lunes, 17 de marzo de 2008

LA CONCIENCIA DEL NUEVO HOMBRE


Por Jaime Riera Pérez

La civilización judeo-cristiana nos ha llevado a una situación muy alarmante; sólo un cambio profundo en nuestra manera de sentir y vivir dará lugar a una nueva cultura, a una nueva sociedad, que podrá salvarnos de la desenfrenada carrera hacia el abismo. Pese a ello, seamos optimistas, la humanidad no desaparecerá en una tercera guerra mundial, ni perecerá por la destrucción de la capa de ozono, ni por la proliferación de diferentes enfermedades mortalmente contagiosas e irreversibles...; existirá un mañana.

En este futuro, el colectivo humano iniciará la emergencia íntegra y consciente de la forma de conocimiento intuitivo-espiritual, mediante la cual se verá muy claro la profunda libertad e igualdad entre los hombres, y comprenderemos que los conocimientos racionalistas que nos diferencian no son más que información, o sea, un torpe disfraz de la personalidad. Cuando descubramos la Unidad a través del conocimiento intuitivo-espiritual (la única forma de conciencia que permitirá a la experiencia personal penetrar en el llamado “inconsciente racional”, donde nacen y actúan los mitos, símbolos y formas arquetípicas) se derrumbarán las comedias sociales con las que el Poder nos anestesia y descerebra para que lo aceptemos. Y, entonces, nos volveremos supremamente conscientes de nuestros condicionamientos psicosociales y nuestro espíritu desenmascarará, a través del Amor incondicional, la otra comedia absurda -producida por el egoismo- en la que nos representamos a nosotros mismos, y descubriremos la Realidad y el Conocimiento eternamente presente que habita en nosotros y en todas las cosas.

Esta fusión de lo humano-finito con el Infinito Divino -gracias a la superación del proceso mental ordinario- hará que los individuos de este futuro presenten, para el psicoterapeuta CARL ROGERS, una característica específicas y esenciales: serán auténticamente sinceros y rechazarán el engaño, la hipocresía o las ambigüedades de nuestra actual cultura; sentirán una profunda desconfianza de la ciencia y de la tecnología actuales, utilizadas para conquistar a la naturaleza y controlar a sus habitantes; su aptitud será ecológica, les producirá bienestar relacionarse con su prójimo y con el entorno natural en lugar de querer conquistarlos; no les gustará vivir en un mundo de dualidades individuales y colectivas, salud y enfermedad, intelecto y sentimiento...; serán profundamente conscientes de que lo único cierto en la vida es el cambio, de que forman parte de un proceso, siempre en continua transformación; les será básicamente indiferente los premio materiales, ni el dinero, ni los símbolos materiales de poder constituirán sus objetivos; serán inquiridores, intentarán hallarle un significado y un sentido a la vida más allá de su propia piel y, sobre todo, elaborarán y creerán en su propia experiencia, desconfiando de las autoridades externas; elaborarán sus propios juicios espirituales -morales y éticos- y llegarán a desobedecer abiertamente las leyes que les parezcan injustas.

Para quien haya madurado hasta una personalidad responsable y estable, el siguiente nivel de crecimiento es el comienzo de lo transpersonal, el nivel de la intuición psíquica, de lo trascendente, el despertar de una conciencia que de alguna manera es más que el cuerpo y la mente.

Ken WILBER ve que este salto evolutivo se producirá a gran escala como mínimo hasta finalizar las primeras dos décadas del siglo XXI: “... y entonces, una verdadera cultura de la sabiduría empezará a surgir, una cultura que usa el cuerpo adecuadamente en la dieta y el sexo, ambos libres de represión/opresión por un lado, y del exceso de indulgencia obsesiva/compulsiva por otro. Usa la mente de forma adecuada en una comunicación sin cortapisas, libre de propaganda y dominación. Usa el ego adecuadamente en libres intercambios de autoestima mutua. Usa el nivel psíquico adecuadamente en una conciencia integradora que muestra que, en última instancia, cada persona es un miembro igual de la Conciencia Cósmica”.

