lunes, 28 de septiembre de 2009

EL MENSAJE DEL GOBI


El contacto, el camino y el “Octavo de Consciencia”
¿En qué momento estamos? ¿Cómo nos sentimos? ¿Ha madurado nuestra visión del
contacto? ¿Estamos realmente unidos? ¿Qué cosas podrían estar cambiando?
Fue en agosto de 2007, pero parece que hubiese sido ayer. Por primera vez en el desarrollo
de nuestra experiencia de contacto habíamos logrado conectar aquel punto importante del
desierto de Gobi en Mongolia. Un lugar lleno de leyendas y magia en donde, de acuerdo a
las informaciones que manejamos, se produjo el arribo de 32 maestros cósmicos. O, como
reza la creencia budista, de los “Señores de la Llama”, los guardianes de luz de la
humanidad. Como fuere, esa energía sobrenatural que se atribuye al Gobi y a sus
mensajeros invisibles ha resistido el paso del tiempo, conservando su pureza a diferencia de
otros puntos de Asia. Esa energía fue un regalo para todos nosotros. Por alguna razón se
nos había encargado ir a aquel lejano enclave. La experiencia que significó tremendo viaje
quedó resumida en el informe “Los Ojos de Shambhala”, un pequeño libro que se
distribuyó libremente a través de la red para que llegue a todos los caminantes de la luz. En
el caso de nuestra experiencia de contacto, interesó sobremanera todo lo concerniente a esa
“Octava Etapa” que mencionaban una y otra vez los mensajes, un momento especial que
estábamos iniciando para una transformación ulterior. Pero, ¿qué era exactamente?
¿Cuándo ingresamos a ese momento?
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Pienso que la respuesta a ello es absolutamente personal. Desde luego, hay que vivirlo para
comprender la profundidad de su mensaje. No obstante, semanas atrás, en Argentina, los
grupos de Buenos Aires tuvimos una linda reunión para tratar este tema. Cada uno
compartió su punto de vista desde su vivencia personal, y otros bajo el análisis de
experiencias concretas de contacto y comunicaciones recibidas. Fue por demás
enriquecedor. Y como lo hice en otras ocasiones en mis viajes de difusión, compartí mi
sensación sobre todo esto, cómo me sentía, cuál era mi visión autocrítica de nuestro camino
en el contacto y cómo podríamos mejorar. Narré detalles de la experiencia que afronté en la
expedición a Gobi y noté que los grupos sintonizaban con ella y su enseñanza. Una vez más
algunos amigos me sugirieron que escribiera todo ello, que podría ser importante para
otros.
Luego de una serie de sincronicidades y sucesos maravillosos en mi vida, he sentido desde
el corazón escribir estas líneas, que tiempo atrás venían planeando en mi mente pero no
terminaban de aterrizar. Mi intención no es definir qué es esa etapa. Obviamente, no podría.
Lo que me impulsa a compartir con ustedes estas reflexiones es una fuerza que se agita en
mi corazón y que me advierte que muchos están sintiendo o viviendo cosas que no siempre
se dicen o comentan abiertamente, y que podrían ser señal de un cambio necesario y
trascendental para todos y para todo. Por ello, es absolutamente posible que no exprese
nada nuevo, pues cada uno reconocerá aquel viento en su interior. El mensaje es que no
podemos dejar pasar esta gran oportunidad de crecimiento, que se basa en la
autoobservación, el diálogo, el compartir, y en las decisiones.
Para explicarlo mejor, debo volver a Mongolia, hacia ese inolvidable 8 de agosto de 2007.
La visión del desierto
Muchos conocen esta experiencia, pues la he relatado en algunas conferencias o reuniones
de grupo. Fue una intensa visión que experimenté al ingresar al área donde se encuentra la
puerta dimensional que Danzanrabja halló en el desierto 200 años atrás. Al igual que mis
compañeros, durante el trabajo personal en aquel lugar, vinieron a mí escenas intensas
sobre mi pasado. No eran visiones mentales, parecían haber surgido de la nada y las podía
“ver” con los ojos abiertos o cerrados. Daba lo mismo, sencillamente estaban allí y no sólo
las podía observar, sino también sentirlas y formar parte de ellas.
