sábado, 6 de diciembre de 2008

INSTRUCCION AL INTERIOR




Habiendo transitado por diversas experiencias, he llegado a ciertas conclusiones, una de ellas es que todo cambio, toda transformación, todo despertar viene acompañado de un nuevo conocimiento, de una nueva forma de pensar; manifestar ello implica la necesidad de tomar contacto con el único pensamiento real y viviente: La Unidad con el Cosmos. En esta actual etapa de misión, etapa de aprendizaje dentro de un nuevo grupo Rahma algunos empiezan a percibirlo más conscientemente, otros a aprenderlo y también hay aquellos que inician el recuerdo, ya sea con ayuda de los guías u otras experiencias o fuentes a las cuales tenemos acceso.
El hombre, solo por sí mismo no puede ir muy lejos si quiere despertar y evolucionar. Los esfuerzos personales, los esfuerzos individuales no son suficientes. El ser humano necesita de otros que también deseen despertar, necesita unirse a aquellos que de igual forma han comprendido que a fin de conseguir algún resultado, tienen que decidirse a luchar juntos, a ayudarse mutuamente, se abre entonces la posibilidad de alternar con otros seres que No están ya dispuestos a seguir comulgando con el usual sistema de este mundo.
Formar un grupo de trabajo Rahma no es cosa fácil. No es juntarnos rodeados de cuatro paredes y bajo un techo o salir al campo para imaginar o creer que ya funcionamos como grupo de trabajo. Un grupo de trabajo para Misión Rahma es la cosa más hermosa que nos pueda ocurrir.
El Instructor es el organizador del trabajo dentro del grupo, pues es el trabajo el que organiza al grupo, ya que si no hay trabajo organizado, tampoco hay grupo.
El instructor esta a un paso más adelante que los miembros del grupo (solo un paso); pues es él quien entiende y conoce el propósito y el plan mayor; es quien está enterado de todo el trabajo en general y en particular, y por lo tanto debe cultivar una cualidad: ser aquel quien conoce los problemas del grupo y de cada miembro del grupo.
El instructor tiene que haber transitado a su vez por alguna experiencia que hoy debe enseñar. Recordemos que un trabajo de grupo con un instructor inadecuado, solo dará resultados deficientes.
En un verdadero grupo de trabajo Rahma es importante la relación de plena confianza que debe existir entre los integrantes del grupo y de estos con el instructor. Esta última condición es pieza clave para la continuidad del grupo.
Si un miembro del grupo empieza a desconfiar del instructor, entonces el instructor se convierte en algo que le es completamente inútil, y él a su vez, se constituye en algo completamente inútil para el instructor. En este caso es mejor que el miembro del grupo se retire o que busque otro instructor, esta acción por cierto no le hará ningún bien, pero le será menos perjudicial, que mentir u ofrecer resistencia y sentir desconfianza hacia el instructor y contagiar esto a los demás miembros participantes. Recordemos similares hechos ocurridos en Rahma que convirtieron al grupo en un foco de intrigas que rechazaban cualquier trabajo.
La exigencia mínima que el instructor debe pedir a los miembros del grupo de trabajo, es recordar siempre porque ingresaron al grupo. Llegaron al grupo para aprender y para trabajar, no como ellos se lo imaginan o lo entienden por sí mismos, sino de la forma en que lo indique el instructor, que es quien conoce y tiene anotado si es posible, hasta el mínimo detalle de la forma como se ha de realizar el trabajo previamente discutido y aprobado de acuerdo a la Guía de Practicas. Por lo tanto si una vez que se ha ingresado al grupo un hermano se resiste, o critica las acciones del instructor; si empieza a considerar que entiende mejor como debería conducirse el trabajo en general; y especialmente, si muestra falta de consideraron externa hacia el instructor y algún otro miembro, falta de respeto, aspereza, impaciencia, tendencia a discutirlo todo, intromisiones que no dejan llevar la reunión en un ambiente armonizado, todas estas cosas ponen fin a toda posibilidad de trabajar en el grupo. Y es que al grupo se llega a trabajar, a aprender, a ser discípulo, antes que a ser maestro.