Esta profunda transformación personal y social, aunque ha iniciado ya su proceso, según el humanista y vidente Cayetano MARTÍ , “... nuestro mundo será próximamente una federación de estados, todo el mundo una Nación: sin fronteras, ejércitos... las armas para matar serán inservibles. La Humanidad alcanzará un alto nivel de cultura, cosas e ideas de ahora serán atrasadas, los partidos políticos, religiones, clases sociales, etc. habrán pasado a la historia, considerando ya estas cosas como propias de gente inculta. El individuo trabajará en todas las esferas, el científico, el médico, el químico... serán como un obrero más, como el ayudante o peón, y todos juntos como colaboradores del progreso humano. El capitalista ya no existirá, el dinero irá desapareciendo, los tratamientos de usted, alteza, santidad, etc. ya no existirán, y serán motivo de sonrisa benévola al recordar tiempos pasados.

El ser humano se avergonzará en el mundo del futuro si no es útil para los demás.

Se vivirán más años físicamente, las enfermedades irán desapareciendo, y al progresar mental y espiritualmente, el odio, vanidad, codicia, ira... por lógica también desaparecerán. Los vicios, el robo, el crimen, el abuso sexual, etc., a parte de que irán desapareciendo, serán consideradas como simple enfermedades mentales, y de hecho lo son en la actualidad pero muchos de los humanos de ahora lo ignoran. Muchos espíritus que aún encarnan en nuestro mundo serán llevados a otros mundos más atrasados para dar paso al nacimiento de otros espíritus más evolucionados, y por consecuencia nuestro mundo se irá convirtiendo en un mundo espiritual, o sea, llegará la “segunda venida de Jesucristo” –o estado Mesiánico de la Humanidad– tan predicada y esperada por las religiones, pero tan desconocida y tan mal interpretado, ya que la única manera por la que se ha de servir y adorar a Dios es progresando mental y espiritualmente, progreso que desconocen las religiones y la gran mayoría de los seres humanos.

En este futuro serán ya espíritus avanzados, evolucionados, y no tendrán más catedral que el infinito Universo, ni más religión que la Verdad, con todos sus atributos de paz, justicia, amor, comprensión, cultura, etc. En una palabra, cada ser humano será su propio sacerdote y su propia autoridad. Claro está que tendremos la ayuda de los seres de otros mundos, nuestros Hermanos Mayores, y que en su día fueron también como nosotros. Esta es la Ley Universal de Dios, Creador de todas las cosas”.

Esta “Nueva Conciencia”, que representa una Nueva Era –llamada Era de Acuario–, ya fue anunciada en el siglo XII por el monje calabrés Joaquín DE FIORE; y, como pronosticaron Sri AUROBINDO y Teilhard de CHARDIN, entre otros, supondrá la suprema realización de nuestra especie: la libertad del amor desplazará a las restricciones del miedo, se disolverán las iglesias y demás instituciones de poder, y nacerá un espíritu libre y Universal.

Hasta que esta nueva sociedad sea una realidad visible y tangible se puede, mientras tanto, optar por cruzarse de brazos en permanente enajenación y adhesión a las establecidas ideologías religiosas, políticas o filosóficas a la espera de encontrar en ellas sucedáneos de paz y felicidad, y, tal vez con esta actitud, dispensar beneplácitos a las injusticias y miserias de la sociedad actual.

O bien se puede optar por liberarse de las ataduras psicológicas, emocionales y burocráticas dependientes de los juegos alienadores impuestos por las organizaciones e instituciones de poder, con lo que desaparecerá la complicidad y el servilismo hacia las sutiles reglas –competitividad y consumismo, principalmente– de tales juegos de control y dominación, motivando así la transformación personal interna que responderá a los múltiples interrogantes sobre lo humano y lo divino de la vida, y que originará auténtica libertad y justicia en nuestro entorno social. ¿Cuál es o será tu opción?