Lo primero que se me mostró no fue agradable, pues aquellas visiones me hicieron
reflexionar en mis errores, mis miedos, mis fantasmas, mis caídas. Incluso vi algunos
momentos de mi vida que había olvidado, tomando conciencia que en ciertos tramos de mi
camino pude haber hecho las cosas de mejor forma, o que podría haber evitado ciertos
momentos difíciles, o haber tomado mejores decisiones. Sentí cuán humano era.
Estuve a punto de abandonar la experiencia marchándome del lugar. Por un instante no me
sentí digno de estar allí, en un lugar tan sagrado y especial que evoca la mismísima
fundación de Shambhala y la esperanza de luz en el planeta. Sin embargo, algo en mi
interior me impulsó a no marcharme y permanecer allí. Entonces se sucedieron otras
visiones, pero estas parecían mostrar eventos que no habían sucedido.
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No sé cómo explicarlo, pero observé varias “ventanas”, con distintas escenas en donde me
hallaba viviendo diversidad de circunstancias en adelante. Eran como 12 o 13 situaciones
en las que me encontraba en el “futuro”. En un instante me absorbieron, y me hicieron parte
de ellas. No lo podía creer… ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué veía todo ello si aún no había
pasado? ¿Y por qué todas esas variables? ¿Por qué eran “múltiples”? ¿Qué significaba? Fue
impresionante esta parte de mi experiencia personal en Gobi, sobre todo porque estaba
“viviendo” existencias simultáneas con plena conciencia de lo que pensaba y sentía en cada
una de ellas. En un principio, juzgué algunas de estas escenas como “buenas” y otras como
“malas”. Pero luego, al estar en ellas, algo me pasó. No juzgué. Sólo empecé a sentir y
algo extraordinario empezó a ocurrir en mí.
—No te debe preocupar el pasado, porque ya sucedió de acuerdo a vuestra forma de
percibir el tiempo. Ahora ello se ha transformado en algo valioso: en experiencia
Una presencia me había inundado y me dijo esto con claridad. Era Emuriel, el ser que más
tarde me llevaría en estado de “proyección” hacia el interior de las montañas del Altai.
—Y las últimas escenas que viste, tal como sientes —prosiguió— tampoco son reales, solo
son variables en el tiempo que adquieren forma y energía como posibilidades.
—¿Qué es real entonces? —repliqué.
—Este momento, este instante es lo único real —respondió la voz—. Y de él pende tu
“pasado” y tu “futuro”.
A continuación experimenté una poderosa expansión de consciencia. Si bien es cierto en
estos años aprendí mucho sobre el aquí y el ahora, la intensidad de aquellas escenas habían
generado que “viviera” lo que conocía, pues fue como estar en todas esas situaciones en la
realidad cotidiana que afrontamos. Y debo decir que no sentí en aquellas visiones una
advertencia de que si hacía “mal” o hacía “bien” determinadas cosas en el presente algo
“malo” o algo “bueno” iba a suceder en el futuro. Sencillamente sentí no juzgar. Sólo
estaba percibiendo, como nunca antes, mi experiencia humana, lo maravillosa e importante
que era para mi evolución y para todo.
Luego se me dijo que parte de esa sensación de paz, de conexión conmigo mismo y el
Universo, sin hallarme preocupado por lo que fue o lo que podría ser, era la clave para
comprender la etapa ulterior de nuestra experiencia de contacto. Sentí que el Octavo de
Rahma era una suerte de “Salto al Vacío”, pero no con la acepción de ser algo temerario o
irresponsable, sino como un fluir sincero y verdaderamente espiritual. También se me dijo
que entraría en una etapa profunda de cuestionamiento, y que era trascendental para dar un
paso más allá en la compresión del proceso de contacto, las experiencias, la proyección del
mensaje y nuestro rol en él. Y ciertamente así ha sido. Hasta el día de hoy en que escribo
todo esto siento que las palabras me limitan para definir lo que significa dar ese salto. Pero
sé, como también se me advirtió, que quien estuviese experimentando todo esto lo
comprendería.
