lunes, 23 de agosto de 2010

La alimentación en la nueva energía y los niños espirituales.





Estamos en un momento de gran cambio energético y espiritual en todos los niveles. Y esto es algo que fácilmente se puede ver enlos nuevos niños espirituales. Estos niños tienen características especiales que nos superan con creces a los adultos: son sensitivos, psíquicos, altamente amorosos, espirituales, inteligentes…
En muchas ocasiones los padres de estos niños se preguntan en qué forma pueden ayudarles para potenciar estos atributos que tienen o no bloquearlos. Una de las variables más importantes en la educación y crianza de niños espirituales es la alimentación y la educación para una nutrición adecuada.
Existe mucha información sobre nutrición, muchas veces la información está basada en información vieja, a veces basada en fuentes científicas, pero la mayoría de las veces en fuentes con intereses comerciales. Esta información final suele carecer de la visión espiritual, al estar basada sólo en principios 3D. Es importante comer con consciencia, escuchando nuestra sabiduría interna y sabiendo lo que comemos, no solo a nivel de estructuras materiales tridimensionales (proteínas, vitaminas, lípidos), sino también a niveles que la ciencia no puede contemplar. Y me estoy refiriendo a energías sutiles, a niveles de la 4D o superiores.
Entramos en una etapa en la que la mayor parte del alimento va a estar muy contaminado, de muy sutiles maneras. La mayoría de las personas no somos capaces de discriminar entre comida envenenada, o comida limpia. La envenenada no tiene porqué sentirse mal, sino a muy largo plazo, es un envenenamiento sutil, que afecta incluso a nuestros genes. Un niño espiritual, bien educado en la conciencia del alimento es capaz de sentir rechazo automático por estos alimentos contaminados.
La mayor parte de los alimentos más contaminados, química y energéticamente son de origen animal. Estos alimentos son muy fáciles de ensuciarse, y actualmente es difícil en esta civilización moderna conseguir una carne de buena calidad energética y químicamente hablando.
Niños vegetarianos
Por lo dicho anteriormente, la ingesta de carnes debe de evitarse en todo lo posible en niños espirituales. Las carnes (por supuesto incluyendo el pollo) provienen de animales con un cuerpo emocional muy fuerte.
Cuando el animal es matado, el cuerpo emocional recibe el impacto emocional del miedo y el susto de la muerte violenta. Este impacto se mantiene unido a la carne hasta que ésta se deshace. Esto significa que todo producto cárnico mantiene las emociones del animal mientras éste era matado, y también las emociones de su cautiverio. Hasta el punto de que un niño espiritual, cuando toma la carne, puede perfectamente revivir la muerte del animal e incluso relatar cómo fue esta muerte.
Pero no sólo en las carnes ocurre esto, sino que en algunos pescados, como el atún y el salmón, porque también tienen cuerpo emocional y reviven muy fuertemente los impactos emocionales.
Nosotros somos lo que comemos. Cuando tomamos restos de un animal que ha muerto, también somos esa muerte, la revivimos y la sentimos. El cuerpo emocional de aquel animal se une al nuestro y esta unión es tan fuerte que consigue que aquellos niños que nacen sin miedo, aprendan el temor, el susto e incluso la ansiedad que se vive ante la muerte, o el miedo al cautiverio.
Cuando un niño espiritual toma alimentos cárnicos, realmente su vibración está descendiendo a prácticamente 1/3 de todo su potencial. Su aura decrece y los colores de su aura se van ensuciando poco a poco, quedando con tonos grisáceos, oscuros en algunas zonas. La pérdida de contacto con ciertas realidades, al no ser capaces estos niños de evitar esta tendencia por imposición social, hace que la conciencia del niño se vea oscurecida, perdiéndose parte de sus potenciales, que quizás algún día pueda recuperar cuando tome conciencia de la “trampa” a la que ha estado sometida desde su infancia.
Falsos mitos
Escucho en muchas ocasiones que “a los niños les encanta la carne”, y realmente es así, pero se refiere a esos niños que han sido acostumbrados desde la más temprana edad a tomar carne casi cada día. Por ejemplo, empezando ya desde muy tierna infancia con papillas que ya contienen carnes o pescados. Al acostumbrarse los niños tan pronto a esta emoción de la muerte del animal y a estas visiones, su mente acaba marginando esta experiencia y niegan (al igual que un adulto) que esto pueda ocurrir y se centran, tal y como les enseñan, en el “sabor”. Así los niños son acostumbrados desde muy pequeños a los sabores fuertes, a los azúcares, a los productos muy salados, y olvidan la esencia de la alimentación, que es la nutrición.