Es cierto que a un miembro nuevo le resulta difícil y hasta inaceptable llegar a un lugar, querer dar lo mejor de sí y que no nos digan todo de antemano. Pero recordemos que Rahma también conoce de estos caso ocurridos en su interior, de hermanos que han llegado con una tremenda sed de saberlo todo, y beben hasta hincharse de conocimiento, luego dicen que Rahma ya no colma sus expectativas, que no le dice nada nuevo y se van. Y así muchos se han ido, se han despedido a sí mismos. Tal es el significado de la parábola de Adán y Eva, que por quererlo saber todo y desobedecer a los principios que se les dio vivieron con el auto castigo de no conocer los propósitos mayores que se tenía para ellos.
El instructor podría definir que hay dos tipos de reglas básicas para mantener el equilibrio dentro del grupo, una regla general o para todo el grupo, y una regla individual para cada miembro del grupo. Un ejemplo de una regla general seria: suponiendo que el objetivo principal del grupo es el estudio y conocimiento de Misión Rahma; entonces el instructor debe explicar a todos los miembros que tienen que mantener discreción por un tiempo sobre todo lo que oigan y aprendan en el grupo. La idea básica de esta restricción es que aun no somos capaces de transmitir correctamente lo que vamos aprendiendo, y corremos el riesgo de que interpreten mal todo lo que digamos sobre la Misión, dando como resultado tres cosas: quedamos mal, hacemos daño a la Misión, y alejamos quizá para siempre a un posible hermano de la Luz.
Como ejemplo de regla individual podríamos decir: Si el objetivo del grupo es el estudio y conocimiento sobre sí mismo, entonces el instructor debe explicar minuciosamente a cada miembro del grupo qué es lo que deben guardar para sí mismos, por ser experiencias personales, de interés exclusivo personal. Cada miembro deberá respetar y hacerse respetar, así como cuidar y mantener la integridad de cada uno de los miembros, y de la vida del grupo, de las malas opiniones que por desgracia abundan en la sociedad.
El instructor no debe olvidar que otro punto importante que debe cultivarse dentro del grupo es la sinceridad. La sinceridad es un hábito de alta responsabilidad, y deberá ser una exigencia que se haga a todos los miembros del grupo. Ser sinceros y veraces todo el tiempo es una cosa muy difícil, pues no solo se miente con la palabra, sino también con nuestras actitudes, con nuestros sentimientos y deseos; y hasta con el silencio cuando tantas veces suprimimos nuestro deber de decir la verdad. Esto hay que tenerlo presente, sobre todo en relación con el instructor.
Finalmente, podría decirse que la responsabilidad es la última regla básica para el buen desarrollo de un grupo Rahma. La responsabilidad común, es una regla que nos aproxima a la posibilidad de aprender a crear y vivir en comunidad. Quiere decir esto que los miembros de un grupo no son solo responsables de los errores que cometen, sino que también de los errores que cometen los otros miembros. El éxito de uno es el éxito de todos. El fracaso de uno es el fracaso de todos. Un error o una falta grave de un hermano del grupo deberán conllevar a una autocrítica de todos. La responsabilidad común hay que entenderla y practicarla con la fuerza de nuestro ser interior para interpretarla correctamente.
La práctica de los puntos mencionado nos servirá de indicador que nos hará ver si somos capaces de trabajar por un propósito mayor o si solo servimos para permanecer dando vueltas en el mismo sitio, víctima de la ley de recurrencia.
Si instructores y miembros del grupo trabajamos juntos al unísono, entonces haremos lo que los guías no pueden hacer por nosotros y es: La observación critica (positiva), al interior de Rahma.