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Reflexionando la Misión
Todo este tiempo que ha transcurrido desde el viaje a Mongolia y las maravillosas
experiencias que tuvimos me ha servido para reflexionar en lo recibido. Personalmente, he
vivido grandes y poderosos cambios, incluso en mi conexión con los Guías, que se ha visto
más estrecha y familiar, acercándose a una “comunión” más que a un “contacto”. Quizá sea
parte de una preparación para comprender nuestra relación con ellos desde otro ángulo de
experiencia. Lo cierto es que desde Gobi me he concentrado en analizar y reflexionar lo que
me tocó vivir en estos intensos años de contacto. Y no sólo las experiencias, sino también
los mensajes, las enseñanzas, nuestros errores, los grandes pasos que dimos, en fin, las
pruebas y los logros.
Así, redescubrí una gran cantidad de información, técnicas y enseñanzas importantísimas
que los Guías nos habían transmitido a lo largo de todo el proceso de contacto y que no
siempre se difundieron o se profundizaron. Incluso, luego del viaje a Mongolia, empezó a
fluir en mí ciertos conocimientos vinculados a la canalización consciente de energías y el
trabajo con el campo unificado humano, todo ello relacionado con aspectos poco estudiados
sobre el secreto geométrico de la Estrella como emblema de muchas civilizaciones
extraterrestres, el Nombre Cósmico y la recepción de los Cristales de Cesio. Poco a poco
me fui entregando a investigar nuevamente los conocimientos que se nos revelaron, y
valoré como nunca su importancia y trascendencia. Releí los informes de experiencias y
viajes, de contactos y mensajes recibidos —sin hacer distinción sobre quién los escribió o
envió— tratando de ver desde otra perspectiva todo cuanto hemos venido alcanzando como
grupo. Y en realidad, es mucho lo que logramos. Sin embargo noté que uno de los grandes
problemas que hemos tenido es el fraccionamiento de la información. Y no me refiero a que
cada elemento que forma parte del contacto reciba una parte del “rompecabezas”, sino a la
importancia de trabajar juntos para “armarlo”, puesto que nadie tiene el tablero que
dictamine las reglas del juego. El fraccionamiento de información puede deberse a una
deficiente comunicación entre nosotros para compartir lo recibido y estudiarlo en grupo.
La información es importante, pero sólo como un puente para comprender ciertos
momentos de nuestra historia, el proceso del contacto y el trabajo en proyección al futuro.
Sin embargo hay que tener en cuenta que entender los mecanismos del Real Tiempo del
Universo, la ubicación exacta de los Discos Solares o en qué fecha realmente se hundió la
Atlántida no nos hará mejores personas. Lo que dispara nuestra evolución hacia el Universo
es el amor, en armonía con nuestra consciencia como criaturas inteligentes. Y ello implica
la observación atenta de uno mismo, aceptación, tolerancia y servicio. Todo lo demás son
herramientas externas.
Pienso que muchos hemos interpretado en algún momento que nuestra evolución espiritual
pendía sólo de nuestras meditaciones y ejercicios, de cuidar nuestra alimentación y llevar
una disciplina acorde a los conocimientos recibidos, pero muchas veces descuidamos la
parte “humana”, y creo que allí podría estar la clave para acercarnos los unos a los otros.
