “RAH” o “El dador de Vida”, “La Fuente Primera”. Lo reverenciaban por cuanto en esta manifestación cósmica se hallaban sus orígenes. Entonces desee ver a “RAH”, hallarme ante él...

Y así, fui conducido frente a su presencia, estremeciéndome al encontrarme nada más y nada menos que ante la Gran Nebulosa de Orión. Sabía que un sector de los científicos de la Tierra, sospechan que de allí llegaron las moléculas orgánicas que hicieron posible la vida en nuestro planeta, mas me resultaba desconcertante comprobar que en Orión se pudiese venerar a este cúmulo de gas y polvo estelar. ¿Por qué?

La Gran Nebulosa de Orión o M42 es la nebulosa más estudiada del espacio. Se constituye a decir de los astrónomos en un “Crisol de Creación”. Aunque en la Constelación de Orión se han hallado alrededor de veinticinco formaciones nebulosas, la M42 resulta ser el “núcleo” de este enigma que llama tanto la atención de los astrofísicos. Hace pocos años, el telescopio espacial Hubble fue apuntado especialmente a la Gran Nebulosa por cuanto era un verdadero laboratorio para estudiar los procesos que hicieron nacer nuestro Sol y todo el Sistema Solar hace cerca de 5.000 millones de años. Dentro de la nebulosa, el Hubble encontró un área delimitada en una figura trapezoidal (que recuerda sospechosamente las puertas incas y egipcias, las mismas que aluden puertas interdimensionales), el punto preciso donde “nacen” estrellas. A decir de los científicos, esta “caverna estelar” tiene en formación 70.000 estrellas jóvenes y 153 brillantes discos proto-planetarios.

La Nebulosa de Orión se encuentra a 1500 años luz de distancia, y está ubicada en el centro de la región de la Espada del “Cazador de Orión”. Es tan grande, que nuestro Sistema Solar entraría en ella 20 millones de veces. En 1997 se difundió la noticia que el propio Hubble había detectado moléculas orgánicas similares a las que dieron vida a la Tierra, y que posiblemente, debido al fenómeno de la panspermia, llegaron desde Orión a nuestro mundo hace 3.000 millones de años...


Arriba: La Nebulosa de Orión o M42 vista por el Hubble.

“Aquí están nuestros orígenes”, me abrazó una vez más aquella “voz” conocida.

Se me explicó entonces, que de esta región del Universo proviene la materia primera que dio origen a las formas de vida que poseen apariencia humanoide.

En el Universo, el inmedible Cosmos, existen para nosotros “infinitas” manifestaciones de vida, distintas en forma y sustancia, más aquellas que tienen forma humana, procedían de “RAH”...

Es importante señalar que si bien es cierto el término “Ra”, para la mayoría de los egiptólogos, alude a una entidad solar amada en el Egipto Antiguo, recientes estudios vienen echando por tierra el concepto solar en los orígenes de la misteriosa civilización de las pirámides. Para Robert Bauval (“El Misterio de Orión”) está demostrado que en los albores de la IV Dinastía, se produjo un cisma religioso en Egipto que ocultó la religión estelar que lo relacionaba con Orión, para sustituirlo más tarde por un culto solar. Este “cambio” se ve reflejado cuando, precisamente, en aquella IV Dinastía, se adopta el sufijo “Ra” para los nombres reales.

Por ejemplo: Jaf-ra (Kefrén) y Menkau-ra (Mikerinos). Asimismo, la incorporación del término “Hijo de Ra” empezó a utilizarse recién en la V Dinastía, poniendo punto final a la disputa religiosa que terminó ocultando el secreto de Orión para algunos pocos iniciados.

Debo decir que en esta experiencia interdimensional, veía a la Gran Nebulosa de Orión muy distinta, más bella y sobrenatural de como la muestran las fotografías científicas del Hubble. Sentía que había algo más en ella. Una revelación importante.

Entonces aquella “voz” me habló nuevamente, y me dijo:

“Aún no has visto a RAH”. “Lo que has recordado ahora, es su manifestación exterior, su aspecto denso y físico”. “Ahora verás su esencia, lo que es en realidad...”

Mi vista fue bendecida por un espectáculo maravilloso. Ya no veía la creación de estrellas y planetas dentro de RAH; veía, sorprendido y poseído de una emoción indescriptible, a una bellísima manifestación de energía, de intensos y mágicos colores, que, como si fuese una gran fuente de agua, lanzaba al espacio, lentamente, esferas de luz, de diversos colores...

“Estás viendo la destilación de las esencias, la aparición misma de los espíritus navegantes...”. “Sí, estás viendo un Estanque Cósmico...”

Sacudido por esta escena en verdad imposible de describir, comprendí porqué “RAH” era tan respetado y hasta venerado en Orión; no como un dios, sino como una fuente maravillosa de vida, como cuando un hijo ve a su madre.

Se me dijo entonces, que existían diversos “estanques cósmicos” donde se destilaban las energías de los reinos inferiores de la naturaleza para la creación de un espíritu humano, que según sea su “fuente”, será su característica espiritual y su camino de retorno. Pero a mí me inquietaba saber más de RAH y el mecanismo para la creación de las esencias...

¿Quién hace esto en realidad? ¿Es aquel “gran ser” que llaman RAH? -Pregunté.

“RAH es una de las manifestaciones del Universo Conciente, que crece fluyendo y reproduciéndose a sí mismo”. “Es la fuente que nos dio la vida. Pero ni siquiera nosotros podemos rastrear su origen en el tiempo, ya que es la emanación de una fuente aun más antigua, la responsable de todos estos fenómenos. No es sólo física, como viste...”

“...Sí, te estamos hablando de un misterio cósmico que conociste en la Tierra bajo la denominación de Dios”. “Es real, de lo contrario, no estarías aquí...”

(Continuará)
http://www.legadocosmico.com/mintaka1.htm