Esta dinámica de trabajar juntos seria en realidad: UN COMPARTIR DE ENSEÑANZA MUTUA; evitando así los errores cometidos en el pasado en que los grupos se convirtieron en una reunión de abrazos, sonrisas y apretones de manos semanales dentro de una exposición (y no enseñanza) del instructor.
No olvidemos que el trabajo debe ser en conjunto, pues si el instructor realizase su trabajo más no el grupo y viceversa si el grupo realizase su trabajo más no el instructor, lo que obtendremos será un grupo Rahma totalmente desfasado de un correcto trabajo grupal, dando como resultado grupos que no llegan a terminar la Guía de Prácticas porque sus miembros se van, o grupos que habiendo terminado la guía de prácticas no permanecen unidos para su integración a posteriores comisiones de trabajo Rahma y lo peor aun que van creando una generación de Rahmas de titulo mas no de evolución, conocimiento, ni convicción (corazón).
Esto definitivamente de continuar así nos llevará a la disolución de los ideales del Hombre Rahma (Sol en la Tierra). Trabajemos porque no sea así.
Saludos hermanos Rahma: Julio Anaya

“RAHMA ES AMAR, DIOS ES AMOR, CRISTO ES EL SEÑOR
Y LA MISIÓN ES POR LA HUMANIDAD”

LA DINAMICA DEL LABERINTO (Chilca Peru)




EL LABERINTO DE CHILCA (PERU)
Podemos trabajar con los números como símbolos realizando una dinámica muy interesante de integración para lo cual podemos construir la figura de un “Laberinto” que simboliza la aventura del alma. Una figura espiral basada en una cruz o esvástica. Esto se puede hacer entre varias personas movilizando piedras, ramas de árboles o cualquier otro objeto con el que se pueda construir senderos.
El primer laberinto conocido fue construido en Egipto en la época faraónica, en el oasis del Fayum, y el arquitecto griego Dédalo lo copió para que sirviera de modelo para el palacio del rey Minos en Cnosos (Creta).
La leyenda del Laberinto de Teseo y el Minotauro la podemos relacionar con la aventura del hombre por conocerse y vencerse a sí mismo, controlando su parte animal que es la parte incompleta de su naturaleza, y que está en lo más profundo de su ser, aunque la mayor parte de las veces se manifiesta en su superficie. El Símbolo del Laberinto representaría el camino del alma por llegar hasta el fondo, hasta el conocimiento pleno de sí mismo; a la vez que sería como un mándala, que nos sumerge en el subconsciente donde la persona tiene que llegar a definir si lo que busca es entrar o salir, vivir o morir, la supervivencia de su ser superior o el predominio de su ser inferior. Aunque deberíamos terminar de entrar para poder saber salir llenos de una nueva sabiduría, ya que al final el camino siempre es el mismo.
El Laberinto es un camino hacia el centro, hacia lo más profundo de nuestra identidad, donde el recorrido en apariencia es complejo y nos expone al riesgo de perdernos enfrentando al temor, cuando más bien deberíamos vivirlo como un juego y acertijo, con alegría y espíritu de aventura, que inexorablemente nos llevará tarde o temprano de afuera hacia adentro, y luego de adentro hacia los demás...
Hay quienes piensan que los laberintos eran mapas del Mas Allá por haber sido encontrados en innumerables tumbas en los pueblos alrededor del Mediterráneo, Inglaterra, iglesias en Francia e incluso entre los indios Hopi. Pero también se encuentran en Finlandia y en Suecia donde se relacionaban con ritos primaverales de fertilidad. En ciertas fiestas se hacían laberintos de piedras o ramas en cuyo centro se ubicaba a una muchacha que tenía que ser rescatada. A estos rituales se les llamaba “La Danza de la Virgen”. Vida y muerte siempre unidas, sin la garantía de que la vida vuelva a manifestarse luego de la muerte; muerte simbólica como en el caso del invierno en los rituales de Eleusis (Grecia).