He visto, por ejemplo, cómo nos hemos dado abrazos llenos de entusiasmo en los
encuentros internacionales, y cómo días después estábamos distanciados o hablando mal
unos de otros. Cómo borrábamos un informe o mensaje de nuestra casilla de correo sin
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abrirlo, sólo porque no nos sintonizábamos con la persona que lo envió y, por otra parte, al
identificarnos con la forma de trabajar de otro grupo o persona, caíamos en la tan peligrosa
“visión de túnel”, que no nos deja ver el esfuerzo y el trabajo de todos los demás. También,
he visto, sorprendido, cómo se sugiere no ir a determinada actividad de algún grupo o
persona porque se considera que lo que están haciendo, no es la “línea de la Misión”. Si una
experiencia nos resultaba muy distinta a lo que conocíamos, sencillamente, cuestionábamos
desmedidamente su aporte. Yo mismo he caído en este error al juzgar apresuradamente
otras experiencias. Pudo haber ocurrido, sencillamente, porque no las entendía, o porque
había vivido el contacto de forma diferente, o porque veía todo el proceso desde mi óptica y
experiencia y así lo interpretaba. Pero lo peor era si alguien se identificaba conmigo y mi
forma de ver las cosas, pues, casi sin darse cuenta, “adoptaba” mi pensamiento por la razón
que fuere y así un grupo grande de personas terminaba tomando alguna postura. Cuando me
di cuenta de ello he procurado ser más respetuoso y abierto con todos. Creo que mucho de
todo esto lo hemos vivido, y aunque suene contradictorio, lo veo como una gran
oportunidad de crecimiento.
Siento fuertemente que debemos dar un paso y evaluar las cosas desde otra perspectiva.
Como por ejemplo, no medir el éxito de los encuentros por la convocatoria o las
experiencias, que muchas veces —también debo decirlo— se terminan forzando porque
algunos sienten que es asunto obligado cruzar un Xendra o tener iniciaciones en nuestras
salidas. ¿Cuántas veces se creyó haber vivido algo que nunca sucedió y que sólo obedecía a
nuestros deseos? ¿Cuántas veces pusimos las experiencias por encima del trabajo humano
que es en realidad la parte medular del programa de contacto? Siento que deberíamos
evaluar la trascendencia de nuestros esfuerzos por la unidad y trabajo en equipo, así no
estemos todos reunidos físicamente en un mismo lugar, pero si en energía e intenciones
positivas. He allí el camino. Es verdad que siempre existirán grupos de trabajo por afinidad
y sintonía. También es cierta la importancia de corroborar la cercanía de los Guías
extraterrestres en cada esfuerzo nuestro, y el hecho de ser objetivos con toda la información
que llega y circula. Pero voy más allá de ello.
Sé que quienes leen ahora estas líneas han reflexionado en todo esto en algún momento.
Sonará fuerte decirlo, pero hay mucha gente comprometida con el mensaje del contacto que
por esas y otras razones se ha alejado de los grupos. Algunos volviendo al “mundo”, y otros
integrándose a diferentes enseñanzas que llenen su vacío o expectativas. Desde luego, no
podría juzgar esas situaciones, puesto que cada uno tiene su proceso y muchas veces es
parte de su aprendizaje y crecimiento. Como me enseñara mucho tiempo atrás Willy López
Paz Vergara: “La Misión es como una Universidad”. El punto se halla en que al margen de
cuál sea nuestro camino, o si el contacto extraterrestre fue solo un “lugar de paso” para
llevarnos a otro lugar, deberíamos estar trabajando todos en mayor sintonía. Muchos
sienten que debemos afinar aún más nuestro trabajo y la preparación, y no porque se
acerque el año 2012 —ya lo he dicho muchas veces, no se puede trabajar en expectativa por
una fecha, sino porque uno siente el impulso genuino de cambiar—, sino porque sabemos y
sentimos que debe ser así.
En estos 16 años que llevo en los grupos de contacto nunca antes había visto una
oportunidad tan inmejorable para replantear las cosas y aprovechar la coyuntura de dar un
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verdadero “salto cuántico” en el proceso de contacto y en nuestro trabajo personal. ¿Es éste
el Octavo de Consciencia del cual hablaban los extraterrestres? ¿Tiene que ver con el “aquí
y el ahora” que incorporé poderosamente en la experiencia del Gobi? Algo me dice
internamente que sí, y que no debemos pasar por alto esta puerta que se abre.
