lunes, 16 de enero de 2012

El Descenso del Alma a este Mundo



Por: Rabino Shalom Arush

Mientras el alma, que es una pequeña chispa del Creador Mismo, estaba en su lugar de origen, en los intangibles mundos superiores de pura espiritualidad, observaba la Luz Divina…

La Virtud de la Fe

La virtud de la fe es tan grande que desafía toda definición. La fe es la raíz y el fundamento del trabajo del hombren este mundo. Por eso, cada uno debe examinar su fe y reforzarla, pues gracias a su perfección, se logran adquirir todas las buenas cualidades. De hecho, la fe es la base que sostiene al mundo entero.
La fe es el canal de la abundancia y de todas las bendiciones, tanto materiales como espirituales. Como está escrito (Proverbios 28:20): “El hombre creyente está colmado de bendiciones” – es decir que quien tiene fe es capaz de atraer toda la abundancia y bendición.
La fe es una fuerza espiritual muy poderosa. Mediante una fe verdaderamente cándida y privada de sofisticaciones, se puede alcanzar la verdadera voluntad, que se manifiesta en los anhelos de acercarse al Creador y cumplir Su Voluntad de todo corazón.
La fe es el fundamento y la raíz de la santidad. El hombre que logra poseerla, logra separarse de sus apetitos físicos y alcanzar la santidad.
La fe conduce a la paciencia, a todas las buenas cualidades y desarraiga los malos rasgos. El hombre que posee una fe completa, tiene la creencia que todo lo que le llega proviene de la Supervisión Divina, y que todo es para su bien. Esto es lo que le da la fuerza para ser paciente frente a todos los obstáculos y las confusiones, sin inquietarse por ellos.
Todavía más está escrito en el “Libro de los Atributos” en el tema “Fe”: “Por medio de la fe el hombre es bendecido; Por medio de la fe el hombre se vuelve más sabio; La fe da al hombre unaperspicacia y conciencia espiritual más elevada, permitiéndole entender más fácilmente los acontecimientos de su alrededor.

La falta de fe es un exilio espiritual, por lo tanto, por medio de la perfección de la fe llegará la redención del mundo.

El descenso del alma a este mundo

Mientras el alma, que es una pequeña chispa del Creador Mismo, estaba en su lugar de origen, en los intangibles mundos superiores de pura espiritualidad, observaba la Luz Divina y gozaba de Su presencia. A primera vista, no existe una proximidad al Todopoderoso más grande que esta. Pero en realidad, estaba alejada del Creador, ya que no Le conocía. El alma sólo sabía de Su maravillosa Luz, pero, ¿Quién es este poderoso Iluminador?, ¿cuáles son Sus atributos, Sus formas de conducta, Sus acciones, Sus fuerzas y Su Voluntad? Esto no lo sabía..

Podemos ilustrarlo con una parábola. Si se encontrara delante de nosotros un hombre lleno de encanto, belleza y gloria, por cierto querríamos saber quién es esta persona tan especial, hablarle, conocerle, tanto a él como a sus acciones. No nos contentaríamos con estar frente a él, aunque gozáramos de su presencia.

Así  también  el  alma  quería  conocer  al  Creador  pero, quedándose en su lugar de origen, no lo podría realizar, pues en el Cielo no existe la Mala Inclinación, ni dificultades ni pruebas, sino que todo está allí iluminado con una maravillosa Luz. En el Cielo el alma no necesita la ayuda ni la Compasión del Creador, ni Su paciencia, ni que la acerque a Él y que reciba su arrepentimiento, porque Sus atributos son revelados sólo a los que viven en este bajo mundo, con todas sus tribulaciones. Por lo tanto, el alma no podría conocer al Creador, quedándose en su lugar original.

Y como explica el Zohar, La finalidad del Creador del Universo en la Creación fue revelar Su Compasión. Y si no existiera la creación del mundo, ¿a quién podría pues mostrarla?

Por eso, conocer la eterna e infinita Compasión del Creador, es posible sólo en este mundo material, donde la Compasión Divina es necesaria en cada instante. Y por eso el alma descendió a este mundo – para realizar la finalidad de la Creación y conocerlo a Él.

¡Encantada de conocerte!

Con el fin de ilustrar lo que precede, contaremos esta historia rica en enseñanzas:

Cierta vez, un alumno del primer discípulo del gran Justo de Breslev, se quejó diciéndole: “Qué lastima que no tuve también el privilegio de conocer profundamente al gran Justo personalmente...”.

El  maestro  le  replicó  severamente:  “Y  quién piensas  que  tenía  el  mérito  de  conocerlo?  ¿El Sr. Frunik?”.

Conviene explicar que Sr. Frunik era un simple barquero. Todo el día, llevaba a la gente de un lado del río a la otra orilla, cercana a la ciudad de Breslev. A menudo tenía la ocasión de transportar al gran Justo, y se jactaba de eso diciendo: “Ooooh, yo solía pasar mucho de mi tiempo con el Gran Maestro – ¡Yo lo conocí muy bien!”.

Lo que el primer discípulo del gran maestro quería explicarle a su propio discípulo era que la proximidad física no tiene ningún sentido. Lo esencial del conocimiento del maestro no se limita a una simple mirada, sino que engloba un hondo conocimiento de sus concepciones, de aprender y practicar sus enseñanzas. Le explicó que aunque alguien nunca hubiera visto al Justo, por medio del estudio de sus libros y el cumplimiento de sus consejos, lo podría conocer verdaderamente.

En efecto, este barquero no sólo había visto, sino que también había tocado al Justo varias veces, asistiéndole en el barco. Pero, prácticamente hablando, estaba tan lejos de él como el norte del sur, porque no conocía verdaderamente a quien estaba a su lado. Sólo quien conoce al Justo en el  plano  espiritual,  su  sabiduría,  sus  enseñanzas,  sus obras, su capacidad y sus consejos, sólo él puede afirmar conocerle verdaderamente.

El mismo principio se aplica al conocimiento del Creador: el alma en los mundos superiores se contentaba de la Luz Divina, sin verdaderamente conocer al Creador. Esto se parece al barquero que se jactaba de conocer al Justo, cuando en realidad, no conocía nada más que el color de su barba.

En cambio, después del envío del alma a este mundo, donde el hombre necesita la ayuda constante del Creador en todos los acontecimientos y las pruebas que sufre durante su vida y a cada instante, ella puede realmente acercarse a Él y decirle: “¡Encantada de conocerte!”.