La fuerte presión social es la responsable de esta “resignación” de los niños, que acaban adaptándose muchas veces porque necesitan del afecto y el cariño de sus familiares, y más adelante, en la adolescencia, de sus amistades.
Carnes y parásitos etéricos
Pero eso no es todo: cuando los alimentos cárnicos han sido preparados con mezcla de varios animales, el resultado puede ser muy negativo. Al triturar la carne también se tritura el cuerpo emocional y etérico, y al mezclarlo con otros animales se está mezclando una “masa” etérica y emocional de vibraciones muy bajas, vibraciones enteras de muerte, miedo, desesperación… A esta masa se adhieren de forma natural pequeñas entidades o parásitos que se alimentan de bajas pasiones o de cuerpos emocionales muy enfermos.
Esto hace que cuando una persona se alimente de estos productos, hablamos de salchichas, hamburguesas, ciertos embutidos… esté alimentándose también de estas pequeñas entidades que lo que van a hacer, poco a poco, es debilitar los cuerpos sutiles energéticos de la persona. En caso de que sea un niño quien esté ingiriendo estos productos, se acelera este debilitamiento pues sus cuerpos sutiles son más pequeños. Así, en solo unos días se puede ver cómo el cuerpo emocional de un niño que se ha alimentado de hamburguesas, se empobrezca y se dañe en gran parte, y no se forme adecuadamente.
También decir que el cuerpo energético de un niño no está preparado para la adecuada asimilación de carnes hasta los 2 años de edad. Esto significa que cuando un niño menor de 2 años come carne, está bloqueando el crecimiento normal de su cuerpo emocional, mental y etérico.
El nuevo ADN y la alimentación
El sistema de alimentación actual es de muy vieja energía, y no permite un verdadero desarrollo ni crecimiento interior. Este sistema está basado en el sufrimiento, en las bajas vibraciones, y en la gula. Se trata de apaciguar un instinto de supervivencia como es el hambre, llenando el estómago de forma desmesurada, porque hablamos de un hambre feroz, animalesca, debido a nuestra parte ADN de animal que aún conservamos, pero que tiende a desaparecer en los nuevos niños.
Genéticamente, en la vieja energía estábamos codificados para necesitar alimentos animales y desearlos. Este tipo de malformación genética ha hecho que durante muchos siglos las personas continúen estancadas en esta vieja vibración. En la nueva energía, y más en los niños configurados con un nuevo ADN bastante más limpio, no existe lo carnívoro, ni entre los humanos ni en la naturaleza. Todo esto tiende a desaparecer, los niños ya vienen con un sistema genético preparado que en muchas ocasiones les permitirá incluso sobrevivir sin alimentos físicos, nutriéndose de energía solar o pránica.
Aquellas personas que están en un proceso de despertar son conscientes de la necesidad de comer con conciencia, de dejar la alimentación cárnica y la gula a un lado, de pasar a un nivel de nutrición superior para continuar en su proceso de ascensión. Sabiendo esto, ¿por qué vamos a seguir alimentando a los niños con algo que sabemos que no es adecuado ni para ellos ni para el planeta?
Conclusiones
A nivel energético, la ingesta de productos cárnicos elaborados (la mayoría de los actuales son así) es extremadamente dañina. Los niños, además, se acostumbran a esta densidad de emociones y a mantener un cuerpo etérico desgastado y acaban por olvidar el verdadero sentimiento de rechazo que estos productos les producen de forma natural.
Cuando la ingesta de carne ya es habitual en un niño, éste puede incluso perder gran parte del contacto con los seres vivos, con los devas de la naturaleza y lo más sorprendente, puede aprender el miedo y la muerte como algo propio.
No debemos permitir que los nuevos niños espirituales se contaminen con estas bajas vibraciones. Respetemos el deseo de muchos niños que prefieren no comer carne, a los que muchas veces se les obliga a “convertirse” a esa línea de alimentación.
Altaïr García