En algunos lugares el símbolo del Laberinto pasó a ser un talismán de protección, de buena suerte o también como un talismán de poder con el cual se podía controlar el tiempo. En el mundo cristiano al Laberinto que comenzó a ser representado en el suelo de las iglesias, se le llegó a llamar Chemin de Jerusalén, o camino de Jerusalén, porque al recorrerlo el peregrino debía meditar sobre los valores de la fe, llegando hacia el verdadero centro de todo: Jesús el arquetipo del amor perfecto.
El laberinto es una cruz de cuatro lados iguales que es el símbolo de la Tierra, de los cuatro elementos, de los cuatro puntos cardinales, y del principio de la evolución. Simboliza el patrón de nuestro proceso de evolución. Y se hace siempre de izquierda a derecha. Es la cruz gamada a la vez que la Esvástica que termina convirtiéndose en un espiral. Para construirlo debían hacerlo en un día, juntando piedras y colocándolas una a una, interviniendo para ello todo el grupo de gente reunida.
Se inicia construyendo la forma central que es una cruz. Todo esto en una actitud reverente y en un ceremonial que exige en lo posible, silencio e introspección. Para el primer paso se empieza colocando ocho piedras a la derecha, cada una con un pensamiento positivo por el planeta, porque hay que recordar que es la construcción de algo vivo, que utiliza el patrón geométrico de nuestra conciencia. Luego cada uno del grupo va ingresando al centro y se van colocando las piedras siguiendo el orden preestablecido. Se puede recurrir a la presencia de una mujer anciana o simplemente la mayor de las presentes, o de una niña o joven quienes llevan sobre sus manos una vela como símbolo de la luz y de la sabiduría. Recordemos la presencia de la joven Ariadna, hija de Minos en el mito de Teseo facilitando el hilo que le permitirá al héroe salir del Laberinto. La niña ofrece la luz al planeta, y espera a la anciana o mujer mayor que trae la sabiduría, intercambiando en el centro sus ofrendas. Y el centro es el número 8 que es Dios pero también es la Madre Tierra. El siguiente sendero (más exterior) esta simbolizado por el número 7 que es la espiritualidad, luego le sigue el 6 que es el equilibrio y la visión interna, luego le sigue el 5 que es el sonido, el poder del verbo y la comunicación; más hacia el exterior es el 4 o corazón, la intuición y la preparación; después viene el 3 que sería el ego, luego viene el 2 que es el sexo y las pasiones. Y finalmente el más exterior de todos el 1 que se traduce como supervivencia.
Siempre hay un guardián que cuida de todos aquellos que entran y salen; y en éste caso por los tiempos que corren, representando al espíritu de la Tierra sería aconsejable la mujer, quien actuará de vigilante. El ingreso se recomienda espaciando a las personas lo suficiente, nunca juntos. La consigna para los participantes es que una vez que lleguen al centro, deben decretar con voz alta, qué fue lo que les llevó hasta allí. Porque el laberinto simboliza nuestra propia vida.
Al ingresar en el interior de ese conjunto tan peculiar de senderos en espiral, caminamos siempre por la derecha de las paredes del laberinto, que en algunos casos no llegan a ser paredes sino piedras. Así los que estén de regreso pueden hacerlo por el lado izquierdo. Es aconsejable ingresar llevando dos piedras en las manos que simbolizan las dificultades, errores o piedras de tropiezo en la vida, para colocarlas en alguna parte de las paredes del Laberinto, lo cual significaría que los errores o problemas dejarían de ser piedras en el camino para pasar a ser lo que nos marcara el camino.
Al ir varias personas en el laberinto en distintos niveles o senderos, algunos parecen estar más cerca del centro y sin embargo están lejos. Las apariencias engañan. Nunca sabes realmente quien va adelante y quien va atrás. No puedes saltar a alguien porque es como obviar una etapa del aprendizaje, porque por algo esa persona está allí contigo en el mismo camino (la familia), ya sea adelante o atrás. Salirse es una suerte de suicidio simbólico. Y hay que llegar y pasar al centro de uno en uno. El encuentro con Dios es una experiencia solitaria, aunque te desesperes aguardando tu oportunidad.