Las Etapas y los Objetivos
Es importante recordarlo nuevamente para comprender el momento en el cual estamos. De
acuerdo a los Guías, nuestra experiencia de contacto posee siete fases de desarrollo. Las
cuatro primeras son de preparación, y las conocemos como “Aurón” o de llamado,
“Xendra” o experiencias de confrontación, “Lunar” o recepción de información y “Xolar” o
irradiación de lo aprendido. Las tres fases restantes serían de “culminación de objetivos”,
un momento que ha coincidido con importantes viajes de acercamiento con la Hermandad
Blanca y el conocimiento que protegen. En síntesis, ese es proceso. ¿Y cuáles son los
objetivos? De acuerdo a diversos mensajes y experiencias se suele explicar en cinco puntos
los alcances del contacto extraterrestre: Primordialmente, se habla de “Comunidades de
Base”, la necesidad de crear grupos de irradiación o focos de energía positiva en donde
varios componentes puedan alcanzar el concepto de “aldea de luz” o “masa crítica”,
afectando positivamente los acontecimientos a escala mundial. Esta sugerencia de los
extraterrestres ha sido ampliamente corroborada por recientes estudios científicos, y de
acuerdo a los mensajes debería empezar en nosotros para luego proyectarlo a los demás.
Por esta razón nuestros grupos de trabajo y, fundamentalmente, la familia, son los
principales laboratorios de aprendizaje para medir cuán preparados estamos para cumplir
con esta premisa. El “Despertar de Conciencia”, el segundo punto, señala la difusión del
mensaje, pero va más allá de las conferencias y la publicación de libros, desde luego.
Involucra un trabajo integral que pueda “activar” a los demás. “La Preparación para la
Catastro de Fe”, que se halla conectada a la proyección del mensaje, señala
específicamente prepararnos y preparar a otros para los tiempos que vienen, que como
sabemos no necesariamente conlleva a un supuesto “fin del mundo” o destrucción global,
pero sí hacia una importantísima transformación precedida por varios cambios planetarios a
todo nivel. De hecho, esto ya está pasando. Los dos puntos restantes, serían como los más
“específicos” dentro del proceso. Por un lado, “El contacto con la Hermandad Blanca”, o si
nos basamos en los primeros mensajes, el encuentro entre “Los Hombres del Tiempo y los
Guardianes del Templo”. Estas experiencias se han venido profundizando estos últimos
años, permitiendo conocer más sobre los intraterrestres y los Retiros Interiores. De todo
esto se desprende la “Recepción del Libro de los de las Vestiduras Blancas”, que no es otra
cosa más que el archivo cósmico de la Tierra y la misión del ser humano. Hoy entendemos
que no se trata de recibir planchas físicas o cualquier elemento material que contenga esa
información, sino que aquel conocimiento se derrame y fluya a toda la humanidad como
parte de un masivo despertar de consciencia. Si el conocimiento no puede aplicarse en la
vida humana, es vacío y estéril. Por ello este objetivo es más profundo que el simple hecho
de recibir “datos” sobre la historia desconocida del hombre y el planeta. Procura en realidad
entregarnos herramientas de comprensión para edificar una nueva generación humana
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acorde al diseño inteligente del Universo, en donde todas las criaturas deben vivir en paz y
armonía.
Estos son los objetivos del programa de contacto. Sin duda siempre es bueno recordarlos y
analizar el momento actual para hacernos estas preguntas: ¿En qué situación nos hallamos
ahora? ¿Dentro de nuestro proceso personal en cuál fase nos encontramos? Y si las fases
son siete, como vimos, ¿en dónde entra el “Octavo de Consciencia”? Sencillamente, no
entra, pues no es una etapa más, es tan sólo un momento “invisible”, una “fase simbólica”
que habla de ir “más allá”. Es como un elemento sutil que envuelve todo el proceso. Es la
octava superior, como en la música, que marca un tránsito a otra frecuencia. Esa otra
frecuencia se basa en el “aquí y ahora” y en nuestra experiencia humana para aplicar todo
cuanto hemos aprendido. Es como adquirir un estado distinto, que sin duda puede ser
anunciado por diversos cambios personales y espirituales. Al parecer, esa fase invisible es
la que da forma a todo el contexto de preparación. Es el “espíritu” que abraza todo cuanto
hicimos y nos invita a una reflexión sin precedentes de cada paso. Cuando se habla de estar
viviendo el “Octavo de Consciencia” se habla de un cambio de mentalidad. De una visión
más profunda de todo. De romper esquemas y ser libres y genuinos. De transitar el camino
siendo ahora el camino.