Conforme uno camina en el laberinto va cambiando de nivel, y curiosamente uno no entra por el sendero que corresponde a los números en orden correlativo sino que estos se van salteando o desordenando. Por ejemplo, al empezar uno no ingresa por el que sería el exterior, que es el 1 sino por el del número 3 que es el ego, haciendo giros de 90°, luego pasas al 2 que es el sexo, de allí sigues por el más externo que es el 1 que simboliza la supervivencia. Ósea has ingresado en la vida lidiando con tu ego, siendo afectado y probado por las pasiones, y pasando por etapas de supervivencia y superficialidad donde fácilmente uno puede perderse o quedarse; y del 1 pasamos al 4 que es el corazón, la preparación e intuición, porque sólo cuando extraemos de nuestro interior los sentimientos más elevados, y pensamos y hablamos con el lenguaje del corazón que es el “amor”, logramos dar nuestros primeros pasos en la trascendencia. Del 4 pasamos al 7 que es la espiritualidad; del 7 el camino nos lleva al 6 que es la geometría sagrada o la visión interior. Ahora sí empezamos a ver claro, por cuanto vemos sintiendo que todo tiene sentido y que todo obedece a leyes universales y a un orden superior, aunque muchas veces no lo entendamos. Del 6 pasamos al 5, el sonido que es el que finalmente nos llevara hacia el 8 donde nos encontramos con Dios. Y es que por el sonido o la palabra todas las cosas fueron hechas, y ahora se debe producir en nosotros una creación, un nacimiento. Debemos decretar el cambio para que el cambio sea posible...
Al final de la dinámica de integración de la construcción del Laberinto y su posterior utilización, la guardiana que se ha mantenido en todo momento en la puerta o entrada, le pregunta a los que van saliendo, qué fue lo que encontraron en el interior y después de cada uno y en orden va saliendo y revelando lo que hay en su interior, lo abraza y lo deja salir.

“RAHMA ES AMAR, DIOS ES AMOR, CRISTO ES EL SEÑOR
Y LA MISIÓN ES POR LA HUMANIDAD

EL HOMBRE DEL NUEVO TIEMPO




El hombre del nuevo tiempo ama la luz como a su vida misma, pues sabe que no es nada sin ella y que sólo en ella es posible vivir la plena realización, la real armonía, la total conciencia, así como el infinito amor por la creación.
El hombre del nuevo tiempo ama a su prójimo, pues ha aprendido que no está solo en la creación y que sólo en el amor, expresado en acciones de entrega a los demás, se vive la belleza del espíritu del Gran Promotor. Sabe en su corazón que la maravillosa energía de la voluntad se manifiesta en entrega, encontrando en la humanidad el terreno fértil para la realización del infinito servicio al que ha brindado su vida.
El hombre del nuevo tiempo ha reconocido sus capacidades ilimitadas y se ha entregado a la fuerza iluminadora del espíritu con humildad: da sin pedir nada a cambio, pero asimismo recibe del amor, lo que por su esencia en el mismo corazón comparte en silencio, pues ha aprendido que la mejor palabra es aquella que no se dice, sino sólo a través de la verdadera acción, en silencio.
Mas así como humilde es el hombre del nuevo tiempo un niño, pues cada acto, cada sonrisa, cada manifestación de él es poesía del espíritu que, libre, conecta con la música celestial del Divino Creador, inspirando sublimemente a la humanidad de este amado planeta, en el que el gran cambio ya ha comenzado a ser una realidad.
Mas así como niño el hombre del nuevo tiempo es anciano, pues lleva en él la experiencia de miles de años, la cual le ha servido para dejar atrás toda apariencia y, así, cristalino y con los pies descalzos, y tan sólo acompañado del profundo y verdadero amor, así como de la experiencia de este tiempo, se dispone a vivir aquello que ha sido destinado para él: la luz, la cual ha aprendido a manejar en sus múltiples manifestaciones, procurando en cada momento un efecto multiplicador de armonía, de equilibrio, así como de profundo y verdadero amor.
El hombre del nuevo tiempo ha aprendido que su mente es la gran herramienta que le permite focalizar la energía superior. Por tanto es él conciencia permanente de la luz que lleva dentro y de cómo ésta puede ser manifestada, regocijándose, así como en él, en el corazón de todos los hombres.
La luz del nuevo tiempo será, en su paz reinante, el símbolo de que el nuevo hombre ha comulgado con su Yo Superior, permitiendo que el sabio anciano manifieste con sublime perfección lo encontrado en su corazón. La luz del nuevo tiempo habrá apaciguado la furia de los elementos que, entregados al regazo de paz y armonía universal, habrán dado la lección de vida al hombre actual, quien forjado en la experiencia de miles de años, habrá aquietado su espíritu, permitiendo que lo que en él yace, exprese su perfección.
Así pues, esta luz habrá finalmente restablecido el equilibrio de Dubarín y Ená, así como de Atalot e Inimón. La luz habrá tomado una nueva forma en el hombre, pues su materia física ya no será la de antes, su ciclo vibracional habrá encontrado un nuevo centro motor en el corazón y ya no en la materia, haciendo del sentimiento puro su más grande ideal que, materializado en el amor, se manifestará en un mundo de armonía, donde hasta el silencioso correr del aire será cántico de alabanza a Dios.
La luz del nuevo tiempo será ciencia para el estudioso, guía del aprendiz, camino del buscador y puerto seguro del navegante. Finalmente, el hombre del nuevo tiempo habrá comprendido que así como él, todo yace en el regazo de la Eterna y Viviente Luz Interior. Así, la luz del nuevo tiempo será el medio y la meta en el hombre, pues como medio manifestará las opciones de cambio y como meta se realizará en ella.
Sólo la luz prevalecerá en pensamiento, en sentimiento y en acción, y así será, pues está escrito y dicho que el Reino de los Cielos regirá en el Nuevo Tiempo, donde los límites habrán desaparecido y las barreras serán recuerdo del pasado, pues las posibilidades habrán abierto fronteras ilimitadas que le permitirán alcanzar su verdadera esencia y procedencia Solar.
El hombre del nuevo tiempo, renacido en la luz de su corazón, habrá aprendido a saciar su apetito en conocimiento de causa y efecto, lo que le conducirá a reconocer al Cristo que en él mora y que, fundido como uno solo, habrá despertado en su verdadera procedencia cósmica, brillando como una nueva estrella en el firmamento.
El hombre del nuevo tiempo aprenderá a ver con ojos de ver y a sentir y escuchar al Profundo Amor en su corazón, pues es ahí que encontrará las verdades más grandes, los logros más maravillosos y donde los límites habrán desaparecido, las facultades despertado y el niño encontrado, el niño luz Cristo que mora en el corazón de cada hombre, esperando ser descubierto para crecer y llegar a la madurez del anciano ser, que con la luz de su propio ejemplo abre camino, siembra luz y cosecha virtudes.
Éste es el símbolo del hombre del nuevo tiempo, ésta es la base del principio del Bredam: lo limitado es ilimitado en los medios del amor. Lo subjetivo es objetivo en la luz del conocimiento, que en práctica de vida se convierte en sabiduría. El principio es el fin, nada comienza ni nada termina sin que obre de por medio el amor, y lo más cercano al amor que encontráis sois vosotros mismos.

“RAHMA ES AMAR, DIOS ES AMOR, CRISTO ES EL SEÑOR
Y LA MISIÓN ES POR LA HUMANIDAD”