Estos conceptos son difíciles de digerir mentalmente, pero se sienten. Y he allí la clave.
A veces, al enfocar nuestra mente en las etapas, las metas y objetivos, en pensar en lo que
viene y qué es lo que debemos hacer dentro del contacto, nuestro orden mental podría
hacernos perder el espíritu del “aquí y ahora”. ¿Qué tan espontáneos y naturales nos
estamos desenvolviendo? ¿Qué tan libres de esquemas y paradigmas? ¿Qué tan lejos de
dependencias y apegos?
Ese es el cambio que se espera.
Ese sería el “Octavo de Consciencia”.
Estar Unidos en Mente y Propósito
Cuando uno comprende desde el corazón todo esto, las cosas se deberían tornar más
simples y sencillas. En la práctica es difícil, pues humanos somos y nuestra forma de
pensar, de ver y sentir la Misión no siempre será la misma. Sin embargo, como nos
enseñaron los Guías, no se trata de que todos pensemos igual, pero sí de vibrar juntos. En
muchas ocasiones allí está el problema, pues vibrar juntos va más allá de las reuniones,
encuentros o salidas. Involucra en realidad un verdadero “cuerpo místico” que nos una e
integre a todos en mente y propósito. No debemos perder esto. Para lograrlo deberíamos
deponer diferencias, posturas y paradigmas. Abrirnos desde el corazón.
Cuando volví de Gobi una serie de imágenes quedaron en mi mente, vinculadas a
momentos por demás intensos y especiales para nosotros y el planeta. La fecha “2010” se
me ha repetido una y otra vez como el instante en que las cosas serán más evidentes dentro
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de todo el proceso de cambio del que se nos advirtió. Por ello hoy no me sorprende que los
extraterrestres sigan estimulando nuestro trabajo, apoyando salidas y encuentros como los
que se vivirán este año en España, Bolivia y Uruguay, viajes como el de Roraima, también
para agosto de este año, y futuros compromisos que nos podrían conducir nuevamente a
Paititi y la Cueva de los Tayos. Es parte del proceso. No es que los viajes y las salidas sean
siempre “lo mismo”. El problema no son los viajes y la salidas, el problema siempre fuimos
nosotros, porque no estuvimos a la altura de determinados acontecimientos, porque
participamos llenos de expectativas, porque comparábamos nuestros viajes o salidas con
otros para ver cuál fue “mejor”, más exitoso, o el que más experiencias de contacto registró.
Sé que podría resultar incómodo analizar esto. Pero es maduro y responsable reflexionar en
los errores que cometimos para no perder el hilo a un proceso que está vibrando en un
momento especial, en una oportunidad maravillosa para seguir creciendo. Todos los grupos
espirituales están teniendo “sacudidas” de todo tipo. Puedo afirmar esto sin temor a
equivocarme. Como que los momentos son parte de una transformación en donde el ego y
el miedo deben ir perdiendo peso para que el amor, la libertad y la verdad fluyan en
nuestras vidas y nos conviertan en algo maravilloso. No hay que inquietarse, pues, cuando
se mencionan los bemoles de nuestro camino, sino cuando hacemos caso omiso de ellos y
siguen escondidos afectando el caminar de uno y de todos. Es importante desarrollar una
visión autocrítica de todo cuanto hacemos, pues estamos viviendo tiempos realmente
extraordinarios y por consecuencia ello requiere también un cambio extraordinario en cada
uno.
Estas líneas, que he escrito desde el corazón, espero que sean un llamado para que todos los
Soles en la Tierra empecemos a vibrar como nunca antes en armonía, amor y consciencia,
escribiendo todos juntos una nueva etapa en el contacto. Y cuando hablo de contacto,
sintonizo con aquel famoso mensaje de los Guías: “Al final, comprenderán que el contacto
no era con nosotros, sino con ustedes mismos”.
Un abrazo en la luz a todos, y que la energía del “Octavo de Consciencia” nos haga vibrar
en amor a todos. No estamos solos, y se nos necesita…
Ricardo González